SEGUNDA DE DOS PARTES
2021–2024: Con el cambio de administración en Estados Unidos, se implementó una agenda centrada en la diplomacia energética, orientada hacia una transición acelerada a fuentes renovables, la reducción progresiva del uso de combustibles fósiles, el establecimiento de bases para alcanzar cero emisiones en 2050 y el fomento de la adopción de vehículos eléctricos. Durante la presidencia de Joe Biden, el discurso oficial reemplazó el concepto de "Dominancia Energética" por un énfasis en la Transición Energética y la mitigación del cambio climático. Sin embargo, en la práctica, Estados Unidos mantuvo niveles récord de producción de petróleo y gas, consolidándose como el principal exportador mundial de GNL. En este periodo, Irán incrementó su producción de petróleo crudo y logró recuperar flujos de efectivo principalmente mediante estrategias de evasión de sanciones y el fortalecimiento de sus relaciones comerciales con China. Ante los desafíos derivados de la pandemia y la invasión Rusa a Ucrania, la administración estadounidense aplicó las sanciones a Irán de manera menos estricta, buscando mantener la estabilidad de los precios energéticos globales y controlar la inflación frente a elevados precios del barril. Por su parte, Venezuela logró aumentar su producción gracias a la flexibilización estratégica de sanciones estadounidenses, que permitió a Chevron exportar bajo licencias especiales, así como mediante alianzas energéticas internacionales con Rusia, China e Irán.
En 2025, Estados Unidos reanudó la doctrina de Energy Dominance durante el segundo mandato del presidente Trump, actualizando su estrategia a través de políticas como "Drilling Baby", la aplicación de aranceles, y la promoción de acuerdos comerciales enfocados en minerales críticos y tierras raras. Asimismo, se impulsó la consolidación de la capacidad de influencia sobre los precios del petróleo crudo por medio de alianzas comerciales estratégicas con países como Venezuela. Esta posición podría modificar la dinámica interna de la OPEP+, al controlar los mecanismos de venta global del país sin otorgar mayores descuentos, e impactar el papel de China, que anteriormente gozaba de ventajas por el acceso a crudo facilitado por la deuda venezolana.
El control del petróleo venezolano por parte de Estados Unidos permite influir en el mantenimiento de precios entre 55 y 65 dólares por barril, con el objetivo de cumplir lo propuesto en 2017 sobre mantener la gasolina a precios bajos, como se observa actualmente, y controlar la inflación. Cuba ha sido incorporada a esta estrategia actualizada; anteriormente no formaba parte, pero al dejar de recibir crudo de Venezuela y enfrentarse a sanciones, este país ha adquirido relevancia estratégica para la producción de etanol, así como para el establecimiento de centros de almacenamiento y refinación destinados a abastecer mercados en Centroamérica y el Caribe.
Por otro lado, tras el reciente ataque realizado por Estados Unidos e Israel contra Irán, ha quedado claro que los países de la región no respaldan a Irán. Arabia Saudita, Jordania, Emiratos Árabes Unidos, Baréin, Catar y Kuwait prefieren alinearse con las naciones responsables del ataque para garantizar la estabilidad regional y evitar problemas que puedan afectar sus economías. Cabe destacar que algunos de estos países cuentan con bases militares estadounidenses, y que Israel constituye el último bastión para el acceso al mar Mediterráneo, facilitando la exportación futura de petróleo, gas y productos petrolíferos a través de ese país.
Para 2028, Rusia enfrenta desafíos relacionados con la necesidad de ofrecer mayores descuentos en sus barriles de petróleo crudo para sostener el conflicto con Ucrania. Esto podría llevar a que una proporción significativa de su producción se destine al mercado chino, cuyo objetivo del país asiático, sería reemplazar parte del crudo actualmente importado desde Venezuela. En caso de un cambio de régimen en Irán, este país podría beneficiarse de mejores condiciones para vender su petróleo crudo con el apoyo de Estados Unidos, eliminando la necesidad de ofrecer altos descuentos en el mercado mundial. Si no se produce dicho cambio, Irán se vería afectado por el desgaste militar y la necesidad de obtener recursos para modernizar su capacidad ofensiva, quedando dependiente de China y obligado a proporcionar mayores descuentos debido a sanciones más estrictas que buscarían restringir los flujos financieros empleados para sustentar su estrategia militar nuclear.
(– Grupo Caraiva – Grupo Pech Arquitectos)