Margarita Maza

El poeta

El poeta chiapaneco Eraclio Zepeda afirmaba que México es el único país en el mundo en donde el título universitario ha sustituido al título nobiliario europeo. No hay duques, príncipes, reyes y demás integrantes de la más rancia alcurnia. No, pero sí existen  licenciados, maestros, doctores, y, en el peor de los casos, diputados, senadores, secretarios de estado, directores generales, gerentes o CEOs de cualquier empresa, etcétera. Y la verdad, la mayoría de los mexicanos aspiran a llegar a ser uno de ellos ya que se tiene la esperanza individual de ser diferentes, superiores, a los demás, ser mejores que los otros, y se cree que alguno de estos títulos lo facilitará.

          A eso aspira la mayoría. Pero por fortuna, no todos. Por ejemplo, Benito Juárez en su texto "Apuntes para mis hijos", con respecto a "las convulsiones incesantes que ha sufrido la República" producto de la Constitución de 1824, afirmó que estas no se terminarán hasta que no se haga efectiva "la igualdad de derechos y obligaciones entre todos los ciudadanos y entre todos los hombres que pisen el territorio nacional, sin privilegios, sin fueros, sin monopolios y sin odiosas distinciones".

          Este espíritu de igualdad, Benito Juárez lo expresó en 1857, y hoy en 2026 -169 años después-, está tomando una mejor y mayor forma, aunque con los bemoles en su contra que implementan y representan a la derecha, por cierto, cada vez más desdibujada, anodina y repartida en pedacería por el territorio nacional.

          También en 1857, y después de pasar tres años en Nueva York representando a la causa juarista, Margarita Maza regresó a México vía el Puerto de Veracruz, lugar al que desembarcó el 17 de julio de ese año, hecho que el periódico local "La Concordia", registró de la siguiente manera: los mexicanos la aclamaron "como la verdadera madre del pueblo". Además de que un grupo importante de mujeres del Soconusco, la reconoció como "esposa cara del libertador de las Américas".

          Margarita Maza lamentablemente enfermó, por lo que no tuvo la oportunidad de disfrutar de manera plena el triunfo de la causa juarista, y durante sus últimos años de vida residió a las afueras de la capital del país, en el actual muy céntrico barrio de San Cosme, en búsqueda de mejores aires para su salud.

          Margarita Maza murió, presumiblemente de cáncer, el 2 de enero de 1871, a los 45 años de edad, siendo reconocida y homenajeada por todas las expresiones políticas y sociales mexicanas, con excepción de la iglesia católica, acción esta última que tuvo reacciones dentro del lado liberal del espectro político, cultural y filosófico. Por un lado, Juan A. Mateos le reclamó a la iglesia católica esta actitud. Y por otro, Ignacio Manuel Altamirano celebró que la iglesia católica haya tomado esa decisión porque así no enturbió el acto republicano que significó la ceremonia de su inhumación, efectuada en el Panteón de San Fernando de la ciudad de México.

          Y fue a este Panteón de San Fernando al que la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo se trasladó el pasado 29 de marzo para honrar a Margarita Maza en el bicentenario de su nacimiento y por toda la obra que realizó en beneficio de la Nación. Y sí, se honró a una mujer llamada simplemente Margarita Maza. Sin títulos de propiedad y de una rancia costumbre elitista. Honor a quien honor merece.

          POSTDATA.- Hace un cuarto de siglo en la televisión mexicana se estrenó la versión local del exitoso programa estadounidense de los años setenta llamado "Family Feud", con el nombre de "100 mexicanos dijeron", cuyo formato consistió en preguntarle en la calle algo a cien mexicanos al azar, para después ya en el estudio de televisión hacerle el mismo cuestionamiento a dos equipos de cinco integrantes cada uno.

          Y en uno de los programas a los productores se les ocurrió pedir tanto a los entrevistados en la calle como a los participantes en el estudio de grabación, que nombraran palabras que iniciaran con la sílaba "Ele", y a pesar de que el país un año y otro también desde hace décadas ha estado inmerso en elecciones, con el bombardeo publicitario de por medio, resultó sintomático que de los cien mexicanos entrevistados sólo cinco la mencionaron. Y en el estudio, ninguno de los diez participantes la dijo.

          Entonces, con este ejemplo y en un ejercicio sociológico de café, se puede decir que a pesar de que los procesos electorales son el pan de cada día de la clase política, para el mexicano en su papel de ciudadano juegan un papel secundario, nada relevante. Aunque sin dejar de reconocer que cada vez más el ciudadano mexicano está más politizado, pero de eso a que desayune, coma y cene con elecciones, está muy lejos de la realidad cotidiana. Entonces, no resulta descabellada la afirmación de que el mexicano es sabio. Sí lo es, no cabe la menor duda.