MORENA Tabasco, la hora de comprender y definirse

partidos de izquierda

Un llamado urgente a la conciencia y la acción desde el sureste de México

El 3 de enero de 2026 marcó un antes y un después en la geopolítica latinoamericana. La captura del presidente venezolano Nicolás Maduro por fuerzas estadounidenses, bajo el mando de Donald Trump, no fue un hecho aislado ni una simple operación de política exterior: fue una señal clara del retorno explícito de la Doctrina Monroe, ahora sin eufemismos diplomáticos. América Latina volvió a ser concebida como patio trasero estratégico, y el mensaje fue contundente: la soberanía de los pueblos está nuevamente en disputa.

Este hecho obliga a una reflexión profunda en los partidos de izquierda de la región, y en particular en Morena, tanto a nivel nacional como en Tabasco. El movimiento que nació como una alternativa histórica frente al neoliberalismo, la corrupción y la subordinación externa, hoy enfrenta el reto de comprender que el escenario ya no es el mismo. La pasividad, la grilla interna y la lógica exclusivamente electoral resultan insuficientes ante un contexto internacional cada vez más agresivo.

Morena surgió como un movimiento-partido, con vocación popular, formativa y transformadora. Sin embargo, en los últimos años se ha observado una despolitización progresiva de su base, sustituida por disputas de grupo, luchas por cargos y una burocratización que ha debilitado su capacidad de respuesta estratégica. El golpe geopolítico del 3 de enero evidenció esta fragilidad: no hubo una postura sólida, articulada ni pedagógica hacia la ciudadanía.

Estados Unidos, bajo Trump, ha dejado claro que su política exterior hacia América Latina se basa en intervención directa, presión económica y control geoestratégico, particularmente en regiones con recursos energéticos clave. Según datos de la Administración de Información Energética (EIA), Venezuela concentra las mayores reservas probadas de petróleo del mundo, mientras que América Latina en su conjunto posee cerca del 20% de las reservas globales de crudo. Pensar que estas acciones no responden a intereses estructurales es ingenuo.

Ante este panorama, Morena no puede limitarse a comunicados tibios o silencios incómodos. No es tiempo de pasividad ni de simulación política. Es momento de asumir que la disputa central ya no es solo electoral, sino cultural, ideológica y geopolítica. La llamada "guerra cultural" no se gana desde oficinas ni redes sociales desconectadas del pueblo, sino desde la formación política, el debate público y la presencia territorial.

En Tabasco, tierra históricamente politizada y con profundo arraigo en la construcción de la izquierda mexicana, este reto es aún mayor. Morena debe volver a las calles, a las asambleas, a la pedagogía política popular. No basta con administrar el poder: hay que politizarlo. La ciudadanía requiere comprensión clara de lo que ocurre en América Latina, de cómo las decisiones imperiales impactan la economía, la seguridad y el futuro del país.

Otro punto crítico es la congruencia de los actores políticos. Un movimiento que se asume transformador no puede permitirse representantes que contradigan en la práctica los principios que enarbolan en el discurso. La falta de coherencia erosiona la credibilidad, debilita la autoridad moral y abre espacio a narrativas conservadoras que avanzan precisamente en el terreno cultural que la izquierda ha descuidado.

Morena necesita reconstruir una visión internacionalista clara, que articule la defensa de la soberanía nacional con la solidaridad entre los pueblos de América Latina. La tradición diplomática mexicana de no intervención no puede confundirse con indiferencia. Defender la autodeterminación hoy implica posición política, claridad discursiva y acción organizada, no neutralidad vacía.

El contexto global es claro: el mundo avanza hacia una reconfiguración de bloques, con Estados Unidos endureciendo su política hemisférica, mientras China y Rusia disputan influencia. En ese escenario, México y sus fuerzas progresistas deben decidir si serán sujetos políticos activos o simples espectadores.

Si Morena no asume este momento histórico, corre el riesgo de perder su esencia como movimiento de transformación y reducirse a una maquinaria electoral sin proyecto civilizatorio. La historia no espera, y los pueblos tampoco.

Hoy más que nunca, Morena debe definirse: o lidera la defensa de la soberanía, la conciencia política y la dignidad de los pueblos, o quedará atrapado en la inercia de la administración del poder.

"POR LA CONGRUENCIA, POR LA DIGNIDAD Y POR LA SOLIDARIDAD ENTRE PUEBLOS". (* Militante de MORENA Tabasco)