PRIMERA DE DOS PARTES
China ha intensificado la reducción de sus tenencias de deuda estadounidense, alcanzando niveles mínimos no registrados en los últimos quince años. El 9 de febrero de 2026, las autoridades chinas instruyeron a los bancos nacionales y los reguladores recomendaron a sus instituciones financieras disminuir la exposición a los bonos del Tesoro de Estados Unidos, citando riesgos derivados de la concentración y la volatilidad del mercado. Como resultado, la participación de China en el mercado estadounidense de bonos se ubica actualmente en mínimos históricos, representando únicamente el 7% (aproximadamente 682,600 millones de dólares), en contraste con el 28% que mantenía hace quince años. Esta directriz ha llevado a China a pasar de ser el mayor acreedor extranjero de Estados Unidos a ocupar la tercera posición, situándose actualmente detrás de Japón y el Reino Unido. Aunque oficialmente no se ha calificado como una estrategia de diversificación de riesgos, diversos analistas asocian este cambio con tensiones geopolíticas y políticas de desdolarización, lo cual ha impulsado la reorientación de parte de ese capital hacia activos como el oro.
China ha incrementado considerablemente sus reservas de oro como parte de una estrategia orientada a reducir su dependencia del dólar estadounidense (desdolarización) y a salvaguardar su economía frente a eventuales sanciones internacionales y cambios arancelarios implementados por países alineados con Estados Unidos. Los motivos para la adquisición de este metal se centran en la desdolarización y el fortalecimiento de la autonomía financiera, dado que China busca diversificar sus activos, disminuir su exposición al sistema financiero occidental y consolidar la independencia de su política monetaria. Asimismo, tras el congelamiento de reservas rusas por parte del G7, el país asiático ha intensificado la acumulación de oro como un mecanismo de protección financiera ante posibles riesgos geopolíticos similares.
Ante esta situación, el país asiático busca fortalecer el respaldo del yuan incrementando sus reservas de oro físico. Pekín aspira a proyectar una imagen de mayor solidez y fiabilidad para su moneda, con el objetivo de incentivar su uso en transacciones internacionales, particularmente entre los países BRICS.
El oro se considera un refugio seguro, actuando como cobertura frente a la inflación global y la volatilidad de las monedas tradicionales. Actualmente, China posee aproximadamente 74.19 millones de onzas troy finas (equivalentes a unas 2,308 toneladas), valoradas en torno a 369,582 millones de dólares según el mercado actual.
Giacomo Prandelli en un artículo realizado recientemente comento sobre la estrategia China: "Esto no es pánico. No es el comienzo del colapso del dólar. Es algo mucho más limitado y mucho más interesante para cualquiera que esté posicionado en los activos de infraestructura adecuados".
China se encuentra en una situación estructural compleja, determinada por la dependencia de moléculas de gas natural y petróleo crudo cuyo precio se establece en dólares estadounidenses en los mercados internacionales. La disminución de las tenencias de bonos del Tesoro estadounidense por parte de China no refleja una debilidad del dólar, sino la necesidad urgente de gestionar una economía donde esta divisa es fundamental.
El país asiático enfrenta once trimestres consecutivos con descensos en el deflactor del PIB. Los precios al productor han registrado valores negativos durante cuarenta meses consecutivos. La crisis inmobiliaria ha afectado considerablemente la demanda interna y la fuga de capitales está en aumento. Por ello, China vende bonos del Tesoro para estabilizar el yuan, gestionar la liquidez y evitar riesgos asociados a posibles sanciones, como ocurrió en 2022 con activos extranjeros congelados. Esta restricción representa un desafío significativo para los responsables de política monetaria.
China importa aproximadamente 11 millones de barriles diarios de petróleo crudo y su consumo de GNL se incrementa progresivamente, acercándose a 140 millones de toneladas anuales para 2030. Prácticamente todas estas transacciones se realizan en dólares estadounidenses.
Estados Unidos no solo produce energía. Controla los flujos energéticos. Al hacerlo, refuerza el dominio del dólar de una manera que la profundidad del Tesoro por sí sola jamás podría lograr.
(– Grupo Caraiva – Grupo Pech Arquitectos)