El político chileno José Antonio Kast asumió la presidencia de Chile para un periodo de cuatro años, en medio de polémicas por sus posturas sobre la dictadura militar y su agenda política en temas de seguridad, migración y política internacional.
Años antes de llegar al poder, en 2017, Kast expresó públicamente su respaldo a lo que denomina el "gobierno militar", en referencia a la dictadura encabezada por Augusto Pinochet entre 1973 y 1990.
Durante un acto realizado en un teatro de Santiago frente a familiares de militares condenados por violaciones a los derechos humanos, afirmó que, de llegar a la presidencia, buscaría proteger a las fuerzas armadas y otorgar indultos a quienes considera que han sido perseguidos judicialmente.
- Casi una década después, el ahora mandatario ha reiterado esas posiciones.
Recientemente volvió a manifestarse a favor de revisar las condenas de militares presos por delitos de derechos humanos, a propósito de un proyecto que analiza el Senado chileno para permitir que reos mayores de 70 años con enfermedades puedan cumplir sus penas en arresto domiciliario.
En el pasado, Kast visitó la prisión de Punta Peuco, donde se encuentran encarcelados numerosos exmilitares condenados por crímenes cometidos durante la dictadura. Entre ellos está Miguel Krassnoff, quien cumple múltiples condenas por ejecuciones, torturas y desapariciones forzadas.
Sobre este caso, Kast ha señalado que no niega que se hayan cometido violaciones a los derechos humanos, pero cuestiona algunos de los procesos judiciales que llevaron a esas condenas.
Otro rasgo que ha marcado su trayectoria política es su fuerte convicción religiosa. Kast y su esposa participan activamente en el movimiento católico Movimiento de Schoenstatt, una organización dentro de la Iglesia que promueve la participación de laicos en tareas pastorales y de formación espiritual.
Durante su discurso tras ganar las elecciones en diciembre, Kast también hizo referencia a su fe, señalando que considera que su victoria y su responsabilidad política están vinculadas a la voluntad de Dios, a quien pidió sabiduría y fortaleza para enfrentar los retos de su gobierno.
El nuevo presidente ha definido su administración como un "gobierno de emergencia nacional", argumentando que el país enfrenta problemas graves en materia de seguridad pública, migración irregular y crecimiento económico.
Entre sus propuestas más controvertidas se encuentra la intención de expulsar a cerca de 330 mil personas que viven de forma irregular en Chile, además de reforzar el control fronterizo mediante la presencia militar y la construcción de zanjas o barreras en los límites con Perú y Bolivia.
También planteó la idea de crear un corredor humanitario para facilitar la salida de migrantes hacia otros países, iniciativa que no ha sido respaldada por los gobiernos de la región.
En materia de seguridad, Kast ha señalado que su prioridad será restablecer el orden en las calles y fortalecer el cumplimiento de la ley, asegurando que quienes cometan delitos enfrentarán las consecuencias legales.
En el ámbito internacional, el mandatario ha mostrado cercanía con el expresidente estadounidense Donald Trump y ha respaldado posiciones duras en política exterior, incluyendo su postura sobre la situación en Venezuela.
Incluso, antes de asumir el cargo, participó en un evento en Miami organizado por Trump, donde se discutieron estrategias de cooperación militar para combatir al narcotráfico en la región.
Con estas posturas, el inicio del gobierno de Kast se perfila como uno de los más controvertidos en la política reciente de Chile.