IRÁN, PIEZA DE LA ESTRATEGIA ENERGETICA DE EU (I)

IRÁN

PRIMERA DE DOS PARTES

Estados Unidos, bajo la presidencia de Trump, inició en 2017 una estrategia energética que podría compararse con una partida de ajedrez. Si bien el primer movimiento resultó en un empate, actualmente, en esta segunda fase y en un corto periodo de tiempo, se está consolidando la posibilidad de lograr una ventaja decisiva a nivel global mediante la implementación de la doctrina de "Energy Dominance" remasterizada para lograr un jaque mate definitivo en el mundo.

Durante este fin de semana, Estados Unidos ha fortalecido su posición internacional en un contexto que comenzó hace diecisiete años, consolidando el éxito de su estrategia.

En el discurso a la nación se evidenció un desacuerdo entre republicanos y demócratas respecto a los datos macroeconómicos, aunque existió consenso en el reconocimiento de acciones militares y, particularmente, en la defensa del país. Si bien pueden surgir diferencias, la realidad es que Estados Unidos persigue un objetivo común: asegurar la independencia en la obtención de materias primas esenciales, como petróleo crudo, gas, minerales críticos y tierras raras para fortalecer su economía.

El ataque a Irán confirma que Estados Unidos mantendrá su ventaja competitiva mediante la combinación de abundancia energética, supremacía militar y profundidad de mercado, factores que contribuirán al fortalecimiento del país.

La estrategia concebida para llegar al final tiene varias etapas de la siguiente manera que podemos definir en los siguientes momentos claves:

2008–2014: El auge del Shale impulsó la consolidación de Estados Unidos como un actor relevante en el sector petrolero global. Este proceso fue parcialmente influenciado por la expropiación de activos de empresas estadounidenses en Venezuela durante el mandato del presidente Chávez, lo cual afectó a compañías cuyos procesos de refinación dependían en parte del crudo venezolano. Ante la disminución del suministro procedente de la República Bolivariana, las empresas se vieron obligadas a ajustar los tipos de petróleo procesados en sus instalaciones y enfocaron sus esfuerzos en aumentar la producción nacional proveniente de formaciones de Shale.

2015 – 2017: Estados Unidos recuperó su posición como exportador de petróleo crudo, impulsado por el aumento en su producción nacional. Ante esta situación, se conformó la organización OPEP+, cuyo objetivo principal fue limitar la influencia de Estados Unidos sobre los precios del petróleo. Los países miembros implementaron regulaciones de producción para gestionar el mercado. En este periodo, Venezuela registró una significativa caída en su producción petrolera. En 2016, Estados Unidos y la Unión Europea levantaron las sanciones impuestas a Irán en relación con su programa nuclear, tras certificar el cumplimiento del Plan de Acción Integral Conjunto (JCPOA), lo que permitió a Irán incrementar su producción de petróleo crudo en más de un millón de barriles y mejorar el flujo de efectivo mediante la expansión de sus exportaciones.

2017–2020: Se consolidó la doctrina de Energy Dominance, formulada durante el primer mandato del presidente Trump, que ha constituido la base para los desarrollos recientes en materia energética. Esta política, implementada a partir de 2017, se orientó a maximizar la producción y exportación de combustibles fósiles (petróleo, gas y carbón), fortalecer la seguridad energética nacional, reducir los costos internos y emplear la energía como herramienta geopolítica, apoyándose en el auge del esquisto. Las principales acciones incluyeron la apertura de tierras federales a la exploración, la reducción de regulaciones ambientales, la promoción del gas natural licuado (GNL) y el impulso en la construcción de oleoductos. Asimismo, se buscó disminuir la dependencia de fuentes externas consideradas inestables, reducir los precios de los combustibles para los consumidores y generar empleo. El concepto de "independencia energética" perseguía eliminar la necesidad de importar recursos, mientras que el de "dominio energético" pretendía influir en los mercados internacionales. Sin embargo, la consolidación de esta doctrina se vio condicionada por la pandemia, que afectó significativamente la economía global. En 2019, Estados Unidos alcanzó la posición de mayor productor de petróleo crudo y gas, facilitando la rápida implementación de la política de Energy Dominance. En mayo de 2018, la administración Trump se retiró del acuerdo destinado a levantar las sanciones impuestas en 2016 a Irán y, en noviembre de ese mismo año, restableció oficialmente todas las sanciones previamente aliviadas, lo cual provocó una caída de la producción iraní por debajo de los 2 millones de barriles diarios.

2020–2021: Con la producción de petróleo de Venezuela descendiendo por debajo de los 600 mil barriles diarios, se abrió una oportunidad para que Estados Unidos considerara posibles cambios en el país. Una parte significativa de la producción se destinaba a Cuba y otra a China, esta última como parte del pago de préstamos adquiridos por Venezuela. Sin embargo, debido a la pandemia y a los resultados de las elecciones que no permitieron la continuidad de la doctrina aplicada previamente, la implementación de dicha política tuvo que ser suspendida. Continuará

(– Grupo Caraiva – Grupo Pech Arquitectos)