El agua un recurso natural, al cabo de la exterminación de los ecosistemas por la propia humanidad demoledora que en la sinrazón destruye todo a su paso, transitó de ser un recurso hídrico infinito a ser finito, en una acelerada extinción porque con una evidente ausencia de la exuberante flora y fauna de antes ya no se tienen condiciones para los ciclos normales de precipitación que hacían fértil la tierra y sus cultivos, además de ser el centro del engranaje para la vida entre las colectividades, que con gradualidad se encaminan hacia la madre de todas las guerras entre naciones y al interior de estas, entre civilizaciones.
Incluso en medio de la guerra bélica que se tiene en el Oriente Medio con todas las naciones y sumado los Estados Unidos de América contra Irán, el régimen de los Ayatola que ya anunciaron que además de destruir refinerías también apuntarán a las infraestructuras desalinizadoras de Israel, que de darse el caso crearían una inconmensurable crisis para el consumo humano y de sus cultivos ante una escasez natural.
El agua es actualmente el principal factor de desigualdad socioeconómica. Con más del 50 por ciento del territorio nacional mexicano bajo condiciones de estrés hídrico no sustentable, el impacto se siente de dos formas.
La brecha de suministro; mientras en estratos altos solo el 17 por ciento de los hogares recibe agua por tandeo, en los sectores populares esta cifra escala hasta el 49.5 por ciento, que afectan la salud y la productividad diaria.
Para este 2026 en el contexto de la inversión estratégica un 70 por ciento del presupuesto del sector se concentra en obras de gran escala como la Presa Milpillas en Zacatecas, la Desaladura Rosarito en Baja California y el saneamiento de ríos críticos como el Atoyac, Lerma-Santiago y Tula.
Con razón, entre dignatarios los Estados Unidos de América le exigió en diciembre pasado a su vecino los Estados Unidos Mexicanos el resarcimiento del déficit de agua al que están obligadas ambas naciones, con el sustento en el tratado bilateral sobre el particular en la ministración de los afluentes fronterizos que comparten, entre estos el Río Bravo. Hubo que ceder y cumplir para que ese recurso vital destinado para la subsistencia, el consumo humano y cultivos de este lado pasaran al otro lado, a los territorios texanos.
Entre las naciones socias del TMEC, México es la que menos reserva de agua dulce tiene detrás de Canadá y de los Estados Unidos de América; el problema se agudiza porque aquí no hay una cultura del aprovechamiento ni del cuidado.
Por lo contrario, los cuerpos de acuíferos aquí están contaminados al extremo por las propias colectividades, ante la nula educación cívica, sumado a una educación cero para racionalizar y las fugas que se tienen al interior de los hogares, así como en las calles.
Un indolente desdén por parte de las autoridades y de la sociedad que poco o nada de criterio hay de poseer una conciencia siquiera para asumir una responsabilidad de comportamiento cívico; esta carencia transitó de una anormalidad a una normalidad incluso en el sureste del país en donde se tuvo la séptima reserva mundial entre los territorio de Tabasco y Chiapas, tres lustros después ya no hay ni lo uno ni lo otro, aunado a la turbiedad.
El estiaje, la sequía por ausencia de lluvias que antes era cíclico se extendió a casi todo el año, con impacto en la pérdida de los cultivos y en los estándares de la actividad ganadera venida a menos, sin que tampoco se tengan políticas públicas estructurales implementadas para revertir esta situación.
Pensar en instalar en grandes infraestructuras desalinizadoras de tecnología israelí en estos momentos es improbable, habida cuenta la extensa mancha de contaminación de petróleo en las costas del Golfo de México, de extremo a extremo entre Veracruz y Campeche, con Tabasco en medio. Los hidrocarburos en el descuido de los excesos gubernamentales se ha convertido en la gran desgracia nacional.
Nada más no se puede creer que México de donde surgió nativo el maíz ahora ante la insuficiencia de producción más el recurso hídrico debe importarlo para abastecer la demanda nacional; inadmisible realidad para un país que aporta al mundo uno de los alimentos más preciados
La alcaldía Iztapalapa de la Ciudad de México es el botón de muestra en donde el agua es un recurso natural que ancestralmente está casi extinto sin que hayan estas políticas públicas estructurales para remedarle, sobre todo en las zonas populares y de alta marginación.
Un asunto que se extiende a toda la capital del país y a y a gran parte del territorio del Estado de México. Pero igual el sismo problema se tiene en las entidades del bajío como Guanajuato, incluido el municipio de Irapuato y su alta producción de fresas; peo el norte mexicano demandan una alto volumen del recurso hídrico que no se tienen ni para consumo humano ni para operar los sistemas de riego implementados en sus cultivos.
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