Mis problemas con Movimiento Ciudadano (II)

O con el sistema político mexicano en sí

SEGUNDA Y ÚLTIMA PARTE

EL AUTOR SE REFIRIÓ EN LA PRIMERA ENTREGA AL PARTIDO MOVIMIENTO CIUDADANO que se presenta como alternativa  y termina reproduciendo los mismos escándalos de corrupción, mecanismos de nepotismo y vínculos con el crimen organizado que los partidos que dice superar el daño pasa a ser epistémico. Advirtió:

Pero, continúa ...

El problema es el sistema. No los partidos por individual.

Y aquí es donde el análisis debe ir más lejos que la denuncia coyuntural. La repetición no es accidental. El sistema político mexicano tiene mecanismos concretos para reproducir su propia impunidad y neutralizar los intentos de reforma genuina.

El primero es la cooptación estética: cada generación de disidencia política es absorbida, reempaquetada y devuelta al mercado electoral como producto de novedad. El PRD fue la izquierda que desafió al PRI; terminó siendo su socio en el Pacto por México. Morena fue el movimiento que iba a refundar el Estado; terminó siendo el PRI con otros colores. MC es la ciudadanía que iba a desplazar a los políticos profesionales; terminó siendo el partido de los políticos que no cabían en otros partidos. El ciclo es predecible y deliberado: el sistema no elimina a sus críticos, los integra.

El segundo mecanismo es la captura del financiamiento. Los partidos en México dependen estructuralmente del financiamiento público, cuyos criterios de distribución favorecen a quienes ya tienen representación. Esto crea una barrera de entrada que hace casi imposible la emergencia de fuerzas políticas genuinamente externas al sistema. El partido que quiere crecer necesita dinero; el dinero viene del Estado o del crimen organizado; ambas fuentes tienen sus condiciones. La independencia real es financieramente inviable dentro de las reglas del juego vigentes.

El tercero es el control territorial de la violencia. En las elecciones de 2024, más de treinta candidatos fueron asesinados durante la campaña y cientos se retiraron por intimidación. El crimen organizado no interfiere en la democracia mexicana como un agente externo que la corrompe; la administra desde adentro, decidiendo quién puede competir y en qué territorios. Cualquier movimiento político que intente romper esas reglas no escritas enfrenta costos que van mucho más allá de la derrota electoral.

Una conversación más honesta sobre las salidas

Me cuesta generar propuestas ante un status quo que se basa en términos burdos en un plata o plomo. Si el sistema coopta, si el financiamiento captura, si la violencia administra el territorio, ¿dónde está la salida?

No tengo una respuesta holística, pero puedo mostrar ejemplos de éxito.

La primera es el poder municipal. Los cambios más duraderos en la política mexicana han ocurrido desde abajo: Coalición Obrera Campesina Estudiantil del Istmo en Oaxaca (COCEI), experiencias de autonomía indígena en Cherán, gobiernos locales en ciudades medias donde la proximidad entre gobernantes y gobernados hace más difícil la impunidad; no son perfectas, pero son un comienzo, la escala importa.

La segunda es la sociedad civil organizada con agenda específica. No las ONG genéricas de gobernanza, sino organizaciones con objetivos concretos y métricas de éxito: fiscalización de contratos públicos, litigio estratégico, periodismo de datos. México Evalúa, IMCO, Mexicanos Contra la Corrupción han logrado resultados documentables dentro de un sistema que en teoría debería neutralizarlos. No transforman el sistema, pero crean costos reales a la impunidad.

La tercera, y quizás la más difícil de sostener sin caer en el voluntarismo, es la participación electoral consciente y exigente. No el voto de castigo que instala a cualquier oposición, sino el voto con memoria, con seguimiento, con capacidad de retirar el apoyo cuando la promesa se traiciona. Eso requiere ciudadanos informados, y la información requiere medios independientes que sobrevivan económicamente, y la sobrevivencia económica requiere audiencias que paguen por el periodismo. Es una cadena larga y frágil. Pero es la cadena que existe, las democracias más exitosas, están acompañadas de una prensa libre y protegida. Preguntémonos entonces por que matan a tantos periodistas.

Ninguna de estas respuestas es suficiente por sí sola. Ninguna garantiza nada. Y es precisamente aquí donde me permito salir del análisis un momento para decir algo más personal.

Una pregunta que duele

A veces me pregunto, y siendo honestos con dolor, si hay un futuro en el que México deje de pagar el costo de no aprender de su historia. No lo digo como figura retórica, lo digo porque la repetición del ciclo (reforma, cooptación, decepción, apatía, nueva reforma) ya no parece una falla del sistema, sino su funcionamiento más perfecto. Y si el sistema reproduce deliberadamente la creencia de que el cambio es imposible, entonces el problema más profundo no es la corrupción en sí: es la resignación que la corrupción produce.

La resignación es el producto más valioso que el sistema genera. Más que el dinero público desviado, más que los contratos amañados, más que los votos comprados: la convicción de que nada cambia es el mecanismo de control más eficiente que existe.  Porque el ciudadano resignado no organiza, no denuncia, no exige. Solo sobrevive. Y en esa sobrevivencia cotidiana, sin querer, sostiene exactamente el sistema que lo agota.

Movimiento Ciudadano no inventó este ciclo, pero al reproducirlo con tanta eficiencia bajo la bandera del cambio ciudadano, contribuye a profundizarlo. Y eso, más que sus escándalos concretos, más que sus chapulines y sus vínculos documentados, es lo que hace de MC un problema político de primera magnitud: no por lo que es, sino por lo que destruye al pretender ser lo que no es. Y como el habrá más partidos, más decepciones, hasta que nos levantemos de este sueño colectivo en el que parecemos estar desde hace siglos.

  • (Diego Alfonso Vázquez Pérez, nacido en Villahermosa, Tabasco, colaborador habitual de Presente. Es licenciado en Derecho por la UNAM, cuenta con estudios en Geografía por esta misma casa de estudios, además de contaduría y finanzas públicas en el IPN)