El papa León XIV lanzó un llamado rotundo por la paz durante la misa del Domingo de Ramos en la Plaza de San Pedro, en la que celebró su primera Semana Santa desde su elección el 8 de mayo. Frente a miles de fieles, el pontífice estadounidense clamó:
Y reiteró que Cristo, Rey de la Paz, "sigue clamando desde su cruz: ¡Dios es amor! ¡Tengan piedad!", en un mensaje explícito contra la guerra y la violencia armada, sin nombrar conflictos específicos.
PAZ SIN REFERENCIAS DIRECTAS A GUERRAS ACTUALESLeón XIV subrayó que Dios rechaza la guerra y que "nadie puede usarlo para justificar el enfrentamiento", poniendo en el centro la figura de Jesús como Rey de la paz que no se defendió ni libró batallas, sino que se entregó en la cruz.
Repitió que el "rostro manso de Dios" siempre se opone a la violencia, y que ese rostro se ve en la entrega de Cristo:
En el "último grito" de Jesús en la cruz, el pontífice vio el llanto de quienes sufren, de los enfermos, de los solos y, sobre todo, de las víctimas de la violencia y de la guerra, y pidió escuchar ese gemido como un reclamo de la humanidad entera.
MARÍA Y LA "DESPEDIDA DE LA GUERRA"El papa tomó palabras del obispo italiano Tonino Bello para encomendar la paz a María:
Con esto, el papa simbolizó el deseo de que el tiempo de la Semana Santa marque un paso lento pero firme hacia el fin de la guerra, no solo como un horizonte espiritual, sino como un mandato pastoral a la comunidad cristiana y a los líderes del mundo.
PRIMER VIACRUCIS Y CAMBIOS LITÚRGICOS DE LA SEMANA SANTALeón XIV anunció que mantendrá el tradicional Viacrucis del Viernes Santo ante el Coliseo de Roma, reafirmando la imagen de la cruz como ícono de reconciliación.
Asimismo, devolverá la misa del Jueves Santo a la basílica de San Juan de Letrán, rompiendo con la práctica de Francisco de celebrarla en cárceles o centros de migrantes, y marcando un giro más institucional y menos exhibicionista en la liturgia, aunque sin menospreciar el ministerio social de la Iglesia.
- En conjunto, el papa de origen estadounidense utilizó su primer Domingo de Ramos no solo para rememorar la entrada de Jesús en Jerusalén, sino para convertir esa escena en un pronunciamiento público contra la guerra, invitando a las naciones y a los ciudadanos a deponer las armas y recordar que todos son hermanos bajo un mismo Dios de paz.