Boicot y nostalgia

FIFA

Si bien es cierto que en lo personal y en lo institucional no ha sido un estuche de monerías, ni un ejemplo de ética intachable, ni mucho menos una muestra palpable de inmaculada moral, no deja de ser relevante el llamado que hace a los aficionados para que no vayan a Estados Unidos a presenciar los partidos del mundial porque, dice, pueden ser maltratados por las políticas implementadas por el presidente Donald Trump, y que mejor opten por quedarse en casa y presenciarlos por televisión.

          Y digo que no deja de ser relevante esta invitación porque quien la hizo fue nada menos que Joseph "Sepp" Blatter, ex presidente de la FIFA (Federación Internacional de Futbol), quien fuera destituido por malos manejos administrativos en 2015 después de estar al frente de esta organización por diecisiete años, misma invitación que junto a otros emplazamientos a boicotear al mundial, me hicieron recordar dos aspectos.

          El primer es que aquí en México también han aparecido este tipo de llamados, unos abiertos con nombre y apellido, y otros anónimos pero muy ingeniosos y contestatarios, como los aparecidos al pie de los muros del mismísimo Coloso de Santa Úrsula, al sur de la capital del país, casa del equipo "América" de futbol y la sede del partido inaugural de dicha contienda mundialista.

          Uno de estos llamados es la imagen compartida en su muro de Facebook por el sociólogo y cineasta Ricardo Chacón, de una manta que reza: "FIFA, GO HOME". Otro es la imagen de un grafiti que el fotógrafo Diego Cadena Carreón colocó en su cuenta de Instagram que dice: "MUERTE AL MUNDIAL", apuntando a continuación: "Yo no quiero ser un extraño en mi ciudad", en clara referencia al proceso de gentrificación que esta parte de la gran metrópoli está padeciendo con motivo del mundial. Estas dos convocatorias son tan solo un par de ejemplos del descontento mostrado por un sector importante de la población hacia la realización del mundial y de los efectos colaterales que traen consigo eventos como este.

          En oportuno anotar que el rechazo al mundial no se debe tanto al mundial en sí, sino a la situación contaminada que ronda a su alrededor, provocada principalmente por el presidente de Estados Unidos y por el presidente de la FIFA, Gianni Infantino, quien tuvo la osadía de inventar un premio a la paz y entregárselo al mismísimo Trump, en un acto de solidaridad y sumisión plena a la política fascista implementada por el habitante de la Casa Blanca, tanto al interior de su país como en el mundo entero.

          Lo segundo que me hizo recordar el llamado al boicot es de carácter personal, y es que lleno de nostalgia me remontó al 11 de junio de 1970 y al 22 de junio de 1986, cuando en vivo y a todo color y junto a infinidad de mexicanos y de no mexicanos, fui testigo de dos momentos históricos desarrollados en el mismo lugar y en la misma ciudad: el Estadio Azteca del antiguo Distrito Federal. Uno fue el triunfo de México frente a Bélgica con un gol del capitán de la selección nacional, Gustavo "El Halcón" Peña. El otro fue "La Mano de Dios" que significó un gol del capitán de la selección de Argentina, Diego Armando Maradona, en contra de la selección de Inglaterra. En el primero tenía 14 años recién cumplidos, y en el segundo apenas había llegado a los treinta, y ahora a mis 69, los recuerdo con alegría.

          Los dos encuentros se efectuaron dentro de un mundial de futbol. Y ahora que todo apunta a que se desarrollará otro mundial, pienso que muchos aspectos han cambiado. De entrada el Distrito Federal ya se llama Ciudad de México, y el Estadio Azteca ya se llama Estadio Banorte, aunque para el torneo tendrá el nombre provisional de Estadio Ciudad de México.

          Además de que el torneo se repartió en tres países: México, Canadá y Estados Unidos, lo que en su momento pudo representar una gran oportunidad de pasar a la historia como una contienda deportiva en la que en su organización y realización participaron tres naciones con diferente sistema de gobierno y de orientación ideológica: la izquierda en México, el centro en Canadá, y la derecha fascista en Estados Unidos, llevando la voz cantante este último provocando que este experimento corra el riesgo de trascender como un gran desastre, como todo lo que toca ese espectro político.

          Entonces, con nostalgia pero con convicción, digo que me sumo al boicot y, junto a los precios muy caros, me permiten decir que no iré a ningún partido ni aquí, ni allá, ni acullá. Pero no sólo no iré a ningún estadio, si no que no sintonizaré a Televisa, ni a otra cadena de televisión, para ver partido alguno, lo que me diferencia del llamado del ex presidente de la FIFA, y si veo algún partido lo haré a través de alguna plataforma que lo transmita de manera "pirata", ya que prefiero que ella monetice y no la FIFA y las marcas comerciales patrocinadoras o anunciantes del mundial, toda vez de que con certeza son las misma que patrocinan y avalan el genocidio en Gaza. He dicho.