Más allá de la cancha (I)

Cuando el patriotismo no debería durar solo 90 minutos

Cuando juega México, las calles se vacían, las personas comienzan a portar la playera de la selección y las redes sociales se desbordan de publicaciones relacionadas con el partido. Hace unos días, mientras observaba a mi alrededor, me percaté de cómo un simple evento deportivo es capaz de unir a millones de personas y despertar un sentimiento de orgullo nacional.

Sin embargo, esa misma situación me llevó a cuestionarme ¿por qué el futbol consigue toda nuestra atención mientras otros temas importantes para el país quedan en segundo plano? ¿Por qué parece que el orgullo mexicano se hace más visible durante un juego que en nuestra vida cotidiana?

En mi opinión, ser mexicano no comienza al ponerse una playera verde o al encender la televisión para apoyar a la selección, también significa conocer nuestra historia, valorar nuestra cultura y ser conscientes de las situaciones que vivimos día a día como sociedad.

El futbol ha sido capaz de reunir a personas sin importar su ideología, edad o condición social. Durante noventa minutos, las diferencias parecen desaparecer y millones de mexicanos comparten un mismo objetivo: apoyar a su selección.

Además, este deporte ha acompañado a varias generaciones, por lo que es común ver a abuelos, padres e hijos reunidos frente a una pantalla esperando emocionados el inicio del juego. Lo que comienza como un encuentro deportivo se convierte en una experiencia compartida, llena de recuerdos, emoción y sentido de pertenencia.

En muchas ocasiones, esa alegría colectiva también funciona como un respiro frente a las preocupaciones de la vida cotidiana. Aunque sea por un momento, un gol, una victoria o incluso la esperanza de un buen resultado permiten olvidar los problemas y generan una sensación de optimismo que pocas cosas consiguen.

El futbol es un deporte profundamente ligado a la identidad de millones de personas. Como menciona el escritor Juan Villoro, el futbol forma parte de la infancia y de la identidad de muchos aficionados; sin embargo, también deja claro que todavía no es un espejo de toda la sociedad. Esa idea me llevó a hacerme una pregunta: si somos mucho más que futbol, ¿por qué muchas veces parece que solo nos unimos cuando rueda un balón?

¿Por qué no nos emocionamos con la misma intensidad cuando un estudiante mexicano gana una competencia internacional? ¿O cuando un científico realiza un descubrimiento importante, o cuando un maestro transforma la vida de cientos de jóvenes? Quizá la respuesta no sea que esos logros sean menos importantes, sino que son mucho más difíciles de apreciar. CONTINUARÁ.

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