*Regresa a casa una valiosa colección de la mano de Ervey Castillo
*Se exponen objetos personales, textos inéditos, en la Pino Suárez
*Un niño en la Revolución Mexicana, texto que debe difundirse
AYER TUVE OPORTUNIDAD de participar en la inauguración de la extraordinaria exposición "Andrés Iduarte, de vuelta a casa", que estará por lo menos un mes en las instalaciones de la Biblioteca Estatal José María Pino Suárez. Integrada por valiosos objetos que Don Leonard French (fallecido en mayo de 2024) entregó al escritor y editor tabasqueño Ervey Castillo, quien se ha especializado en la obra y vida del autor de "Un niño en la Revolución Mexicana".
En la apertura de tan importante muestra nos acompañaron Karla Garrido, subsecretaria de Cultura y Rocío Puente, directora general de bibliotecas; fue oportunidad también para compartir una mesa de diálogo con el historiador Javier Camas y Ervey Castillo.
Ofrezco a los lectores de esta columna algunos apuntes de mi participación en el diálogo.
DESCONOCIDO E ILUSTRE
VARIOS AUTORES coinciden en que Andrés Iduarte Foucher es un ilustre desconocido. Aplicando este concepto en toda su amplitud: fue un ilustre intelectual y ciudadano comprometido, con fama internacional, pero al mismo tiempo es desconocido en su gran obra y aportación en el contexto mexicano.
Fue prácticamente ignorado al cumplirse, en 2007, el centenario de su natalicio.
Como bien sabemos, Andrés Iduarte escribió "Un niño en la revolución mexicana", publicada en 1951, obra que, según el crítico Vicente Quirarte es única en la historia de la literatura mexicana. Sostiene que "bastaría que Andrés Iduarte hubiera publicado esa pequeña gran obra para otorgarle un sitio de honor" en las letras nacionales.
Pero esta labor literaria personalísima no se detiene en las memorias de un niño, sino que rescata la visión del adolescente en "Un mundo sonriente" y en el conjunto de textos del volumen "Peparatoria".
Como el propio Iduarte lo cuenta, la segunda parte de "Un niño en la revolución mexicana" es "El mundo sonriente" y la tercera "Otra vez París", la cuarta "Bajo el sol del diablo". Estas dos últimas no publicadas.
Iduarte vive, padece, y supera, el choque de un viejo sistema del porfiriato y el advenimiento de la revolución mexicana. Como se ha dicho, Iduarte y su familia deben dejar Tabasco, emigrar, por los conflictos políticos, siendo nuestro autor apenas un niño.
Le toca vivir esa permanente contradicción que fue y es el sistema político mexicano: una declarada vocación de justicia, el impulso del progreso con la educación y la cultura con José Vasconcelos, y al mismo tiempo la corrupción de los líderes revolucionarios, de los ideales.
Fue un hombre bajo la tormenta de la revolución.
Vuelvo a Quirarte quien dice que Iduarte tuvo "la vocación de ser explorador y reivindicador de la memoria".
UNA VIDA DE EMOCIONES
COMIENZA en Un niño en la Revolución:
"Yo nací en San Juan Bautista de Tabasco el primero de mayo de 1907. Aunque no creo en horóscopos, no puedo negar que la fecha me gusta: el Día de los Trabajadores y de los trovadores provenzales, de las flores del gay saber de Tolosa y Barcelona, es un día bueno para venir al mundo. En mi cumpleaños me ha envuelto el entusiasmo popular -en México, en España, en Francia- por la belleza y la justicia. Mi cumpleaños es siempre de emociones."
Iduarte fue el único mexicano a quien el Congreso impidió recibir un reconocimiento de un gobierno extranjero, el de la Orden del Imperio Británico en 1953. Y todo porque el diputado Ernesto Brown Peralta usó la tribuna federal para acusar a Andrés Iduarte de haber asesinado, 23 años antes, a Ramón Brown Rovirosa. De inmediato Iduarte se inconformó con tal decisión y denunció y sostuvo que el incidente en el que falleció Ramón Brown fue en defensa propia.
Por ese incidente, Iduarte estuvo fuera del país 18 años.
Otro incidente, también marcó la vida de Iduarte, aquel sepelio de Frida Kahlo en el que se colocó una bandera de la hoz y el martillo, símbolo comunista, sobre el féretro que recibía homenaje en Bellas Artes. En julio de 1954.
Este hecho lo obligó nuevamente a salir del país.
Vivió, como les decía, el impacto de la Revolución en el entorno familiar.
Se convirtió en un crítico del proceso revolucionario, hecho que lo aisló de los intelectuales que ahora llamaríamos orgánicos.
Sin embargo, me parece que no están a discusión sus ideas y tendencia progresista. Esto lo podemos observar en los personas que formaron parte de su esfuerzos literarios y de investigación como José Martí, el patriota cubano; Simón Bolívar, Martín Luis Guzmán, Domingo Sarmiento, Rómulo Gallegos, Gabriela Mistral, José Vasconcelos. O amistades como Alfonso Reyes, Narciso Bassols, Andrés Henestrosa.
Estuvo ligado a su México en la nostalgia. James Willis Robb califica a Alfonso Reyes y a Iduarte como "caballeros andantes del hispanoamericanismo universal".
Le dice a Alfonso Reyes en una carta: "Ya sabe usted mis lemas: no pasa nada y si pasa, no importa" de la guerra de España; y "del sueño no paso" (de mi niñez tabasqueña. Y también sabe usted cuánto y en qué duras ocasiones los he puesto en práctica. De manera que ya todo, hasta un volcán, me parece un grano de anís".
Vivió y escribió con gran optimismo, es un escritor y un hombre que alimentó la esperanza.
AL MARGEN
DECÍA BERTOLD Brecht: "Me parezco al que lleva el ladrillo para mostrar al mundo cómo era su casa". Andrés Iduarte llevó siempre consigo al niño, a Tabasco, y a su patria. (vmsamano@hotmail.com)