¿FUE CORRECTAMENTE GESTIONADO EL DERRAME RECIENTE EN MÉXICO? (I)

Residuos contaminados

PRIMERA DE DOS PARTES

Según la información disponible acerca del derrame, es posible concluir que la gestión del evento fue deficiente. Esto se debió a la ausencia de protocolos estandarizados, la falta de un centro de respuesta inmediata, los tiempos extendidos para la activación institucional, la insuficiencia de inventarios de equipos, la ausencia de mediciones técnicas precisas sobre el volumen derramado y la imposibilidad de cuantificar el impacto real por falta de datos verificables.

Actualmente existe desinformación sobre el origen del derrame y sus posibles consecuencias. Se afirma que se han recolectado manual y mecánicamente 889.4 toneladas de hidrocarburo, pero esta cifra no indica si corresponde a un producto específico o a residuos contaminados.

El término "hidrocarburos" se usa como medición general del material retirado. Dentro de ese peso total es necesario desglosar componentes como emulsiones (aceite y agua de mar), chapopote, residuos de crudo envejecido, arena y sedimentos impregnados, restos vegetales contaminados y materiales utilizados en la limpieza. Separar cada fracción es fundamental para determinar el origen del hidrocarburo derramado y orientar las acciones adecuadas. Este análisis permite cuantificar los contaminantes removidos y estimar el tiempo necesario para que el ecosistema recupere sus condiciones previas.

Se puede confirmar que las 889.4 toneladas corresponden a residuos contaminados, no a petróleo puro depositado en las playas. El cálculo representa el peso total del material retirado, no el volumen inicial del derrame.

Desde una perspectiva técnico‑científica, resulta poco profesional basar la declaración de un gran derrame únicamente en imágenes satelitales. Estas imágenes solo muestran la presencia de hidrocarburos en un área, pero no permiten cuantificar barriles derramados desde el origen del incidente. Sin información precisa sobre el volumen, las acciones de contención, tratamiento, seguimiento y control de arribos a playas carecen de fundamento sólido, pues se basan en estimaciones sin identificar el tipo de hidrocarburo involucrado. Esto incrementa los costos de remediación. Conocer desde el principio el volumen y tipo de hidrocarburo permite implementar medidas de contingencia oportunas. En pleno siglo XXI, no es aceptable que un país cuya producción marítima supera el 80% no cuente con protocolos efectivos para contener un derrame en menos de 72 horas, realizar seguimiento adecuado y aplicar acciones que eviten su llegada a las costas.

En Estados Unidos se han perfeccionado los métodos para contener derrames en pozos tanto en aguas someras como profundas. Estas prácticas deberían integrarse a los protocolos de la industria mexicana, ya que ante incidentes como el supuesto derrame en costas nacionales, las acciones correctivas suelen implementarse solo después del evento. Ahora que México pretende perforar en aguas profundas, es indispensable contar con un plan de contingencia real. Continuará. (– Grupo Caraiva – Grupo Pech Arquitectos)