LA ESTADISTA QUE MÉXICO REQUIERE

México

Estados Unidos solicitó la semana pasada a México la extradición de nueve funcionarios sinaloenses, destacadamente un gobernador y un senador en funciones, para que sean detenidos y remitidos a sus cortes. Ello ha generado una crisis institucional grave e histórica, nunca antes vista en las relaciones bilaterales en tiempos de paz. Provocó también una virulenta polarización entre actores políticos afines al régimen y los que representan a la oposición.

Lo de menos es tomar partido. O se festina que el gobierno está en una crisis de proporciones mayúsculas o se envuelve en el lábaro patrio rechazando la injerencia de una potencia extranjera en los asuntos del país, como enarbola el oficialismo. Vaya que los dos bandos tienen argumentos suficientes para sostener su respectiva posición.

Independiente del desenlace que vaya a tener esta crisis en lo jurídico, en lo comercial (estamos en plena negociación del tratado trilateral) o en la relación con el atrabancado e irracional presidente norteamericano, me parece que la coyuntura amerita un tratamiento político de alto nivel, una actuación de la Presidenta con visión de Estado, que vea más allá de lo complicado del momento.

Claudia Sheinbaum puede pasar a la historia como la Estadista que ha leído correctamente la coyuntura histórica o como una política que prefirió atrincherarse en la defensa de sus correligionarios. Puede erigirse como la lideresa que enfrenta con inteligencia el vendaval para que México sea mejor o como quien capotea el momento sin una hoja de ruta.

Desde que Morena asumió en 2018 el poder político en el país, los dos presidentes que han salido de sus filas no han tenido una sola reunión con los líderes de los partidos opositores; bien porque no los han necesitado, bien porque están convencidos de que llegar a acuerdos con otras fuerzas políticas representa una suerte de traición ideológica.

La mayoría que los ciudadanos le han conferido en prácticamente la totalidad de los puestos de elección popular ha sido canalizada por Morena para redefinir el sistema político al modo de su movimiento. Con sus aciertos y con sus errores, con sus beneficios y con sus vicios, con una narrativa polarizante y una pedagogía de buenos (ellos) y malos (los de antes), Morena ha reconfigurado en muy poco tiempo la correlación de fuerzas en todo el país. Su poder tiene legitimidad, pero cada vez es más monolítico, hegemónico y refractario a la pluralidad de ideas. Morena no acuerda con los mexicanos que son representados por los opositores. Ni los ve ni los oye.

Una de las aristas que la Presidenta pudiera aprovechar en el marco de esta situación, tiene que ver con proponer una reforma política urgente que ponga énfasis en sanear los procesos electorales. Es momento de extirpar o desaparecer los incentivos que permiten que fluya el dinero proveniente del crimen organizado durante las campañas. Hay que recordar que ni su iniciativa original de reforma política, ni la que terminó aprobando el Congreso, abordaron el tema del financiamiento sucio en las campañas, lo cual fue un craso error que, de no corregirse, seguirá estando presente en el sistema y provocando muerte y dolor.

A todo el sistema político le conviene legislar sobre esa materia. Urge que esa asignatura, que esa corrección de procedimiento en las campañas electorales se estipule en la estructura legal e institucional del país. Es apremiante robustecer la prohibición y las penalidades para evitar que partidos o candidatos acepten recursos humanos, técnicos y/o financieros del crimen organizado. Es momento de que la presidenta acuerde este tema con todas las expresiones políticas del país. No solo con sus aliados.

México requiere que aparezca la Estadista, la que mira hacia el futuro, la que gobierna para el presente y más allá de su mandato, la que sabe que los discursos tipo "Morena postulará a personas íntegras", son palabras que se llevará el viento.

La Estadista que entendió a cabalidad que en democracia no se gana ni se pierde para siempre, que las vacas de hoy serán las reses que se sacrificarán mañana. La que supo zafarse del discurso que polariza, que superó el anatema de llegar a acuerdos con los diferentes. La Estadista que moralizó la política electoral y evitó que el país perdiera décadas de progreso y prosperidad.

Citas presidenciales

"23 de julio de 1935. Hoy fueron desconocidos los poderes locales del Estado de Tabasco en virtud de los acontecimientos últimos ocurridos en Villahermosa, en que perdieron la vida varias personas, entre ellas cuatro estudiantes". Lázaro Cárdenas, Apuntes 1913-1940.

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