Influencia y legado de Akira Kurosawa en el mundo del cine

Las reflexiones de Kurosawa sobre la importancia de la paciencia y la disciplina en el proceso creativo

AKIRA KUROSAWA, HACE 33 AÑOS

El reconocido cineasta japonés, ganador de múltiples premios Oscar, reflexionó en una entrevista sobre la importancia de la escritura de guiones y la constancia creativa.

Akira Kurosawa no solo es considerado uno de los más grandes directores en la historia del cine japonés, sino también un autor universal cuya obra trascendió fronteras y permitió que el cine nipón llegara a audiencias de todo el mundo.

Gracias a su influencia, muchos cinéfilos descubrieron a figuras clave como Masaki Kobayashi, Yasujirō Ozu o Kenji Mizoguchi.

Su filmografía fue especialmente admirada por los realizadores del llamado Nuevo Hollywood de los años setenta. Cineastas como George Lucas encontraron en su trabajo una fuente de inspiración directa; de hecho, La fortaleza escondida (1958) sirvió como referencia para desarrollar la historia y estructura de Star Wars: Episodio IV – Una nueva esperanza (1977).

La huella de Kurosawa también se reflejó en colaboraciones con grandes nombres del cine occidental. Martin Scorsese participó como actor en Los sueños de Akira Kurosawa (1990), interpretando al pintor Vincent van Gogh, mientras que Steven Spielberg y Francis Ford Coppola apoyaron al director japonés para conseguir financiamiento en la etapa final de su carrera.

En Estados Unidos, su obra fue ampliamente reconocida por la Academia de Hollywood. Kurosawa recibió cuatro nominaciones al Oscar como Mejor Película Internacional.

Logrando el premio en dos ocasiones por Rashomon (1950) y Dersu Uzala (1975). Además, fue nominado como Mejor Director por Ran (1985) y recibió el Oscar honorífico en la 62ª edición de los premios, en reconocimiento a toda su trayectoria.

Uno de los pilares de su éxito fue su disciplina como guionista. En el documental Akira Kurosawa: My Life in Cinema (1993), dirigido por Nagisa Ôshima, el cineasta compartió su visión sobre la escritura:

Señalaba que escribir debía convertirse en un hábito diario, incluso cuando el proceso resultara pesado. Según él, avanzar poco a poco —dos o tres páginas al día— terminaba dando grandes resultados con el tiempo.

En esa misma entrevista, Kurosawa lamentaba la falta de paciencia en las nuevas generaciones, al considerar que muchos quieren ver resultados inmediatos sin atravesar el proceso completo. Comparaba la escritura con el alpinismo: no hay que fijarse en la cima, sino concentrarse en cada paso. Mirar solo el final, advertía, genera frustración.

El director insistía en que la clave está en no abandonar, incluso cuando el camino se vuelve complicado. Rendirse, decía, se convierte en costumbre.

Por ello, aconsejaba a sus asistentes y a los jóvenes creadores escribir hasta el final, sin importar las dificultades, y asumir la disciplina creativa como una rutina más que como un sufrimiento.

También expresaba su preocupación por el desinterés creciente de los jóvenes por la lectura, algo que consideraba fundamental para la formación artística.