A tres semanas de la guerra contra Irán, el presidente Donald Trump se encuentra en una encrucijada de la que él mismo parece no saber cómo salir.
Prometió una "breve excursión" militar, pero la batalla se ha prolongado, los precios de la energía se han disparado y Estados Unidos se ha quedado aislado diplomáticamente, mientras tropas adicionales se preparan para desplegarse a pesar de la promesa inicial de limitar la intervención.
El resultado es una crisis que se le escapa de las manos, tanto en el ámbito militar como en el político y la opinión pública.
TRUMP A LA DEFENSIVA Y EL GRITO DE "COBARDES"Trump, cada vez más a la defensiva, calificó de "cobardes" a los aliados de la OTAN por negarse a ayudar a abrir el Estrecho de Ormuz, una vía que soporta alrededor de una quinta parte del petróleo mundial.
Sin embargo, su declaración de que la campaña ya fue "ganada militarmente" se topa con la realidad de un Irán hostil que ha bloqueado prácticamente el paso de hidrocarburos por el Golfo Pérsico y lanza misiles y drones contra objetivos regionales.
Analistas como Aaron David Miller, ex negociador de Medio Oriente en administraciones anteriores, señalan que Trump:
Mientras republicanos en el Congreso se preparan para la contienda de mitad de mandato, con el temor de que el conflicto erosionaría su base electoral.
Por otro lado, funcionarios de la Casa Blanca defienden que el conflicto ha sido un "éxito militar indiscutible", al haber eliminado a líderes de la élite iraní, destruido buena parte de la armada y del arsenal de misiles balísticos del país.
Sin embargo, la dinámica en el terreno se ha complicado, y el equilibrio parece inclinarse más hacia el margen de maniobra de Teherán, que responde con ataques masivos de drones y misiles, bloqueos y estrangulamiento del transporte marítimo.
LA RESISTENCIA DE ALIADOS Y LA BRECHA CON ISRAELLos límites del poder de Trump se han hecho evidentes en los ámbitos diplomático, militar y político. La resistencia de aliados de la OTAN a desplegar armadas para proteger el Estrecho de Ormuz ha dejado a Estados Unidos prácticamente solo en la operación.
Aunque el presidente no quería parecer aislado, algunos asesores sugirieron que busque una salida rápida y que limite la escalada, anticipando una reacción adversa de la opinión pública ante un compromiso prolongado.
La reticencia de sus aliados no solo se debe a que no fueron consultados sobre la guerra, sino también a la desconfianza acumulada por los ataques de Trump a alianzas tradicionales desde su regreso a la presidencia hace 14 meses.
Incluso han comenzado a surgir tensiones con Israel, con Trump afirmando que no conocía el plan del ataque israelí al campo de gas de South Pars de Irán, mientras que funcionarios israelíes insisten en que el operativo estuvo coordinado con Washington.
- Esta división interna entre Estados Unidos e Israel, así como la resistencia de la OTAN y el mundo árabe, contribuye a la percepción de que Trump está actuando por impulso, sin un plan claro de salidas ni un mensaje coherente sobre los objetivos de la campaña.
Ante este escenario, Trump se encuentra en una encrucijada estratégica. Los analistas plantean dos caminos extremos:
Intensificar la ofensiva, llegando incluso a tomar el centro petrolero iraní en la isla de Jar o desplegar tropas en la costa iraní para localizar y destruir lanzadores de misiles. Esto implicaría un compromiso militar de largo plazo que probablemente enfrentaría rechazo de la opinión pública estadounidense.
Declarar la victoria y retirarse, salvando el legado de la administración, pero dejando a aliados del Golfo con un Irán herido pero aún hostil, capaz de seguir desarrollando capacidades nucleares y de mantener el control del tránsito marítimo.
Reuters ha reportado que el ejército estadounidense está desplegando miles de infantes de marina y marineros adicionales en Oriente Medio, aunque aún no se ha decidido si enviar tropas directamente a Irán.
El aumento de la presencia militar corre el riesgo de convertir una "guerra breve" en una ocupación prolongada, con el costo político y económico correspondiente.
EL MOVIMIENTO MAGA SE DIVIDE- El conflicto ha puesto de relieve el debilitamiento del control de Trump sobre su movimiento "Make America Great Again" (MAGA).
Figuras influyentes del Partido Republicano se han mostrado en contra del conflicto, preocupadas por el impacto en los precios de la gasolina y la posibilidad de que el país vuelva a quedar atrapado en una guerra en Medio Oriente.
El estratega republicano Dave Wilson advierte que, si los precios de la gasolina continúan al alza y la presencia de tropas aumenta, la base de Trump podría empezar a preguntarse:
- Por qué tengo que pagar tanta gasolina otra vez? ¿Por qué el Estrecho de Ormuz decide si puedo irme de vacaciones el mes que viene? Esta pregunta pone en riesgo el apoyo de la población hacia la guerra y, por extensión, hacia la presidencia de Trump.
Analistas señalan que el mayor error de cálculo de Trump fue subestimar la respuesta de Irán, que ve el conflicto como una amenaza existencial.
En lugar de rendirse, Teherán ha sacado el resto de su arsenal de drones, misiles y tácticas de bloqueo marítimo para contrarrestar la superioridad tecnológica de Estados Unidos e Israel. Resultado: el estrecho de Ormuz prácticamente paralizado y el mercado energético global en crisis.
El ex embajador estadounidense John Bass señala que dentro de la administración se ha reconocido, de forma parcial, la falta de planificación sobre las contingencias de cómo el conflicto podría desviarse de los planes originales.
Trump y sus asesores no anticiparon adecuadamente la resiliencia y la capacidad de respuesta de Irán, y ahora se ven obligados a improvisar en un escenario bélico cuya dinámica ya no controlan.
El conflicto ha expuesto también la fragilidad de la comunicación de Trump, que una vez dominaba el ciclo informativo. Ahora, en lugar de liderar la narrativa, se queja de los medios de comunicación, a los que acusa de "traición" por informar sobre la guerra y su impacto en la economía.
- El experto en política exterior Brett Bruen concluye que Trump "está perdiendo su habilidad para comunicar su mensaje", lo que añade presión a su imagen de liderazgo y a la estabilidad política de su administración.
En resumen, tres semanas después del inicio de la guerra, Trump no solo luce aislado, sino también sin control sobre un conflicto que ya se ha salido de su control, con precios de energía al alza, el riesgo de una ocupación militar prolongada y una narrativa que se le escapa.