Después del recreo mundialista: de la euforia nacional a la vida cotidiana

Mundial

El recreo escolar representa ocasión de esparcimiento, antes y después de las tareas. Espacio interregno, sin necesidad de líderes, cualquier recreo implica pausa de responsabilidades. Tiempo de diversión que refresca la energía.

Utilizando la frase "estamos en el recreo", el mundial de fútbol 2026 copó espacios mediáticos que multiplicaron la euforia. Sinergia de la calle a la pantalla y de la pantalla a la calle, la euforia multiplicada ofreció a la comentocracia nuevo flanco de crítica contra AMLO: que "hay gran diferencia entre la polarización provocada por López Obrador y el ánimo de unidad nacional que provoca el Mundial" (López Dóriga dixit), como si pudiera equipararse lo que provoca la competencia política y un espectáculo deportivo; que "las arengas de resentimiento, que comenzaron en las mañaneras de AMLO, nada son frente a las arengas populares de nacionalismo futbolero" (Ciro Gómez Leyva), como si el tema único de AMLO fuese el resentimiento sin esperanza, cuestión que desmienten las percepciones de aprobación a su figura: 65 y 70% en encuestas recientes.

La polarización política no la inventó AMLO. Estaba, como indignación y anhelo de justicia social, grabada en el ánimo de grandes franjas de población que convirtieron en hegemónico a Morena y aliados 4T.

También, como estrategia política, hay que distinguir entre el resentimiento social como medio (articularlo, movilizarlo hacia un objetivo) y el resentimiento como fin (crear sensación de caos sin propuestas y narrativas de desencanto permanente).

Así las cosas, el Mundial y la movilización popular que produjo euforia de corte nacionalista, sirvió para enfocar baterías contra ya saben quién. Curiosa estrategia que ataca a quien vive retirado de los medios en Palenque. ¿Errático enfoque opositor? No necesariamente, pero sí llama la atención por qué, en todo caso, no criticaron a la presidenta Claudia Sheinbaum. Respuesta: por la mesura y moderación que Sheinbaum mostró, sin buscar beneficios políticos del Mundial.

¿Por qué los opositores y comentaristas se remontaron un sexenio atrás? Están en su derecho, aunque se notan desfasados y fuera del tiempo político estratégico aquí y ahora.

Desde la trinchera oficial, la euforia mundialista se adoptó con prudencia. Quedó en incógnita, eso sí, cómo se habría reaccionado si la selección de México hubiera pasado a 4os de final o más allá. Es de imaginar que la euforia popular hubiera tomado dimensiones extremas y que la tentación del uso político por triunfo deportivo crecería. Ya no ocurrió y no lo sabremos. Con el recreo mundialista terminado para México, la vida cotidiana vuelve y "cada chango a su mecate". No habrá tentaciones oportunistas de parte y parte.

El deporte, que puede dar inyección de ánimo a los pueblos, no tiene sin embargo poderes mágicos en la vida cotidiana y los problemas a resolver. Finalmente, con el famoso "¿Y si sí?", quedó claro que no estamos suficientemente preparados para el "¿Y si no?", que la vida nos receta con frecuencia.

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