Según la Real Academia Española, la avaricia se define como un deseo excesivo de acumular bienes materiales, más allá de lo necesario, con el objetivo de conservarlos para uno mismo y no compartirlos con otros.
Este comportamiento se considera un vicio desde la antigüedad, siendo señalado por filósofos como Sócrates, Platón, David Hume e Immanuel Kant como una violación moral que debía evitarse.
En la tradición cristiana, la avaricia es uno de los pecados capitales, descrita como un impulso que puede llevar a la insatisfacción constante y a la pérdida de valores éticos.
El diario español "El País", acaba de publicar un artículo que describe en su justa dimensión ese exacerbado deseo del Presidente gringo Donald Trump por acumular riqueza en un escenario mundial donde la pobreza es muy apremiante.
"La capacidad de Washington y del mundo para escandalizarse ante el desprecio de Donald Trump por las formas, las instituciones y la política como servicio público se puso a prueba una vez más el martes (de esta semana) con la publicación del informe anual sobre la situación financiera del presidente de Estados Unidos", refiere el citado artículo.
"En su primer año en la Casa Blanca, sus ingresos se dispararon hasta más de un mil millones de dólares, en su mayoría por hacer negocios con criptomonedas. Esto sucedió después de que Trump hubiese promocionado la inversión en criptomonedas y después de poner al Gobierno, a la fiscalía y al regulador bursátil descaradamente a favor del mundo cripto, que a su vez contribuyó con millones de dólares a su campaña y a su fiesta de inauguración".
"La descomunal cifra de ingresos de Trump y su familia por negocios con criptomonedas se suma a donaciones millonarias de empresas, dinero procedente de acuerdos judiciales para eludir las demandas a discreción del presidente, y otros negocios como productos con su nombre".
"Las nuevas revelaciones, se dice en el texto, llegan además el día en que Trump pretende hacer un vuelo inaugural en un vuelo presidencial regalado por Qatar y valorado en 400 millones de dólares.
No es un regalo para la Casa Blanca, sino para Trump: ha anunciado que piensa llevarse el avión cuando deje el cargo".
Se ciota además en el texto que el The New York Times publicó en enero "una estimación de los ingresos de Trump en el primer año desde que regresó a Washington, y que cifró en, como mínimo, 1.400 millones de dólares, muy por encima de lo que ingresaba su emporio inmobiliario antes de sumarle el poder de la presidencia. Nada de esto se ha hecho a escondidas. Los negocios de los hijos y del yerno de Trump ligados a la política exterior del presidente se hacen a la vista de todo el mundo. La afirmación de que sus negocios están en manos de sus hijos y él no influye en los mismos no es creíble".
"A nadie puede sorprenderle este comportamiento", dice el editorial en el que además se agrega: Estados Unidos ha elegido presidente a un empresario cuyo marco moral se resume en la frase que pronunció hace años al alardear de tener permiso, dada su condición de famoso y estrella de la televisión, para asaltar a mujeres. Ese mismo principio se aplica hoy a la presidencia. Trump considera que, como presidente, puede usar las instituciones como quiera. Por sus propias declaraciones, sabemos que no ve nada raro en aprovechar el cargo para enriquecerse. Cuando hace años se le reprochó la ingeniería fiscal para no pagar impuestos, respondió que eso le convertía en "alguien listo".
"Una característica envidiable de la democracia norteamericana es su trato reverencial a las instituciones y, en especial, al presidente. Aunque esa obsesión por el rito, la tradición y la dignificación del cargo nunca ha estado exenta de hipocresía, es tan importante como las propias leyes para el funcionamiento del sistema, pero esa cultura democrática ha sido sustituida por una cultura de la corrupción que emana de la Casa Blanca y, gracias a la pasividad de las mayorías republicanas en el Congreso, que han renunciado a la tarea de servir como contrapoder, va carcomiendo el resto de la arquitectura institucional", dice el artículo periodístico que remata con la siguiente leyenda:
"La codicia de Trump no tiene límites, y hay ocasiones en que parece dudoso que la democracia sea capaz de ponérselo". (altar_mayor@yahoo.com.mx)
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