SEGUNDA DE DOS PARTES
El talón de Aquiles: reservas limitadas. El punto de mayor vulnerabilidad del sistema es la ausencia de almacenamiento estratégico de gas natural. Actualmente, México dispone de alrededor de 2.4 días de reserva, principalmente asociada al gas en tránsito dentro de los ductos (linepack) y a tres terminales de gas natural licuado (GNL). Con la infraestructura prevista, esa cifra aumentaría a aproximadamente 2.8 días. La meta oficial es alcanzar 10 días; en Europa, los niveles suelen ubicarse, de manera amplia, entre 20 y 105 días, dependiendo del país y de la temporada.
A según calcularmos que los nuevos ductos aportan solo 0.4 días adicionales de reserva, lejos de la meta de 10 días que el CENAGAS quiere tener. Esta limitación es crítica porque, ante contingencias como la tormenta invernal Uri (2021), Estados Unidos tiende a priorizar su consumo interno. En ese escenario, México enfrenta recortes abruptos que impactan la generación eléctrica, considerando que una proporción significativa de la electricidad nacional depende del gas natural. Sin almacenamiento suficiente, el país opera con márgenes estrechos y, por lo tanto, con mayor exposición sistémica.
La presión estructural hacia 2030. Mientras México amplía su red de ductos, Texas atraviesa su propio ciclo de expansión industrial y energética. El operador eléctrico ERCOT proyecta un aumento relevante de la demanda de gas, asociado a centros de datos, manufactura avanzada, crecimiento industrial y expansión poblacional. En paralelo, Estados Unidos incrementa su capacidad de exportación de GNL, lo que introduce un competidor adicional por el mismo suministro.
De acuerdo con el documento, la presión de demanda incremental combinada (México, Texas y exportaciones de GNL) tendería a elevar precios en la cuenca Pérmica y a limitar la disponibilidad para exportación hacia México: "La demanda incremental combinada (México +3,500 MMPCD, Texas +6,000–8,000 MMPCD, GNL +12 Bcf/d) presionará los precios en la cuenca Permian y limitará la disponibilidad de gas para exportación a México." En términos operativos, México competiría por el mismo gas con el mercado texano y con destinos internacionales, con una desventaja adicional: baja diversificación y escaso almacenamiento.
Pemex promete más gas, pero el margen es limitado. La empresa ha señalado la intención de incrementar la producción de gas seco desde alrededor de 2,300 MMPCD hasta un rango de 4,049 a 5,000 MMPCD hacia 2030. Para ello, sería necesario revertir la tendencia de los últimos años y considerar recursos no convencionales en regiones como Burgos y Tampico-Misantla, entre otras medidas. Sin embargo, el punto de partida es exigente: "México produce solo alrededor de 2,315 MMPCD de gas seco, frente a una demanda de más de 9,000 MMPCD."
Aun bajo un escenario optimista (5,000 MMPCD), el país continuaría importando una proporción elevada del consumo. En un escenario base, la dependencia podría ubicarse alrededor de 60%; en uno inercial, por encima de 78%. Además, con la incorporación de 13 nuevas centrales eléctricas, la demanda total podría aproximarse a 10,200 MMPCD, lo que refuerza la conclusión: la producción nacional, por sí sola, no alcanzaría para cubrir las necesidades previstas.
Gasoductos: necesarios, pero insuficientes. La paradoja del plan es evidente: México puede contar con una red moderna, extensa y con mayor capacidad; sin embargo, ello no modifica el principal condicionante, que es el abastecimiento. El documento lo sintetiza como advertencia: "Más ductos no es igual a más capacidad de mover gas. Pero si, EUA, prioriza su demanda, los ductos estarán ahí, vacíos." En consecuencia, los ductos resuelven un problema real —el transporte—, pero no resuelven el problema de fondo: la disponibilidad del suministro ante choques externos.
Un país más conectado, pero igualmente expuesto. El programa de gasoductos constituye una obra de ingeniería relevante: conecta regiones, habilitas plantas, fortalece polos industriales y moderniza una red envejecida. No obstante, no resuelve el problema estructural: México no produce suficiente gas y carece de infraestructura de almacenamiento a gran escala. En términos comparativos, es equivalente a ampliar la red carretera sin disponer de un parque vehicular propio suficiente ni de espacios de resguardo para garantizar continuidad operativa ante interrupciones.
Elementos indispensables para una estrategia de soberanía energética. Para hablar de soberanía y resiliencia energética se requieren, al menos, tres componentes que hoy no están plenamente desarrollados:
· Almacenamiento estratégico. Desarrollo de cavernas salinas, aprovechamiento de yacimientos agotados e infraestructura asociada. Alcanzar una meta de 10 días implica almacenar del orden de 102,000 millones de pies cúbicos; a la fecha, no se observa un portafolio de proyectos equivalente en construcción.
· Diversificación de fuentes. Esquemas que permitan complementar el suministro por ducto con alternativas y políticas que reduzcan la exposición mediante sustitución gradual con otras tecnologías, incluida la generación renovable donde sea viable.
· Producción nacional sostenible. Mejora en recuperación y eficiencia, inversión y certidumbre regulatoria. La expansión hacia recursos no convencionales es una apuesta incierta, mientras que la producción convencional enfrenta declinación. ( – Grupo Caraiva – Grupo Pech Arquitectos)
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