Mucha razón le asiste al académico Abraham Nuncio cuando en su escrito "Deporte-show y entretenimiento no son prioridad" publicado el pasado jueves 9 del presente en un diario de circulación nacional, anotó una gran diferencia entre la derecha y la izquierda frente al electorado. Mientras la primera "lanzó con todo desparpajo cubetazos de mierda al rostro de la plebe", la segunda con pedagogía apuntaló "en favor de causas sociales y un programa racional que daría solución a los grandes problemas de la mayoría".
Y aunque el también periodista circunscribe su visión al pasado proceso electoral en Colombia en el cual resultó triunfador el candidato de la derecha —"haiga sido como haiga sido" diría el clásico derechista—, su descripción cabe muy bien en lo que sucede en los países latinoamericanos, incluido México.
Y es que mientras la derecha mexicana, inventa, ofende y amenaza a sus contrarios, su contraparte, la izquierda, actúa de manera tibia y prudente, tanto que hasta pareciera que en ocasiones su presencia es invisible en la lucha por la narrativa.
Una hipótesis a este fenómeno radica en que en el país la derecha dominó en todos los aspectos hasta 2018 cuando a través del voto ciudadano perdió la presidencia de la república frente a un sector de la izquierda de la corriente nacionalista, heredera más del nacionalismo revolucionario que del comunismo, aspecto que no le importa a la derecha ya que no se cansa de identificar a quienes detentan el poder hoy en día como "comunistas", sumándole de inmediato su dos palabras preferidas: "de mierda". Efectivamente, para la derecha encabezada por el empresario Ricardo Benjamín Salinas Pliego, los miembros de la cuarta transformación son "izquierdistas de mierda", "zurdos de mierda", "gobiernícolas de mierda", "chairos de mierda" o "comunistas de mierda".
Y esta actitud de la derecha —con sus acciones de presión y represión a todo lo que oliera a izquierda— originó que la izquierda en todas sus versiones actuara con prudencia para evitar sufrir el ninguneo, el acoso y la intención de exterminio que ejercieron los gobiernos de derecha en contra de ella.
Pero esta situación —diría todo manual de ejercicio del poder— debió cambiar a partir de 2018. Y sí lo hizo pero de manera incompleta, tanto que aunque la derecha lleva ocho años sin el poder presidencial, en la real politik sigue actuando igual que antes: con soberbia, prepotencia, ínfulas de grandeza y demás actitudes que muestran que es la expresión más violenta del espectro político: la fascista y la nazi.
Y si la actitud de la derecha no cambió cuando perdió el poder ejecutivo nacional, la izquierda tampoco cambió su actitud y ya detentando el poder político nacional continuó actuando similar a cuando era oposición: con prudencia, y es que con el conque de evitar que la derecha la señale de autoritaria y otras linduras —nótese el sarcasmo— hace caso omiso de muchas actitudes ofensivas y violentas de la propia derecha y las deja pasar o simplemente se refiere a ellas con un lenguaje que en cierta corriente se denomina "políticamente correcto", en donde lo correcto no se refiere a eficiencia y eficacia, sino en cierto grado de temor. Sí, temor a ser señalada con adjetivos descalificativos.
Pero la izquierda no se ha dado cuenta que aunque no utilice ciertos tonos en sus discurso, la derecha la sigue señalando como autoritaria, ofensiva, corrupta y otras linduras — nótese otra vez el sarcasmo—.
Pero también hay que señalar que la derecha es todo un cúmulo de mañas, lo que le permite victimizarse y cambiar el discurso a su favor y estigmatizar a la izquierda. Me explico: la derecha tiene el cinismo como recurso, es decir, por ejemplo, cuando alguien de izquierda señala a alguien de derecha, si los actores involucrados son un hombre y una mujer, respectivamente, la derecha de inmediato recurre a volverse víctima y acusar al contrincante de "violencia política de género", aunque el señalamiento sea por corrupción —Rosario Robles se acusó de que la atacaban por ser mujer— o por oportunismo político —Grecia Quiroz se escuda con el mismo manto protector que Rosario Robles—.
Así como la derecha es cínica, la izquierda debe aprender a enfrentar los señalamientos de la derecha—además de con la razón— con firmeza y sin miedo. Entonces, no es arriesgado decir que la derecha actúa con estridencia, lo que hace que cierto sector del electorado la festeje. Como tampoco es incorrecto decir que la izquierda actúa con prudencia, tanta que en ocasiones pasa desapercibida para el electorado. Con todo ello, sería oportuno que en la lucha por dominar la narrativa, la prudencia venza a la estridencia. Es urgente que lo haga porque si bien es cierto que la izquierda tiene el poder federal, la derecha no deja de vilipendiar y ofender. Y ya lo decía otro clásico: "lo que no mancha, tizna", y entonces en 2027 o en 2030 puede suceder en México lo que sucedió en Colombia: "Ese electorado pidió más de esos cubetazos espectaculares".
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