Las plantas desalinizadoras convierten el agua del mar en potable y resultan esenciales en regiones con escasez hídrica. Sin embargo, en el contexto de la guerra en Irán se han reportado ataques contra estas instalaciones, lo que convierte al agua en un recurso estratégico y vulnerable.
- En el Golfo Pérsico, la dependencia es crítica: entre el 70 y el 90 % del agua consumida por la población proviene de la desalinización, frente al 3,5 % en Europa. En España, aunque el uso es menor, territorios como Canarias dependen en un 80–90 % de este recurso, y en el Levante ronda el 20 %.
El acceso al agua potable es vital para la supervivencia y la actividad industrial. Los ataques a desalinizadoras no solo violan el derecho internacional, sino que paralizan de inmediato la vida civil y productiva, a diferencia de los ataques a instalaciones petroleras que afectan principalmente al comercio.
Las desalinizadoras funcionan mediante ósmosis inversa, bombeando agua de mar a alta presión a través de membranas que eliminan sal e impurezas. Cada planta abastece a decenas de miles de personas, pero su capacidad de almacenamiento es limitada, lo que hace que cualquier interrupción tenga consecuencias inmediatas.
En España, aunque la dependencia es menor, la crisis climática intensifica la presión sobre las infraestructuras hídricas: sequías prolongadas alternan con lluvias torrenciales, lo que exige modernización y resiliencia para garantizar un suministro eficiente y sostenible.