Desde la geopolítica

Escenarios de la revisión del T-MEC

Este año es decisivo para la relación México, Estados Unidos y Canadá. La razón es sencilla, se activa la cláusula sunset (atardecer) del Tratado de Libre Comercio que une a los tres países. En el debate público se ha calificado este proceso como una "renegociación", sin embargo, conviene precisar que no se trata de rehacer o reabrir el tratado, sino de una revisión programada en el artículo 34.7.2 del propio T-MEC. Ese artículo establece que, en el sexto aniversario del T-MEC, se reunirá una comisión trilateral, integrada por representantes comerciales, para hacer una "revisión conjunta" sobre el funcionamiento del acuerdo. Como el T-MEC entró en vigor el 1 de julio de 2020, la primera revisión se realizará el 1 de julio de 2026. 

A partir de ahí se abren dos escenarios. El primero es muy simple: si los tres gobiernos confirman por escrito su voluntad de continuar con el tratado, este se extenderá automáticamente por otros 16 años más, conforme al artículo 34.7 párrafo 3. Inicialmente, el T-MEC tiene una vigencia de 16 años, por lo que está programado su fin para 2036, pero si los tres países deciden extenderlo, entonces el acuerdo finalizaría hasta 2052. No sería una renegociación, ni un nuevo acuerdo, solo se ampliaría el plazo del actual tratado. 

El segundo escenario es más complejo, pero no implica la cancelación inmediata del tratado. Si alguna de las partes decide no confirmar su voluntad de extender el tratado, se activa un mecanismo de revisiones anuales, en virtud del artículo 34.7, párrafo 4. Es decir, cada año los tres países tendrían que volver a reunirse, para repetir la revisión. Durante ese periodo existen dos posibles desenlaces: primero, que en cualquiera de esas revisiones anuales las tres partes finalmente confirmen por escrito su voluntad de extenderlo, lo que daría lugar a una prórroga automática por 16 años adicionales; o segundo, que dicha confirmación conjunta nunca se produzca, en cuyo caso el T-MEC concluiría definitivamente al cumplirse su plazo original en 2036.

Lo anterior no quiere decir que no se pueda alterar el contenido del T-MEC, de hecho, el artículo 34.3 establece el procedimiento para realizar enmiendas. Sin embargo, estas requerirán la ratificación de los congresos de los tres países. De hecho, en su momento López Obrador propuso una modificación al capítulo 8, relativo al "Reconocimiento del dominio directo y la propiedad inalienable e imprescriptible de los Estados Unidos Mexicanos de los hidrocarburos". Y en diciembre de 2019 se firmó un Protocolo Modificatorio para temas laborales, medioambientales y regla de origen de acero y aluminio. 

Puede que Trump busque modificar algunos aspectos técnicos del tratado, como las reglas de origen. Estas son criterios que determinan de qué país proviene realmente un producto, y por tanto, definen si puede ingresar sin pagar aranceles. Por ejemplo, si un automóvil se ensambla en México, pero el 100% de sus piezas provienen de China, difícilmente puede considerarse como un vehículo mexicano. No basta con hacerlo en el país, lo que importa es el origen de sus componentes. 

Por ello, el T-MEC establece una regla de porcentajes, llamada Valor de Contenido Regional, en la cual se establece cuánto de un producto debe ser manufacturado en la región, para considerarse como "hecho en Norteamérica" y así beneficiarse del T-MEC. En el caso del sector automotriz, las exigencias son altas: al menos el 75% del valor del vehículo debe producirse en la región; entre el 40% y 45% debe fabricarse por trabajadores que ganen como mínimo 16 USD la hora; y el 70% del acero y el aluminio utilizados debe ser de origen regional. Según, el CSIS, Trump podría elevar el umbral para vehículos ligeros y pesados hasta el 85%, como intento para garantizar que más insumos provengan de Norteamérica.

El resultado de estas tecnicidades del comercio exterior dependerá de los diálogos y negociaciones de los tres equipos. No es sencillo manejar múltiples intereses comerciales y políticos. Por parte de México, la Consulta Pública para la revisión del T-MEC reveló que el 78.5% de los sectores económicos están de acuerdo con la renovación del tratado, y 30 sectores de la economía solicitan que no haya medidas unilaterales, ni aranceles fuera de lo previsto en el tratado, además de desarrollar una visión conjunta para competir regionalmente contra Asia. La industria del acero va por la eliminación del arancel del 50% sobre el acero y el aluminio, la industria automotriz solicita mantener el esquema vigente y evitar cláusulas más duras, así como plazos mínimos de tres meses para cualquier ajuste. Por su parte, el sector de llantas requiere flexibilidad ante la falta de insumos regionales. Mientras que la industria petroquímica, química y de plásticos requiere defensa y reforzamiento de las reglas de origen para prevenir la triangulación de productos provenientes de Asia. Asimismo, la industria aeroespacial y aeronáutico se verían afectadas por un aumento desmedido en el porcentaje de contenido nacional. De acuerdo con Ebrard, la estrategia de México se basa en tres temas clave: 1) reducir la dependencia regional hacia Asia, 2) reglas de origen, y 3) cadenas de suministro. Y claro está, mantener el tratado y la trilateralidad. 

El 12 de marzo, Ebrard destacó que México y Canadá ya han reafirmado su interés en mantener el carácter trilateral del T-MEC. El meollo del asunto estará en la decisión de Estados Unidos, en donde algunos medios han revelado que el vecino del norte podría optar por romper la trilateralidad y preferir negociar dos tratados por separado. Al respecto, Jamieson Greer, representante de Comercio de los Estados Unidos, expresó en una entrevista para el New York Times en enero, que no había "razón natural" para que el T-MEC fuera un solo tratado. Para Estados Unidos el interés es traer empleos manufactureros de vuelta al país, fomentar el crecimiento salarial y reducir el déficit comercial. Además, sus temas de diálogo con México son la producción de energía, lo laboral y la venta de maíz, mientras que con Canadá discutirá el sector lácteo, la transmisión de electricidad y la regulación digital.

La salida de Estados Unidos generaría una alta incertidumbre en las cadenas de suministro regionales, especialmente en la industria automotriz, energética y agrícola. México y Canadá seguirían teniendo acceso preferencial a sus mercados vía el Tratado Integral y Progresista de Asociación Transpacífico. Y con Estados Unidos, México podría volver a su acuerdo comercial de 1989. Todo dependerá de lo que suceda el 1ro de julio de 2026 y de la decisión que tome el vecino del norte.