México ante el tecnofeudalismo (II)

La IA

SEGUNDA Y ÚLTIMA PARTE

Según expertos, la economía de Estados Unidos ya se ha vuelto una economía rentista, donde las personas que acumulan riqueza (mayormente generacional) viven de rentas y de rendimientos bursátiles, lo que se traduce en parasitar una parte del trabajo de una persona común para, por ejemplo, poder vivir y consumir.

El sector inmobiliario es el más vistoso en cuanto a los cobros excesivos que merman en ocasiones hasta la mitad del sueldo de un trabajador por un espacio equivalente a una habitación de 3x3 metros en el centro de una ciudad como Chicago. Sin embargo, en el mercado bursátil ocurre lo mismo: la mayoría de los beneficios netos de las compañías se van a recompras de acciones y al pago de dividendos a accionistas, sin dar aumentos ni mejoras en las condiciones de trabajo para los empleados.

En México, el modelo implementado es una copia exacta. El salario mínimo es cada vez más el salario tope pagado a una gran gama de trabajadores: desde un científico de datos hasta un mesero promedian el salario mínimo, desalentando a la población a buscar una mejor preparación. Muchos jóvenes siguen viviendo hacinados con familiares debido al gran coste de las rentas y a la imposibilidad matemática de obtener un inmueble en el mercado actual. A pesar de la supuesta prohibición del "outsourcing", tanto empresas privadas como el propio gobierno siguen manteniendo esquemas de subcontratación disfrazada que merman la estabilidad laboral de la juventud (yo trabajé 3 años en el Banco del Bienestar como subcoordinador del Plan de Expansión, contratado por una empresa de outsourcing). La economía, fuera de la ficción de los indicadores macroeconómicos, está en su peor momento en 80 años, desde finales de la Segunda Guerra Mundial. La causa principal es la desigualdad provocada por el neoliberalismo que, aunque Morena se llene la boca de decir que está finalizado, sus itamitas incrustados en la Secretaría de Hacienda y en el poder, así como sus políticas económicas y fiscales, siguen enalteciendo. Siguen trayendo inversión privada externa que traduce sus inversiones en paraísos fiscales y precarización laboral para seguir explotando y manteniendo en la miseria al gran grueso de la población.

La IA solo mejora estas estructuras de explotación: las mantiene automatizadas, sin cabida al error humano que podría llegar a tirarlas. Los algoritmos mantienen adictos y dormidos a la mayoría de la población, no solo joven, sino también a los adultos mayores. Los museos, los conciertos y los pocos espacios públicos que quedan para convivir con otras personas están iluminados únicamente con pantallas a todo el brillo y el flash de las cámaras captando momentos no vividos. Los algoritmos de las redes sociales (que ya se han comprobado por cortes en Estados Unidos como deliberadamente adictivos creados para mantener el mayor tiempo posible la atención de los consumidores para poder venderles productos, servicios e ideologías publicitadas) separan comunidades, radicalizan ideologías de odio y promueven la separación de los núcleos sociales. Las comunidades cada vez están más rotas.

En este tenor, México se queda en la encrucijada planteada por su vecino (y amo), a quien no puede contradecir por una serie de pésimas decisiones tomadas desde 1917 (el día en que nacimos como nación institucional). Desde la expropiación petrolera (y el patrocinio irracional del Estado para mantener la mediocridad y la corrupción sindical), hasta las reformas neoliberales (y su economía de ladrones), la entrega total del Estado al narcotráfico y, finalmente, por la ridiculización de la izquierda perpetrada por la falsa izquierda que es Morena, México nunca llegó a desarrollar un Estado nacional autogestivo, de bienestar y realmente soberano.

Ahora nuestro futuro está sellado. Preparémonos entonces para el tecno-feudalismo. En este futuro, el algoritmo (propiedad de pocos) controla conforme a los datos que hemos regalado durante años a las empresas donde merecemos trabajar, donde (y si) merecemos vivir, qué merecemos consumir, qué merecemos comer y todo a una línea temporal de cientos de años (como en el feudalismo). Veamos cómo el futuro de los más jóvenes está sellado por las directrices de personas que han dudado sobre si la humanidad merece seguir existiendo como Peter Thiel; por amigos del pederasta Jeffrey Epstein como Donald Trump, Bill Gates o Elon Musk; y por narcotraficantes como las decenas de políticos mexicanos de todos los partidos, quienes siguen decidiendo, con total impunidad, sobre el futuro de más de 130 millones de mexicanos. (Fin)

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