Inundaciones, planes y más planes

En mi libro “Tabasco en sepia”, editado por la UJAT, afirmo que a fines de siglo XIX y hasta mediados del siglo XX

En mi libro “Tabasco en sepia”, editado por la UJAT, afirmo que a fines de siglo XIX y hasta mediados del siglo XX, casi todo el comercio y los viajes de la región se hacían por la vía fluvial y marítima. Por su estratégica posición geográfica, el Puerto de Frontera fue conocido en esos años como las “Puertas de Tabasco”.

La eterna y enorme carga de aluvión arrastrada desde la sierra, en lo alto de Chiapas, y depositada en las tierras bajas y planas de Tabasco por las voluminosas corrientes del Usumacinta y del Grijalva, rio abajo, azolvan año con año, segundo a segundo, los ríos y las bocanas de toda la región. Y a ese aluvión de todos los días se le sumaron entonces los cientos de toneladas de tierra volcánica que arrojó la catastrófica erupción del volcán Santa María en Guatemala en octubre de 1902 y luego la erupción del Chichonal en marzo de 1982.

Debido a que la vida comercial en la región se seguía haciendo por la vía fluvial y marítima hasta mediados del siglo XX, el dragado del puerto de Frontera y de los ríos siguió siendo una necesidad vital hasta mediados de ese siglo. Por ello en mi siguiente libro “Tabasco a dos Tiempos”, editado también por la UJAT, afirmo que hasta esos años el tabasqueño seguía insistiendo en el dragado de Frontera y de los ríos de Tabasco como una necesidad prioritaria para el Estado y la región.

Sin embargo, ante esa necesidad apremiante, la federación siempre ofreció promesas y mezquinos apoyos a nuestro Estado y lo tuvo más en el olvido hasta que el Ferrocarril del Sureste, inaugurado en marzo de 1950; la carretera del Golfo, Villahermosa-Coatzacoalcos, inaugurada a fines de 1958 y las carreteras locales, hicieron languidecer por completo la vida fluvial en la entidad y el dragado de los ríos quedó en el olvido.

Sin embargo, el azolve de los ríos, que crece año con año, vuelve aún más vulnerable a Tabasco frente a las inundaciones. Con las cargas de aluvión sin dragarse, los cauces de los ríos y las bocanas se han tapado: ello además no permite el ingreso del plancton marítimo a las aguas interiores de Tabasco, cosa que ha empobrecido la pesca de escama y de ostiones en sus lagunas y en sus ríos como sucede en El Bellote y la Laguna de Mecoacán en Paraíso.

Recuerdo que cuando Puerto Ceiba en Paraíso fue un importante puerto interior, había un gran movimiento de barcos que entraban y salían por la Barra de Dos Bocas. Dos dragas se mantenían de manera permanente en el lugar: una en la bocana y otra en el interior del rio. Por necesidad esa barra se dragaba de manera permanente al igual que el interior del río para hacerlo navegable hasta Puerto Ceiba; pero al perder importancia comercial este puerto interior, se dejó de dragar y la bocana y el rio terminaron por azolvarse.

Allá por 1964 llegábamos a pescar a esa barra, la verdadera bocana de Dos Bocas y recuerdo que nos anclábamos a mitad de la bocana y dejábamos caer un grampín para medir su profundidad: llegamos a medir hasta ocho metros de profundidad. En nuestros días esa bocana se atraviesa caminando y, al no entrar el plancton al Bellote y a Mecoacán, la pesca se ha empobrecido en el lugar.

Con los recientes gobiernos federales ha persistido la eterna promesa de dragar los ríos, construir bordos y muros de contención para resolver el problema de las inundaciones de un Tabasco que en los últimos 40 años su población triplicó.

Vicente Fox implementó el Programa Integral de Control de Inundaciones (PICI) con una inversión de 2 mil 600 millones de pesos. Se usó material de mala calidad y hubo corrupción en el uso de los recursos. La inundación de 2007 puso en evidencia el fracaso de ese plan.

Luego Felipe Calderón implementó otro plan, el Plan Hidráulico Integral de Tabasco (PIHT) con 9 mil 377 millones de pesos y además un fideicomiso de 7 mil millones: de este total sólo se aplicaron 4 mil millones. El resto quien sabe dónde quedó. Era Andrés Granier el gobernador en esos días. Y, como sucedió con la prometida refinería de Tula que sólo quedó en una barda, el plan de Calderón quedó inconcluso.   

Luego vino Peña Nieto, canceló el plan de Calderón y en 2013 implementó otro plan: el Programa Hidráulico de Tabasco (PROHTAB) con 7 mil millones de pesos para dragado, construcción de bordos y muros de contención. También hubo mucha improvisación y muchos desvíos de recursos. ¿A dónde se fueron? Quién sabe, eran Arturo Núñez y su esposa quienes gobernaban Tabasco en esos días. Y la inundación del 2020 puso en evidencia el fracaso de ese programa.

En el 2020, visitando las zonas inundadas, el presidente López Obrador afirmó: “Vamos a resolver mediante un decreto presidencial que se controlen las presas y las hidroeléctricas del rio Grijalva para que no permanezcan llenas y que se turbinen constantemente para que no se acumule tanta agua”. Y agregó: “es urgente que se draguen los ríos porque están tan azolvados que por eso se estanca mucha agua…por eso hay tapones”.

Nosotros hoy, en 2022, ignoramos si el dragado de los ríos se está haciendo, ignoramos el supuesto avance de los trabajos. Además, esos trabajos de dragado tienen que hacerse diariamente y en varios puntos porque las toneladas de aluvión y el azolve diario no están sujetas y a la espera de la negligencia de los políticos. Es necesario que el gobernador Carlos Manuel Merino Campos nos informe sobre los dragados.

Por último, platicando hace años con mi amigo Alejandro Yabur me habló sobre una propuesta que existía entonces con los dueños de algunas empresas gringas de La Florida que estaban dispuestos a dragar con sus máquinas y que Tabasco o la federación les pagara con la arena dragada de los ríos. Esa propuesta la manejó el ingeniero Hernán Pérez Moscoso que fuera gerente de la Comisión del Grijalva y hombre de todas las confianzas de don Leandro Rovirosa. Nadie le hizo caso y, como siempre, aquello quedó en el olvido. Le urge a Tabasco gobernantes con visión e iniciativa.