Los de casa

Durante el gobierno de Felipe Calderón, la SEP impulsó el programa "El buen juez por su casa empieza" para reducir el rezago educativo entre servidores públicos

Durante la primera mitad del gobierno de Felipe Calderón, con Josefina Vázquez Mota al frente de la Secretaría de Educación Pública (SEP), se implementó el programa "El buen juez por su casa empieza", con el objetivo de subsanar el rezago educativo que enfrentaban en ese momento los trabajadores al servicio del Estado, toda vez que, según cifras de aquel momento, cerca de cuarenta mil de los servidores públicos federales no habían concluido estudios en los niveles básico, medio o medio superior (o sea: primaria, secundaria o preparatoria), cifra que se sumaba a los cerca de treinta millones de mexicanos que tampoco lo habían hecho.

          Y dentro de este panorama de la educación en México, la autora del libro "Dios mío, hazme viuda por favor" también compartió que la institución que encabezaba había detectado que cuarenta y uno de cada cien padres de familia no había leído ni un solo libro en un año, y que las mujeres eran las más rezagadas en este rubro.

          Por esas fechas también se dio a conocer el "Censo de Formación Docente de Educación Media Superior" que revelaba que dos de cada diez profesores de bachillerato apenas tenía estudios de secundaria; que una cuarta parte del total carecía de estudios de licenciatura; que el cincuenta por ciento de profesores con licenciatura no tenían interés de cursar algún posgrado; y que apenas uno de cada cien tenía grado doctorado. También se anotó que existía casi un millar de profesores de bachillerato que no había terminado la primaria. Y ante este panorama, la SEP implementaría un programa de titulación, con facilidades.

          Sí, efectivamente este fue el panorama educativo y de enseñanza que el primer gobierno del PAN le heredó al segundo gobierno del mismo PAN. Panorama que sobresalía porque los trabajadores del gobierno federal y los mentores de las generaciones futuras, carecían de estudios acordes a sus responsabilidades. No sólo carecían de estudios, sino también de documentación.

          Y bueno, para subsanar estas anomalías se implementaron políticas públicas. Una de ellas fue ampliar el espectro de los encargos gubernamentales que para ejercerlos se necesitaba comprobar que se tenían los estudios mínimos requeridos. Y una vez que se puso en marcha esta política pública, se vieron "afectados" los funcionarios en ejercicio que no contaban con los estudios necesarios para hacerlo, y entonces perdieron sus empleos, como fue el caso del entonces consejero del Instituto Federal Electoral (el actual INE), Rodrigo Morales, quien no pudo acreditar estudios de licenciatura.

           Pero también hay que reconocer que esta medida de desplazar del encargo a los funcionarios que habían manifestado contar con cierto grado de educación superior, pero que en la realidad no lo habían cursado. Y el caso más claro fue el primer titular de la SEP del gobierno de Ernesto Zedillo, Fausto Alzati, quien se ostentaba como doctor cuando en la realidad sólo tenía estudios de bachillerato, aspecto por lo que se hizo acreedor del mote de "Doctor Falzati".

          Pero también la medida de apoyar desde la SEP a algún alto funcionario en la terminación de algún ciclo escolar, ya tenía antecedentes en el gobierno de Vicente Fox, cuando el presidente ayudó a su amigo el gobernador en funciones de Aguascalientes, el militante del PAN Felipe González González, a obtener el certificado de preparatoria mediante el "Acuerdo 286", mecanismo burocrático para los autodidactas que comprobaban contar con las experiencia y conocimientos necesarios para obtener el certificado de bachillerato.

          Pero esta medida burocrática para apoyar a los mexicanos que no habían cursado la preparatoria pero que por sus actividades laborales podrían hacerse merecedores de obtener el certificado en cuestión, no sólo se aplicó en los gobiernos del PAN. No, continuó en la administración de Enrique Peña. Y en este gobierno y bajo ese mecanismo es por lo que, ahora se sabe, el periodista Raymundo Riva Palacio pudo hacerse del certificado de preparatoria a la edad de 59 años y después de haber sido director de la agencia de noticias oficial en tiempos de Carlos Salinas; de ser alto directivo de varios periódicos nacionales; y de ser un acreditado comentarista de televisión en materia noticiosa. Y hoy, hay que decirlo, en el creador de esa maravilla noticiosa que dice: "La verdad es irrelevante".

          Es decir: ante todo, los de casa y con la pequeña ayuda de los amigos.

          POSTDATA.-

(G. Duncan Mitchell, "Historia de la Sociología", tomo dos).