Preguntas sobre el quehacer periodístico: ¿el periodismo tiene que investigar a secas o teatralizar la investigación?, ¿qué objetivo ético, desde la mirada ciudadana, tienen investigaciones periodísticas con fuentes anónimas?, ¿debe un periódico/medio asumirse como la fuente de una filtración, saltándose la mediación -ir a las fuentes, colocarse como puente entre el gobierno y la sociedad- que es su principal función?
En las preguntas hay conceptos por aclarar, para comprender lo que está en juego. Teatralizar la investigación: capacidad del periodista o de un medio para hacerse notar y colocarse en el centro del debate, en lugar de que la información que ofrece sea motivo del debate; objetivo ético: finalidad que tiene, por veracidad de lo investigado, consecuencias positivas para la sociedad; filtración en periodismo (IA de Google): "divulgación no autorizada de información confidencial, secreta o privilegiada a los medios por parte de fuentes interesadas, usada para denunciar malas prácticas, generar escándalos o influir en la opinión pública. Es una herramienta clave para el periodismo de investigación, pero requiere contrastar la información para evitar manipulación o desinformación."
En estas preguntas, la ética de verificación de hechos y fuentes queda en entredicho. En el siglo XXI, la ética flexible del quehacer periodístico se estira más. La tecnología como apoyo y, especialmente, la Inteligencia Artificial como posibilidad de invención, dificultan identificar lo falso y lo verdadero en las noticias. No se sabe con claridad hasta dónde llegará esta tendencia que resta ética al periodismo. Atrás queda la idea de Marguerite Yourcenar (Opus Nigrum, 1968): "Envidio a aquellos que sabrán más que yo, pero también sé que tendrán que medir, pesar, deducir, exactamente igual que yo, y ver en lo falso parte de lo verdadero y tener en cuenta en lo verdadero la eterna mixtión [mezcla] de lo falso. Jamás me agarré a una idea por temor al desamparo en que caería sin ella. Nunca aliñé un hecho verdadero con la salsa de la mentira, para hacerme su digestión más fácil."
Ideas en el límite
Artículo 19 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos (1950): "Todo el mundo tiene derecho o libertad de opinión y expresión; este derecho incluye la libertad para mantener opiniones sin interferencia y para buscar, recibir y difundir información e ideas a través de cualquier medio sin consideración de fronteras". Aquí está el punto de partida normativo del periodismo contemporáneo. Nada se dice, desde luego, sobre periodistas y medios que teatralizan la investigación. Los códigos de ética no establecen reflexión alguna sobre los periodistas por hacerse más importantes que la información difundida. ¿Cómo lo hacen? Narrando sus dificultades, inventadas o reales, para realizar una investigación.
¿Y las fuentes anónimas, respaldadas por el secreto profesional? Hay situaciones de vida o muerte (para el periodista y sus informantes) que acreditan esa decisión. Sin embargo, es visible el manoseo de esta decisión que se abarata cada vez más por investigaciones sesgadas. No hay cómo decidir una postura general: hay que revisar caso por caso.
Las filtraciones con el medio como fuente apuntan a una manipulación de un actor público que utiliza al medio como escudo: por ahí lanza la piedra y esconde la mano. ¿Hay que repensar este tipo de periodismo en la era de ´fake news´? Puede hacerse algo: si no hay posibilidad de sanción legal, la ciudadanía puede ejercer una sanción moral hacia el medio proclive a las filtraciones. Prestigio y reputación del medio están en juego.
Coberturas
¿Cómo se realiza la selección y cobertura de sucesos significativos? Reportero de Monterrey falsifica una credencial electoral (1994) y realiza un reportaje sobre "fraudes"; en 1997, una turba de paparazis persigue en París a Lady Diana Spencer y Dodi Al Fayed, que mueren en accidente automovilístico. Tres periodistas son juzgados por homicidio imprudencial; el diario Herald Tribune de Chicago (1998) monta un bar para documentar tráfico de drogas y prostitución. Publican un reportaje sin mencionar su montaje. Ganan el premio Pulitzer. Se descubre la maniobra y los miembros del jurado retiran el galardón. Hubo fuerte debate sobre ética y verdad en el periodismo, como ocurrió con el libro Cabeza de turco (1985) del alemán Günter Wallraff, que se disfrazó de obrero migrante para documentar de primera mano el maltrato laboral en fábricas de Alemania. Hubo juicio contra Wallraff, "por violar más de 100 leyes laborales". El periodista afirmó: "lo volvería a hacer, para documentar injusticias sobre los que no tienen voz".
El debate sobre coberturas periodísticas, y cómo se realizan, seguirá.
De los ejemplos anteriores, por Wallraff metería las manos al fuego.