A la medianoche, mientras millones celebran con brindis y fuegos artificiales, otros optan por el silencio y la introspección. Pasar Año Nuevo en soledad puede ser tan significativo como la fiesta más concurrida, señalan especialistas.
- Lejos de los clichés, aislarse en estas fechas revela emociones profundas sobre el sentido de las celebraciones y la relación con el tiempo. Para la mayoría, las fiestas simbolizan cierre e inicio, donde alegría y tristeza se entrelazan, explica Mirta Goldstein, presidenta de la Asociación Psicoanalítica Argentina.
No todas las soledades son iguales: algunas son elegidas como refugio, otras impuestas por circunstancias como la distancia familiar o la pérdida de vínculos. Alicia Killner distingue entre la soledad buscada y la sufrida, recordando que también existe rechazo a la "felicidad obligada" que rodea estas fechas.
El doctor Juan Eduardo Tesone subraya que no toda fecha debe ser festiva y que el aislamiento puede ser tanto un espacio de paz como una vivencia dolorosa. La clave está en la motivación: una soledad creativa puede ser saludable, mientras que la impuesta puede generar angustia.
Los expertos coinciden en que no existe un mandato universal sobre cómo vivir el Año Nuevo. Lo importante es la autenticidad de la elección: celebrarlo en multitud o en silencio, con euforia o recogimiento, siempre desde un modo propio de habitar el tiempo.