Consecuencias económicas de la guerra en Medio Oriente

Irán pone condiciones para dialogar con Estados Unidos en medio de la inestabilidad por el conflicto en Medio Oriente

MERCADOS INTERNACIONALES

El conflicto en Medio Oriente podría provocar un impacto en cadena sobre la economía global, incluso si se mantiene el frágil alto el fuego anunciado recientemente, advirtió el presidente del Banco Mundial, Ajay Banga, en entrevista con Reuters. Señaló que las consecuencias serían mucho más severas en caso de una escalada del conflicto.

De acuerdo con el organismo, en un escenario donde la guerra termine en el corto plazo, el crecimiento económico mundial podría desacelerarse entre 0.2 y 0.3 puntos porcentuales, con efectos más marcados en economías emergentes.

  • En cuanto a la inflación, se prevé un aumento de hasta tres puntos porcentuales, mientras que, si el conflicto se prolonga, el impacto adicional podría alcanzar hasta 0.9 puntos más.

La guerra, que ha dejado miles de víctimas en la región, ha generado un alza de hasta 50% en los precios del petróleo, además de afectar el suministro de recursos clave como gas, fertilizantes, helio y el transporte aéreo, lo que presiona aún más a los mercados internacionales.

Aunque se anunció una tregua de dos semanas impulsada por Donald Trump, la situación sigue siendo inestable ante los continuos enfrentamientos entre Israel e Irán.

Por su parte, Irán ha condicionado la continuidad del diálogo con Estados Unidos —previsto en Pakistán— a la liberación de sus activos congelados y a un cese al fuego en Líbano. Mientras tanto, Washington ha reforzado sus preparativos militares ante un posible fracaso de las negociaciones.

Banga subrayó que la evolución del conflicto será clave para la economía global, especialmente si se logra una paz duradera que permita reabrir rutas estratégicas como el estrecho de Ormuz. De lo contrario, advirtió, podrían registrarse daños más profundos y prolongados en la infraestructura energética.

Ante este panorama, el Banco Mundial mantiene conversaciones con países en desarrollo, particularmente aquellos sin recursos energéticos propios, para facilitar acceso a fondos de emergencia y mitigar los efectos de la crisis.