Las organizaciones sindicales de trabajadores emergidas de las luchas por dignificarles, respetarle, además de gestionar condiciones laborales justas, dejaron de serlo al constituirse sus liderazgos en auténticos caciques vitalicios con voracidad de tener el máximo de los provechos personales y facciosos, incluso políticos y como mercenarios, mientras al gremio le tienen con engaños y amenazas, obligados a acatar la militancia en marchas, plantones, entre otras prácticas ilícitas, con marginal beneficio. En su limitado criterio cada trabajador es esclavo moderno de la época porfirista.
Más que un dolor de muelas trascendido por igual a la instancia gubernamental como al empresariado, la autoridad y el motor de la economía en condiciones similares son forzados a ceder por unas «conquistas sindicales», con las consecuentes mermas en las respetiva hacienda pública y márgenes de ganancias en las unidades de negocios.
Los sindicatos llegan a tener tal poder y prestaciones que rebasan lo permisible que por ello no miden las consecuencias de sus ambiciones como para quebrar al gobierno o una organización empresarial; sucedió con el Sindicato Mexicano de Electricistas asfixiando a Luz y Fuerza del Centro al quedar insolvente; en octubre de 2009 el Gobierno Federal declaró la extinción. De entonces a la actualidad mantienen el chantaje.
La Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación atentan a los alumnos, cuando deberían ser ejemplo de civismo al revés en sus movilizaciones practican actos vandálicos al grado de incendiar inmuebles, o bien bloquean autopistas por exigencias inadmisibles. Aunque ninguna responsabilidad se les impone.
Qué «secretario general» de cualquiera de los sindicatos vigentes y pasados se ocupa por negociar en buena lead por sus agremiados, cuando sólo miran por sus propios sustanciosos beneficios inherentes a su posición; unos profesionales de la extorsión escalando a cargos legislativos; diputaciones locales y/o federales, y/o senadurías. Argumentan representar a la clase trabajadores, en pro de mejorarle en su estatus.
El extinto Carlos Romero Deschamps y Ricardo Aldana Prieto, secretario general y tesorero del Sindicato de Trabajadores Petroleros de la República Mexicana, destacan entre los impresentables personajes, cuando en el contexto de la campaña presidencial del año 2000 recibieron 1 mil millones de pesos de Petróleos Mexicanos destinados a «financiar» la campaña del candidato priista, Francisco Labastida Ochoa; esa misma cantidad que representó en multa impuesta mediante resolutivo de fiscalización por el Instituto Federal Electoral.
Dada la cuota sindical por parte del Partido Revolucionario Institucional, aprovecharon Romero Deschamps para ocupar una senaduría y Ricardo Aldana Prieto una diputación, ambas plurinominales. Posiciones que se alternaron por el blindaje del fuero legislativo para evitar ir a prisión. El expresidente Felipe Calderón Hinojosa los tuvo en la mira, aunque Manlio Fabio Beltrones desde el senado y Emilio Gamboa Patrón en la Cámara de Diputados lo impidieron. El secretario general de aquellos tiempos hoy es «secretario general» y lo logró mediante una farsa democrática, extorsionando a los obreros.
En el anecdotario queda aquel 9 de julio de 2019 cuando en un restaurantes de Las Palmas de Reforma de la Ciudad de México se reunieron para comer Carlos Romero y Juan Collado, este destacado abogado que lo fue entre otros de los expresidentes Carlos Salinas de Gortari y Enrique Peña Nieto. Cuando ministeriales de la Fiscalía General de la República irrumpieron, el líder petrolero pensó que iban por él, pero se llevaron a su representante legal.
En la actualidad figura y destaca la presencia del diputado Pedro Haces Barba, «secretario general/dueño» de la Confederación Autónoma de Trabajadores y Empleados de México, la CATEM, quien goza de una inocultable vida extravagante incluso como legislador, mientras que sus agremiados tienen marginales beneficios; otros como Edgar Rodríguez Cabrera, el «Limones» que era líder sindical de Sinaloa se asoció con organizaciones delincuenciales, y fue extorsionador de productores agrícolas. El propietario de esa organización obrera como diputado se opuso a la iniciativa de las 40 horas de trabajo.
El legislador y secretario general de la CATEM incluso con la complicidad del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación obtuvo en 2020 el registro de su partido político «Fuerza por México», violando el artículo 41 constitucional que prohíbe el corporativismo, del cual obtuvo jugosa ganancia por vender al mejor postor posiciones de diputaciones plurinominales.
Pero de entre todos los farsantes de «secretarios generales» que en la retórica afirman representar a la clase trabajadora, sobresale la figura de Fidel Velázquez quien durante medio siglo fungió como tal; en paralelo cuatro ocasiones fue senador de la República y otras tres como diputado federal, siempre priista con una injerencia dominante en el gobierno, al grado que fue encargado de destapar a las candidaturas de los presidentes de México. Cada cumpleaños los líderes sindicales de la CTM y políticos hicieron su vaquita para que conforme a la edad regalarle esa misma cantidad de centenarios, murió el 21 de junio de 1997.
Dos años antes, en 1995 un líder sindical de los telefonistas de nombre Francisco Hernández Juárez en su visita a Tabasco concedió una entrevista periodística, entonces aseguró que no pretendía «jamás» emular a Fidel Velázquez; discurridos 31 años todavía en 2026 continúa como «secretario general» y en el mismo sindicato; con los privilegios incluso de haber sido diputado federal en los tiempos de esplendor del PRD.
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