Mandato político interno en EEUU.
El gobierno de Donald Trump llegó con un mandato explícito de "detener a los cárteles cueste lo que cueste", apoyado en tres factores que están orientados a la salvaguarda de su seguridad nacional: primero, la crisis de opioides y las muertes por fentanilo; segundo, la percepción de que los cárteles facilitan el ingreso de individuos en listas de terrorismo; tercero, la narrativa electoral de "mano dura". La combinación de estos tres factores ha hecho que la narrativa estadounidense, con base en cualquiera de esos tres factores o por combinación entre ellos, ya domine el marco de decisiones y de potenciales operaciones extraterritoriales. México opera dentro de un discurso que no definió, pero que ahora lo condiciona.
La trazabilidad de la narrativa estadounidense.
En febrero de 2025, por el Departamento de Estado de Estados Unidos designó oficialmente a ocho organizaciones criminales transnacionales como organizaciones terroristas extranjeras (FTO) y terroristas globales especialmente designados (SDGT). Dichas designaciones incluyeron a seis cárteles mexicanos: Cártel de Sinaloa, Cártel Jalisco Nueva Generación, Cártel el Noreste (antes Los Zetas), Cártel del Golfo, La Nueva Familia Michoacana y Cárteles Unidos. La medida fue impulsada por la orden ejecutiva firmada por Donald Trump el 20 de enero del 2025, con el objetivo de combatir el tráfico de drogas ilícitas y tácticas. Esto cambio por completo el marco jurídico de actuación y muestra que Estados Unidos ha reconfigurado formalmente su política de seguridad hacia México, y lo ha hecho bajo tres pilares:
- Permitir operaciones extraterritoriales contra objetivos considerados amenazas directas.
- Ampliar la jurisdicción para procesar a mexicanos en cortes estadounidenses.
- Justificar acciones unilaterales bajo la doctrina de "self-defense" y la extrapolada Doctrina Monroe de América para los americanos, ahora "Donroe", de América (y el mundo) para Donald Trump.
Preparación de operativos.
Los análisis de seguridad indican que EEUU ya ha desplegado capacidades de inteligencia y operación que pueden emplearse contra objetivos en México. Por ejemplo, los sobrevuelos para reconocimiento e inteligencia del avión Boeing RC-135V Rivet Join avistado en el Golfo de California y en Baja California a principios del 2025; incremento de presencia militar en la frontera; el temporal estacionamiento de fuerza naval en costas mexicanas; los drones de reconocimiento MQ-9B Sky Guardian que sobrevolaron parte del Estado de México (Valle de Bravo); las operaciones navales en el Caribe y los ataques selectivos contra embarcaciones de contrabando. En conjunto, todas esas capacidades, despliegue, presencia y operaciones forman parte de un incremento de la vigilancia enfocada en actividades de los cárteles, particularmente Baja California, Sinaloa y la frontera con Texas. Aunque se han realizado cerca del espacio aéreo, despachos oficiales dejan constancia de que son actividades consentidas entre ambos gobiernos o misiones que ocurren sobre aguas internacionales.
En otras palabras, la infraestructura para una intervención focalizada y limitada ya se ha dispuesto y está operando.
¿Habrá incursiones policiales o militares en México?
Los centros de investigación estadounidenses coinciden en que una invasión o despliegue masivo de tropas es improbable, pero operaciones quirúrgicas sí son plausibles. Lo más probable es que veamos, como en el caso de Nemesio Oseguera, operaciones con efectivos militares o de la Guardia Nacional ejecutando golpes selectivos contra laboratorios de fentanilo, operaciones de captura o eliminación de líderes específicos, acciones encubiertas con fuerzas especiales, detención de políticos o funcionarios mexicanos acusados de colusión con cárteles. Pero también, lo menos probable será una ocupación prolongada o un "Plan Colombia" impuesto por la fuerza o un despliegue de miles de soldados en territorio mexicano.
¿Con o sin permiso de México?
Ambos escenarios están sobre la mesa. Con permiso: bajo presión diplomática, como parte de un "acuerdo ampliado" de seguridad. Sin permiso: si EEUU argumenta amenaza inminente a su seguridad nacional.
La ventana de riesgo aumenta cuando México no controla un territorio o cuando un evento de alto impacto (ataque, muerte de estadounidenses, atentado) ocurra en nuestro suelo.
¿Seguirá deteriorándose la relación bilateral?
La relación ya está en un punto de asimetría extrema. Los hechos recientes —extradiciones masivas, el caso de El Mayo Zambada, el de El Mencho, la exclusión de México de la Cumbre del Escudo de las Américas, la presión pública sobre la presidenta Sheinbaum— encajan con un patrón claro: Estados Unidos está imponiendo la agenda. La cooperación ya no es "bilateral", pues nuestros vecinos están definiendo prioridades a las que México reacciona, prevaleciendo la narrativa dominante de que México no controla su territorio y que México ha perdido capacidad de negociación. El mensaje es contundente y claro: la exclusión de foros regionales y de mesas internacionales de seguridad es un mensaje directo:
"Si no cooperas, te aislamos".
El deterioro continuará mientras México no recupere control territorial.
La presión estadounidense no disminuirá porque:
- El fentanilo sigue siendo un problema político interno en EEUU.
- La frontera es un tema electoral permanente.
- La designación de FTO crea obligaciones legales para Washington.
En síntesis: sí, la relación seguirá deteriorándose, salvo que México adopte una estrategia de seguridad más agresiva y verificable.
Conclusiones.
· La trazabilidad es clara: EEUU ha construido un marco jurídico, político y operativo que justifica acciones directas contra cárteles en México. La narrativa estadounidense ya domina el marco de acción y México está operando dentro de un discurso que no definió, pero que ahora lo condiciona.
· Incursiones limitadas son plausibles: no veremos una invasión, pero sí son posibles ataques selectivos, operaciones encubiertas y exfiltración de objetivos de alto valor político.
· La relación bilateral seguirá tensándose: México está siendo desplazado de los espacios de decisión regional y tratado como un "riesgo de seguridad", no como un socio.
· La relación bilateral continuará deteriorándose si México no redefine su estrategia de seguridad con resultados verificables.
· El riesgo no es solo militar, sino diplomático, económico y reputacional. (Colaboración para Diario Presente del sábado 14 de marzo del 2026.)