Antes de convertirse en una estrella internacional del cine, Hugh Jackman tuvo un empleo muy distinto al que hoy define su carrera: trabajó como payaso en fiestas de cumpleaños.
El propio actor australiano ha relatado esta experiencia en diversas entrevistas, señalando que ocurrió antes de su formación profesional y mucho antes de alcanzar fama mundial. Jackman describe aquel trabajo como uno de los más incómodos y poco exitosos de su vida laboral, marcado por la improvisación y la falta de preparación.
Según su testimonio, junto a un amigo aceptó animar fiestas infantiles sin contar con habilidades específicas, más allá de un disfraz alquilado y entusiasmo inicial. "Literalmente alquilé un traje de payaso y, con mi amigo Stan, nos dedicamos a las fiestas de cumpleaños sin tener ninguna habilidad", recordó, subrayando lo improvisado de aquellos espectáculos.
- La falta de técnica pronto se hizo evidente: los niños mayores no respondían como esperaba y en una ocasión la situación se tornó caótica. "Un niño gritó: ´¡Mamá, este payaso es un desastre!´", relató Jackman. El episodio terminó con burlas y objetos lanzados contra él, lo que lo llevó a abandonar definitivamente ese empleo.
Con el tiempo, Jackman reconoció que sus presentaciones solo funcionaban con niños muy pequeños, incapaces de notar la falta de recursos. "En fiestas de tres años era el mejor, pero nada más allá de eso", admitió, reconociendo que no sabía hacer globos ni trucos de magia.
Años después, el actor ingresó formalmente al mundo de la actuación y construyó una sólida carrera en teatro, cine y musicales. Su salto internacional llegó con el papel de Wolverine en la saga de Marvel, que lo consolidó como figura central de la industria.
El contraste entre aquel fallido empleo y su posterior éxito ha sido utilizado por Jackman como ejemplo de perseverancia. En 2026, incluso compartió en redes sociales una fotografía caracterizado como "Coco, el payaso", recordando con humor esa etapa temprana de su vida.