Los tiempos actuales merecen ser vistos a través de los ojos que miran hacia el pasado, y esta expresión que pareciera extraída del baúl de dichos falsos, inventos sin importancia y verdades de Perogrullo, es mucho más válida en este mes de marzo —que bien podría ser llamado el mes del PRI—, y es que sin remontarse al 4 de marzo de 1929 cuando Plutarco Elías Calles fundó el Partido Nacional Revolucionario (PNR) que en 1938 se transformó en Partido de la Revolución Mexicana (PRM) y en 1946 en Partido Revolucionario Institucional (PRI), y simplemente estacionándose en marzo de 1994 se puede afirmar que con los dos hechos que sucedieron en ese mes el PRI quedó marcado con un antes y un después en su devenir histórico.
Y es que hay que traer a la memoria que: 1.- El 6 de marzo de 1994 el entonces candidato del PRI a la presidencia de la república dijo un discurso que trascendió el entorno del Monumento a la Revolución en la Ciudad de México, lugar en donde lo expresó; y 2.- El 23 de marzo de 1994 el entonces candidato del PRI a la presidencia de la república fue asesinado en la colonia Lomas Taurinas de Tijuana. Y los dos acontecimientos no hay que echarlos al canasto del olvido histórico. Al contrario, hay que tenerlos presentes, muy presentes, sobre todo el discurso dicho por Luis Donaldo Colosio Murrieta ahora que el PRI anda desorientado, por no decir perdido, sin rumbo, sin coherencia, sin consistencia narrativa y sin oportunidad real de convencer al electorado.
En esta necesidad del PRI de encontrar algún camino que zanje su permanencia en el festejo por su cumpleaños número cien en 2029, no parece nada aventurado especular que les caería como anillo al dedo que aquel famoso discurso del 6 de marzo de 1994 no hubiese sido dicho en aquel tan recordado día, sino que fuese expresado hoy porque con ello, según se puede deducir por los decires alucinados de su actual presidente nacional, el senador plurinominal Alejandro Moreno, "pondría en su lugar" al México del segundo piso de la cuarta transformación.
Y es que, imagínese distinguido lector de Diario Presente, lo que daría el PRI porque su imaginario aspirante a la presidencia en 2030, dijera en este 2026: "Veo un México de comunidades indígenas que no pueden esperar a las exigencias de justicia, de dignidad y de progreso; de comunidades indígenas que tienen la gran fortaleza de su cohesión, de su cultura y de que están dispuestas a creer, a participar, a construir nuevos horizontes".
Y eso de: Veo a campesinos "que no tienen las respuestas que se merecen"; a trabajadores "que no encuentran los empleos y los salarios que demandan"; a jóvenes :sin empleo ni oportunidades de educación"; a mujeres "sin oportunidades ni justicia"; a empresarios "desalentados por la burocracia"; a profesionistas "sin empleo".
Y aquello de: "Veo un México con hambre y sed de justicia. Un México de gente agraviada por las distorsiones que imponen a la ley quienes debían de servirla. De mujeres y hombres afligidos por abusos de las autoridades o por arrogancia de las oficinas gubernamentales".
Y seguir con: "Veo a ciudadanos angustiados por la falta de seguridad, ciudadanos que merecen mejores servicios y gobiernos que les cumplan. Ciudadanos que aún no tienen fincada en el futuro la derrota; son ciudadanos que tienen esperanza y que están dispuestos a sumar su esfuerzo para alcanzar el progreso".
Y terminar con un llamado a la esperanza y con la propuesta de que ellos son la solución: "Veo un México convencido de que ésta es la hora de las respuestas; un México que exige soluciones. Los problemas que enfrentamos los podemos superar".
Qué darían los priistas por poder decir todo lo anterior hoy en día en tiempos del segundo piso de la cuarta transformación. Pero no sólo los priistas, me atrevo a decir, sino toda la oposición, y como muestra está el intento fallido de rememorarlo por parte del fenómeno fallido que resultó ser la fallida candidata presidencial de la fallida Coalición Fuerza y Corazón por México —conformada por el PAN, el PRI y el ahora desaparecido PRD— cuando el 12 de noviembre de 2023 en el mismísimo Monumento a la Revolución, lo recordó pero muy mal. En lugar de decir "veo un México con hambre y sed de justicia", como expresó Luis Donaldo Colosio Murrieta, la aspirante convertida en suspirante a ocupar la silla presidencial durante 2024-2030, la ingeniera Xóchitl Gálvez, varias veces leyó en el teleprompter que veía un país con "hambre de sed".
Y sí. En verdad que no sé qué daría el PRI —y la oposición— para hoy en día poder decir aquello que dijo Luis Donaldo Colosio Murrieta en los tiempos dorados del neoliberalismo y del salinismo. Qué daría.