¿Alguna vez el lector se ha encontrado en un espacio -público o privado- con un policía?, ¿ha experimentado una sensación incómoda durante ese lapso? A mí me gusta definir el momento como contradictorio, porque los convencionalismos políticos nos exhortan a sentir tranquilidad ante la presencia de un elemento del orden, pero el sentido común nos invita a retirarnos lo más pronto posible. Hay algo implícito en el encuentro que obliga a mantener los sentidos alerta.
Lo anterior no es un decir sino una realidad.
De acuerdo con la Encuesta Nacional de Confianza en la Administración Pública 2025, mientras instituciones como la Guardia Nacional registran niveles aceptables de confianza, los organismos policiales a nivel estatal y municipal alcanzaron 46,9 y 45.5 puntos porcentuales. Más de la mitad de la población desconfía de ambas instituciones.
Por ello fue sorpresivo para quienes acudieron al Taller de Metodologías de Construcción de Paz cuando Jorge Atilano González Candia, sacerdote jesuita, explicó que la forma más efectiva para reducir los delitos no es reforzar la educación familiar, sino fortalecer el vínculo entre la población y la policía municipal.
Al escucharlo, uno podría asegurar que la idea es utópica, pero el director de Diálogo Nacional por la Paz argumentó que es posible, especificando que el escepticismo ante un posible cambio solo demuestra la desconfianza de la población, que alberga un daño recibido desde hace muchos años. O una percepción construida por malas actuaciones de la autoridad, sin ignorar las campañas interesadas en debilitar la cohesión social.
Atinadamente señaló Jorge Atilano que las acciones por la paz deben iniciar con uno mismo. Y coincido, ¿quién no ha escuchado la máxima de "predicar con el ejemplo"? Es apresurado pensar que la inseguridad del país, que lleva gestándose desde hace casi un siglo, se arreglará de la noche para la mañana.
A título personal, como muchos otros mexicanos, he vivido situaciones que me invitan a ser evasivo con la policía, pero, a fin de cuentas, ellos son quienes garantizan la seguridad. Entonces, ¿por qué no reconocer cuando realizan una buena acción? Ese podría ser el inicio del cambio que necesita Tabasco. No hay que perder de vista las acciones del Diálogo por la Paz.
REMATE
En este sentido es necesario reforzar una política que mejore las condiciones de vida de los agentes policiacos y que promueva la cercanía con la población. Devolverles el valor ético a las labores de cuidar el orden y la seguridad. La policía es, en cierto sentido, el primero contacto de la población con la ley.
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