Periodismo y siglo XXI

Retorno a Monsiváis y el lenguaje

Carlos Monsiváis (1938-2010) visitaba universidades de México para dar (no dictar) conferencias que eran paseos culturales y periodísticos. Se concentraba en facultades de Comunicación y sobre la marcha (sin textos preparados, sin apuntes a la vista) lanzaba ideas estimulantes sobre México en diversas direcciones: democracia y sociedad civil, ciudadanía organizada y problemas sociales, alertas sobre discriminación y crítica a medios corporativos que amplificaban el discurso del poder político. Radar cultural con ironía y humor, Monsiváis se tomaba en serio el no tomarse en serio.

         Más allá de su voracidad como lector (parecía que lo había leído todo) y de la diversidad cultural abarcadora de infinidad de temas, lo que sobresale en sus intervenciones como conferencista es: respeto gozoso por el lenguaje. No la solemnidad acartonada del erudito encerrado en su torre de marfil: lenguaje vivo que se contagia como curiosidad y placer.

Ahí comenzaba la jerarquía cultural de Monsiváis en México: amor por el lenguaje. Su postura, para interrogar las culturas del mundo: "asimilar, sin asimilarse".                

En el siglo XXI, pareciera que todo periodismo es imagen. A la fórmula ´periodismo es imagen´, creo que Monsiváis ensayaría la lección clásica: periodismo es lenguaje.        

Mis globos no tienen que ver con globalización

Ensayemos, por una vez, la discrepancia con Monsi. Interrogado sobre la globalización que era palabra fetiche en los años 90s, planteó: "En cuanto al papel devastador de la globalización, creo que es otro determinismo. Hemos vivido absolutamente una cultura marcada por el determinismo y hoy una de las formas, quizá la forma más extensa y extenuante del determinismo es la idea de la globalización como reducción de todo a un sólo patrón de conducta, a un sólo hecho, a un sólo programa de televisión prendido simultáneamente en todo el mundo, a un sólo comercial y a una sola forma de demagogia, que permite al futuro las realizaciones y deja para el presente las promesas." Si algo cambió la globalización, en el consumo cultural planetario, es la tentación del pensamiento único. Existe multiplicación del consumo cultural y por ello, en todo caso, no hay una sola forma de demagogia. Si acaso, la diversificación de conductas vía productos se maneja para neutralizar el pensamiento crítico. En eso todavía resiste el paso del tiempo la visión de Monsiváis sobre la globalización unidimensional. Quizás detrás de la diversidad cultural que se propone en mensajes y productos, subyace una estructura/sistema que todo lo absorbe.

De todos modos, es preciso pensar el sistema cultural/mercantil desde la posibilidad que entrevió Umberto Eco en el lejano año de 1965: "un aumento cuantitativo de la información, a través de los medios de comunicación de masas, tarde o temprano produce una mutación cualitativa de la cultura", o -por lo menos- efectos insospechados por los emisores/dueños/empresas.

Las batallas culturales son impredecibles, zigzagueantes, errabundas. No siempre gana el Big Brother.                             

Respeten al camarada lenguaje

Donde sigue siendo exquisitamente infalible Monsiváis es en la arenga por el lenguaje. El periodismo, de cualquier tipo y de cualquier plataforma, depende de la palabra. Escribió en 2008: "Ahora el noventa por ciento de los periodistas procede de las escuelas. Cuando yo empecé en el periodismo, era cero el número proveniente de las universidades. Sin embargo, considero que el énfasis en el lenguaje está reduciéndose. Ése sí es un problema serio porque el resultado es un periodismo muy escueto, donde la riqueza del idioma nunca está presente." No se trata de escribir poemas. Se trata de claridad y exactitud en el manejo del lenguaje. "Por lo menos, esa es la experiencia de México y casi de toda América Latina [pobreza de la expresión periodística]. Entonces, lo que se ligó mucho tiempo con el periodismo está desapareciendo, que eran los escritores que trabajaban en el periodismo, o los periodistas que querían ser escritores. Un García Márquez no se está dando." No seamos tan ambiciosos, don Carlos: déjelo en compromiso con la sintaxis y vocabulario amplio. "Ese caso [descuido del lenguaje, por periodistas que no se conciben escritores] sí es mucho más pesado que la tecnología. Ésta ha sido un alivio extraordinario, pero la idea que el idioma es un instrumento ´al servicio de´, y no la esencia del trabajo, me parece que está cada día más presente. El resultado es un periodismo terriblemente pobre desde el punto de vista de la lectura." Contra ese periodismo simple y chato, sin garra lingüística, consúltense los libros de Monsiváis. Y aclaro: el respeto por el lenguaje no tiene por qué ser seriedad andante.

         ¿Hay futuro, con buen manejo del lenguaje, en el periodismo regional? Depende mucho de las nuevas generaciones y de sus hábitos de lectura.