Lo sucedido entre Donald Trump, la Federación Internacional de Futbol Asociación (FIFA) y el futbol como deporte, es un claro ejemplo, por si faltaba, que al presidente de Estados Unidos no le interesa ni el juego limpio, ni la justicia, ni la ley, ni los reglamentos.
Aprovechando su carácter de anfitrión millonario sugirió -en realidad ordenó- que le fuera quitado el castigo a un futbolista integrante de la selección estadunidense para que pudiera seguir en el torneo.
Al final el equipo de EEUU fue eliminado y se especuló que Trump presionaría para que se repitiera el partido.
En el campeonato mundial de futbol se está reflejando el mundo que vivimos.
La arbitrariedad sustituye al árbitro, el negocio salvaje al ocio recreativo, el racismo y el clasismo al espíritu de concordia y solidaridad que debe caracterizar al deporte,
La convivencia se convierte en sobrevivencia.
No perdamos la esperanza que el mundo y sus líderes recuperen la cordura para que el futuro no los agarre en fuera de lugar.
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