¿Qué pasó con el cerebro de Albert Einstein después de su muerte?

El autor de la Teoría de la Relatividad General falleció víctima de una hemorragia interna

Albert Einstein, uno de los científicos más importantes y conocidos del mundo murió el 18 de abril de 1955 a la edad de 76 años. Un experto de la UNAM explica ¿de qué murió el famoso físico alemán?

El autor de la Teoría de la Relatividad General falleció víctima de una hemorragia interna, provocada por la ruptura de un aneurisma aórtico abdominal, asegura Erich Carlos Velasco Ortega de la Facultad de Medicina de la UNAM.

De acuerdo con Velasco Ortega, un aneurisma sucede cuando los vasos sanguíneos pierden fuerza en sus paredes y, con el flujo de la sangre se ensanchan cada vez más. La aorta, por otro lado, es una arteria y uno de los vasos sanguíneos más importantes, normalmente mide de 1.8 a 2 centímetros, pero en un aneurisma se extiende a más de 3 centímetros.


  • La aorta nace en el corazón, recorre el tórax y abdomen.

El académico explica que cuando se presenta un aneurisma aórtico, no se presentan síntomas, por lo que quien lo padece  puede no enterarse hasta que se lo detecta un médico durante una exploración física o mediante una radiografía, un ultrasonido o una tomografía.

“Quiero irme cuando quiero. Es de mal gusto prolongar artificialmente la vida. He hecho mi parte, es hora de irse. Yo lo haré con elegancia”, dijo el científico, quien dos días después murió en el hospital de Princeton, dejando un legado que cambió al mundo.

Según el libro “Paseando con Mr. Albert: un viaje a través de EE.UU. con el cerebro de Einstein”, de Michael Paternini, el genio quiso tener un funeral modesto y eligió ser incinerado para evitar que su tumba se convirtiera en un lugar de veneración, sin embargo, una parte de él no fue incinerada: su cerebro.

El cerebro de Einstein no fue incinerado debido a que el patólogo Thomas Stoltz Harvey, quien realizó la autopsia, extrajo el órgano con el fin de conservarlo para que la ciencia del futuro pudiera descifrar la genialidad del científico.

Por ello, lo mantuvo oculto durante varias décadas, hasta que finalmente lo devolvió a los laboratorios de Princeton, cuando tenía más de 80 años.

En 1955, 1 hora y 30 minutos después de su muerte, el cerebro de Einstein fue extraído por el patólogo Thomas Stoltz Harvey, y donado a la ciencia. Harvey inyectó 10 % de formol a través de la arteria carótida interna, luego colocó el cerebro intacto en 10 % de formol; asimismo, lo fotografió en numerosos ángulos. A continuación, lo diseccionó en 240 bloques (cada uno de cerca de 10 cm³) y los encapsuló en probetas del plástico colodión. Se conserva en el Departamento de Anatomía de la Universidad de Kansas.

La neurocientífica Marian Diamond estudió muestras de distintas partes de este cerebro, y encontró que había un número significativamente mayor de células en la región parietal, comparado con los cerebros de 11 varones «normales».

Es posible que esa diferencia pudiera estar relacionada con una mayor capacidad de razonamiento matemático. Estas son regularidades e irregularidades evidentes en el cerebro de Albert Einstein que se han utilizado para apoyar varias ideas sobre correlaciones en neuroanatomía con la inteligencia matemática o general. Otros estudios han sugerido un número creciente de células gliales en el cerebro de Einstein.

En junio de 1999, investigadores de la Universidad McMaster de Ontario, Canadá, encontraron que el cerebro de Albert Einstein tenía algunas peculiaridades morfológicas que podrían haber influido en su gran capacidad de pensamiento espacial, matemático y demás

 

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