Yasmani Toirac Laffita no logra ocultar su desconsuelo cuando muestra el terreno sembrado de garbanzo que ya no producirá. "No hay manera de rescatar lo que se perdió. Toda la inversión quedó bajo tierra y no hay forma de recuperarla", afirma.
- En otras parcelas cercanas, también de suelos rojos y fértiles y trabajadas por miembros de la cooperativa que él dirige, la situación es distinta. La soya está próxima a cosecharse y la malanga avanza favorablemente. Sin embargo, son casos aislados: muchas áreas no podrán recogerse y, en general, la actividad agropecuaria se encuentra semiparalizada. La crisis energética vinculada a las sanciones estadounidenses ha desarticulado la cadena productiva de alimentos.
Yasmani, un campesino robusto, de manos curtidas, lleva una gorra blanca y azul con la inscripción "Día Mundial del Suelo. 5 de diciembre". Preside la cooperativa de producción agrícola Waldo Díaz, en Güira de Melena, Artemisa, a unos 40 kilómetros de La Habana.
- En Cuba, las cooperativas agrupan voluntariamente a campesinos que ponen en común tierras y medios de producción. La Waldo Díaz, fundada en 1982, reúne a 91 socios —13 mujeres y 22 jóvenes— que trabajan 241 hectáreas con maquinaria propia. Cultivan boniato, malanga, maíz, garbanzo, frijoles y plátano vianda. Este año no sembrarán papa por falta de semilla. A la entrada de sus oficinas, una oca viuda actúa como guardiana.
Como el resto de los agricultores del país, trabajan sin descanso. Desde inicios de año, cada jornada resulta más difícil. Según Yasmani, la política estadounidense busca presionar al país, aunque sostiene que los campesinos continúan su labor solidaria.
La tradición de despedir el año quemando un muñeco también se cumplió el 31 de diciembre. A pesar de un 2025 complejo, los campesinos celebraron con la esperanza de un mejor 2026. Sin embargo, el nuevo año trajo más escasez de combustible y electricidad, obligándolos a cocinar con leña y limitando el riego.
- Abelardo Álvarez Silva, presidente de la cooperativa de crédito y servicio Antero Regalado —con 222 miembros—, explica que la falta de combustible afecta todas las tareas: más de 300 de sus 500 hectáreas están sin trabajar, no pueden fumigar ni aplicar fertilizantes, y el riego se restringe a las pocas horas de electricidad disponibles. También escasean piezas, neumáticos y baterías para los vehículos, lo que reduce el transporte de productos a los mercados.
Beatriz Navarro Fernández, de la ANAP, subraya la importancia de la soberanía alimentaria: el derecho de los pueblos a producir sus propios alimentos de forma sostenible y con control sobre recursos como tierra, semillas y agua. Cuba impulsa esta estrategia para reducir importaciones, pero la crisis energética obstaculiza seriamente esos planes.
Pese a la falta de insumos y condiciones adversas, los campesinos continúan sembrando, aunque reconocen que solo pueden producir una fracción de su potencial.
La cooperativa Aniceto Pérez conserva como símbolo un mensaje escrito por Fidel Castro en 1981, junto a una carta de 2014 del secretario de Agricultura de EE. UU., que expresaba deseos de cooperación agrícola. La entidad destaca por sus resultados, su equipamiento y su innovación, incluyendo la creación de un plaguicida natural.
Su presidenta, Amelia González, resalta el liderazgo femenino y la fuerte vocación social: donan alimentos, apoyan servicios comunitarios y colaboran con escuelas y centros de salud. Además de alimentos, cultivan tabaco para obtener ingresos en divisas.
Hoy, su principal limitación también es la falta de combustible, que mantiene ociosas más de 300 hectáreas. Amelia considera que la presión externa busca provocar inestabilidad interna, aunque afirma que la población permanece unida.
Especialistas señalan que la agricultura depende estrictamente de los tiempos: retrasos en siembra, riego o cosecha pueden arruinar meses de trabajo.
En estas tierras también surgieron internacionalistas. En la cooperativa se recuerda a 14 miembros que combatieron en África. Uno de ellos, Lázaro González, relata su experiencia como piloto en Angola entre 1987 y 1990, destacando el impacto militar y político de esas misiones y su importancia en la preparación defensiva del país.