Viajeras del edén

Una obra valiosa por la atención que presta a un rincón específico del sureste mexicano

Hay una escena en "Hasta no verte Jesús mío", la novela de Elena Poniatowska, que ilumina desde la ficción buena parte de lo que la profesora universitaria Crystiam Estrada Sánchez ha investigado con las herramientas de la academia.

Jesusa Palancares —mujer indígena, oaxaqueña, soldadera y superviviente— llega a la Ciudad de México y la urbe la convierte en sirvienta, lavandera, presencia anónima en el umbral de casas ajenas. No obstante, su lengua, su memoria y su cosmología permanecen intactas bajo el delantal.

Poniatowska la escuchó en un lavadero de la colonia Guerrero y tardó años en comprender que aquello, más que una historia de vida, era el rumor subterráneo de un México ausente de los libros de texto. Lo que Poniatowska consiguió mediante la ficción, Estrada lo alcanza a través de la investigación; se trata de un mismo gesto de atención hacia las mujeres indígenas que las ciudades absorben sin mirar.

"Mujeres indígenas, viajeras del Edén. Tabasco y su cultura" (UJAT, 2025) examina un fenómeno que la literatura académica había relegado por su aparente modestia geográfica: la migración de mujeres chontales entre Tecoluta, primera sección —comunidad yokot'an del municipio de Nacajuca, cuyo nombre en maya significa "lugar de búhos"— y Villahermosa. Son apenas 70 kilómetros, una hora de trayecto en camión. En términos culturales, esta distancia equivale a cruzar un continente.

Una de las ideas más interesantes del libro sostiene que las distancias cortas no generan transformaciones menores. Producen transformaciones distintas, porque permiten habitar de manera simultánea dos territorios culturales contrapuestos.

La imagen que da título a la obra posee una notable precisión poética. El edén es Tabasco, como lo bautizaron cronistas y poetas: un territorio de selva, río y naturaleza desbordada. Las mismas tierras que alimentaron a los yokot'anob llevan décadas alimentando a la industria petrolera.

La autora inscribe la migración de sus informantes dentro de una historia que comienza con los olmecas de La Venta y los mayas chontales de Comalcalco, atraviesa la conquista española, el descubrimiento del petróleo y las inundaciones cíclicas del territorio, hasta llegar a los bloqueos indígenas contra PEMEX en 2014. Esa arquitectura historiográfica demuestra que la migración femenina constituye el episodio más reciente de una desposesión secular. La lógica colonial permanece; únicamente cambian los nombres del despojo.

Entre los referentes académicos del libro aparece Lourdes Arizpe, cuyo estudio sobre las "Marías" en la Ciudad de México —publicado en 1975— mostró que la migración indígena femenina no implicaba una ruptura con la comunidad de origen, sino una estrategia de supervivencia material y simbólica. Crystiam Estrada confirma esa hipótesis en el sureste mexicano, apoyándose en teorías sobre territorio e identidad, subjetividad femenina y representaciones sociales.

La paradoja que documenta el libro es la misma que Poniatowska intuía en Jesusa. Estas mujeres migran para sostener su identidad, no para abandonarla. Trabajan en la ciudad y envían dinero a sus familias en la comunidad. Regresan los fines de semana. Son ellas quienes sostienen económicamente hogares donde el proveedor tradicional —el padre— ha visto sus tierras inutilizadas por la contaminación de los mantos freáticos o arrasadas por las inundaciones.

El método es también una declaración teórica. La investigación se construye a partir de entrevistas e historias de vida, y transmite una urgencia que rebasa el rigor académico. Hay libros que se investigan y otros que, además, necesitan escribirse. Este pertenece a ambas categorías.

«Mujeres indígenas, viajeras del Edén» es, en conclusión, una obra valiosa por la atención que presta a un rincón específico del sureste mexicano y a estas mujeres que cargan el peso silencioso de cruzar la frontera entre dos mundos separados por pocos kilómetros en el mapa. Como Poniatowska en aquel lavadero donde escuchó la historia de vida de Jesusa Palancares, Estrada ha sabido escuchar una historia que México lleva siglos sin oír.

  • La obra puede descargarse gratuitamente en el repositorio de publicaciones culturales de la UJAT.