NOTA BENE

Ante el acoso denuncia… Siempre

El problema del acoso sexual no es un asunto menor que pueda ser tratado como si fuera un mal que nos ha venido impuesto por la naturaleza humana o como si nos haya caído un castigo divino. Es este un tema cuyo origen, y también su solución, pasa por la educación en la escuela y dentro del seno familiar. El acoso sexual no puede entenderse fuera del profundo sentimiento machista que se respira en México, en general, y en Tabasco en particular.

Y el machismo se enraíza desde la niñez cuando los hijos y las hijas observan lo que hacen, y no hacen, los padres y sus familiares más cercanos. Recientemente hemos visto como jóvenes mujeres universitarias reclamaban al Rector de la UJAT, Jesús Manuel Piña, que no intervenga contra los acosadores que se encuentran dando clases en las aulas como catedráticos o maestros.

El problema es que cifran sus cálculos en 200 acontecimientos de este tipo, aunque no se han denunciado nada más que unos cuantos. Y ahí es donde nos encontramos con un muro difícilmente salvable. Hay que denunciar si o si.

No se puede avanzar en la solución de este problema haciendo círculos o sin denuncias y sin sustento ni evidencias. Solo denunciando podremos acabar con este cáncer de nuestra sociedad.

Hizo bien Adán Augusto López, gobernador del estado, que dijo que “me preocupan los casos de acoso sexual, no solamente en las universidades del sector educativo sino también en el ámbito laboral, exhorto a que quien se vea afectado por este tipo de delito, presente las demandas correspondientes ante la Fiscalía General del Estado de Tabasco”.

Posiblemente ese es un punto que merece un aparte ya que se entiende que la mujer que haya sufrido el acoso necesite de un tratamiento diferenciado sobre los denunciantes de otro tipo de delitos.

Es por ello que sería muy bien recibida la creación de un área especialmente entrenada para este menester de parte de la Fiscalía, que con ello cumpliría un papel fundamental como es el de trasladar al ciudadano que hay sensibilidad y deseo de acabar con todos aquellos delitos que sangran a los valores de la sociedad.

El otro detalle sería que se adaptaran nuestras leyes al daño que causa este tipo de actitud delincuencial y fueran castigados con las penas más severas los acosadores, incluyendo inhabilitación de ser funcionarios públicos, y que además sintieran en su entorno familiar y de amistades el rechazo más absoluto a sus conductas.

Puede parecernos una anécdota pero podríamos empezar por censurar los piropos, que en sí mismos encierran el germen de la cultura machista que se desarrolla en otro tipo de expresiones que consideramos cotidianas “(seguro que conduce una mujer…cuando vemos que alguien no maneja con habilidad)” pero que para la mujer encierran un “mini acoso” continuado en toda su vida social o laboral.

El acoso sexual es solo una variante, posiblemente de las más graves, del acoso que sufre la mujer en muchos órdenes de la vida y eso solo se puede erradicar desde la escuela, cuando enseñemos a nuestros hijos e hijas que todos somos iguales y tenemos los mismos derechos y deberes y como tal debemos de tratarnos. De momento, para paliar los efectos tan dañinos de esta epidemia, no queda otra que denunciar siempre. Lo contrario es permitir que aumenten las víctimas.