Venezuela: la transición diferida y los guardianes del Estado mínimo

dolor, celebración y la política

El texto que está usted por leer, es la segunda parte del artículo que en estas mismas páginas publicara el pasado 8 de enero con el título "Venezuela: la transición que aún no comienza", en el que concluí que la salida de Nicolás Maduro de la presidencia de Venezuela, no marcaba el inicio de la transición, sino el inicio de la fase previa, orientada a la reconstrucción mínima del Estado venezolano, para que la transición sea posible. Se dice que no hay texto sin contexto, y por eso en esta entrega, he procurado abordar los aspectos que se manifestaron globalmente, de muy diversas formas, después de la operación Resolución Absoluta .

Actitudes en choque: dolor, celebración y la política del tiempo.

Tras la captura de Nicolás Maduro, las reacciones se dividieron entre quienes defendieron al régimen y quienes celebraron la caída del dictador. Los primeros apelaron a narrativas de soberanía y antiimperialismo, mientras que los segundos expresaron alivio tras 26 años de terror. No existe simetría moral: una sociedad que sobrevivió al miedo tiene derecho a celebrar, aunque la transición aún no haya comenzado. Este choque de actitudes refleja la complejidad del tiempo político en Venezuela, donde el pasado reciente pesa sobre el presente y condiciona las expectativas futuras.

Delcy Rodríguez: continuidad bajo tutela y el arte de administrar el interregno.

La vicepresidenta asumió la presidencia para garantizar continuidad administrativa y evitar fracturas inmediatas. Su rol es mantener la burocracia operativa, coordinar con las fuerzas armadas y negociar con Washington. Sin legitimidad democrática, su margen depende de resultados y de las garantías que pueda ofrecer a los mandos militares. En este interregno, Rodríguez actúa como guardiana del Estado mínimo, asegurando que las funciones básicas del gobierno no colapsen mientras se negocian las condiciones para una transición más amplia.

Diosdado Cabello y Vladimir Padrino López: poder duro, garantías y umbrales.

Cabello preserva la cohesión del partido y las redes económicas, mientras Padrino López asegura la disciplina militar. Ambos buscan inmunidades y espacios de poder en cualquier transición. Sin garantías para ellos, no habrá entrega de mando ni estabilidad. La transición exige pactos de seguridad y justicia transicional que permitan desactivar las estructuras de poder que han sostenido el régimen, sin que ello implique una ruptura violenta o un vacío de poder.

María Corina Machado: legitimidad estratégica y diplomacia simbólica.

María Corina Machado, líder opositora venezolana, ha consolidado su respaldo internacional a través de gestos simbólicos como la presentación de su medalla del Premio Nobel de la Paz 2025 al presidente de Estados Unidos Donald Trump. Este acto representa un reconocimiento al papel de Washington en la ruptura del statu quo y la presión para la transición democrática. Sin embargo, esta diplomacia simbólica también polariza las narrativas internas y subraya la complejidad de negociar condiciones que mantengan la legitimidad y eviten el desgaste político en el proceso de cambio.

Machado custodia el mandato democrático y articula apoyo internacional. Su gesto con Donald Trump es un poderoso gesto de legitimidad y diplomacia. Su papel inmediato es negociar condiciones y evitar el desgaste de la legitimidad. Representa la voz de una oposición que busca mantener la presión política y diplomática para acelerar la transición, aunque enfrenta el desafío de equilibrar la radicalidad con la necesidad de acuerdos pragmáticos.

Edmundo González Urrutia: presidente electo en espera activa.

González Urrutia representa la continuidad democrática, pero carece de control estatal. Su rol es custodiar el mandato, negociar financiamiento y articular apoyo internacional. Sólo podrá asumir cuando exista un Estado mínimamente funcional: seguridad, presupuesto y servicios esenciales. Esta espera activa implica una tensión constante entre la legitimidad formal y la realidad práctica del poder, que condiciona la capacidad de gobernar efectivamente.

Epílogo contextual: crimen organizado y la sombra del Cartel de los Soles.

La captura de Maduro no disolvió las estructuras criminales incubadas durante décadas. El llamado Cartel de los Soles sigue operando, vinculado al narcotráfico y a redes militares. Según investigaciones y procesos judiciales en Estados Unidos, esta red criminal está integrada por altos mandos militares y funcionarios del régimen chavista, quienes han facilitado el tráfico de drogas, contrabando y corrupción institucionalizada. La transición política deberá enfrentar también la persistencia de estas economías ilícitas, porque sin desmontarlas el Estado seguirá contaminado. No hay texto sin contexto: el poder en Venezuela no se purifica por decreto ni por captura.

Tesis ampliada.

La salida de Maduro abrió la fase cero: estabilización y negociación, no transición plena. El futuro inmediato se define por tutelas externas, pactos internos y entrega escalonada de poder. Sin Estado mínimo, no hay transición; sin garantías, no hay entrega; sin cronograma verificable, no hay confianza. Esta tesis subraya la necesidad de un proceso gradual y pactado que permita reconstruir las bases del Estado y sentar las condiciones para una democracia sostenible.

Post scriptum: agradezco a Diario Presente la oportunidad de publicar quincenalmente en sus páginas a partir de hoy; es un privilegio que esporádicamente he disfrutado y, a partir de esta colaboración, me aventuro en la disciplina de cumplir con colaboraciones diversas para el exigente público de Presente Diario del Sureste. Gracias.