En América Latina los años setenta del siglo pasado fueron la época del florecimiento de las dictaduras militares llegadas a través de golpes de Estado. Aunque en Nicaragua de 1934 a 1978, gobernó la familia Somoza, y en Paraguay de 1954 a 1989 Alfredo Stroessner estuvo al frente de una junta militar fascista, los golpes militares en América Latina empezaron en 1964 en Brasil con Castelo Branco en contra del gobierno democrático de Joao Goulart, utilizando un argumento que hasta la fecha, de manera lamentable, sigue vigente en el continente: "Salvar a la patria del comunismo".
Con esta acción empezó la transición del militarismo fascista a la práctica del golpe de Estado de corte fascista por parte de las fuerzas armadas más retrógradas y pro imperialistas. No hay que olvidar que en esa época el mundo estaba inmerso en la Guerra Fría, a la cual, azuzados y conducidos por los Estados Unidos, algunos países de América Latina se incrustaron, entre otras prácticas, a través de colocar en el poder político a militares afines.
A este proceso de transición del militarismo fascista a los golpes de Estado de corte fascista por parte de los militares, Felipe Victoriano Serrano en el texto "Estado, golpes de Estado y militarización en América Latina: una reflexión histórico político", lo ubica históricamente: "El golpe al Estado representa el último acto contra el Estado latinoamericano".
Esta forma de acceder, tener, controlar y ejercer el poder dentro de un Estado-Nación, además de la represión física y legal en contra de la población, trajo como consecuencia la imposición a sangre y fuego de una política económica que prefiguraba la posterior instauración del neoliberalismo, y todo lo que con él llega: privatización, desregulación, descentralización y liberalización del mercado, por nombrar unos pocos conceptos que lo caracterizan.
Este ejercicio autoritario, violento, ilegal y nada ético, se instaló por la fuerza de las fuerzas armadas en varios palacios de gobierno de América Latina. En Uruguay de 1973 a 1984 con un autogolpe de Estado se mantuvo Juan María Bordaberry. En Chile de 1973 a 1990 gobernó Pinochet. En Argentina empezó en 1976 y terminó en 1983 con Videla al frente de la junta militar. En Perú en 1975, el llamado Tacnazo encabezado por el general Francisco Morales Bermúdez quitó a Juan Velasco Alvarado del gobierno. Y Bolivia también cayó en esta aberración en 1971 con Hugo Banzer como el militar más vil y visible. Estos y otros dictadores se colaron a la Historia más nefasta y negra de cada Nación latinoamericana, persiguiendo, reprimiendo, asesinando y lanzando al exilio a gran parte de los cuadros políticos, académicos y sindicales de esos países.
Pero eso fue hace medio siglo, y a pesar del paso del tiempo transcurrido, hoy en la tercera década del siglo XXI, el fascismo vuelve a estar asentado en los palacios de gobierno de varios países de América Latina, con muchas coincidencias pero también con diferencias respecto a sus antecesores.
Entre las coincidencias están la lucha en contra del comunismo, la dependencia a Estados Unidos, las prácticas autoritarias de gobierno, el continuar con los dictados del neoliberalismo, entre otras muchas.
Respecto a las diferencias se encuentran fundamentalmente dos: 1.- su acceso al poder; y 2.- el perfil de quienes los encabezan. En las anteriores dictaduras fascistas su acceso al poder fue a través de golpes de Estado en contra de gobiernos democráticos legítimamente electos mediante el voto popular. Golpes de Estado efectuados por las fuerzas armadas. En las actuales dictaduras fascistas su clase gobernante llegó al poder mediante procesos electorales medianamente democráticos, y quienes las conducen son civiles.
Aunque existan estas diferencias, en la realidad los actuales dictadores vestidos de traje e investidos en presidentes de la república, son igual de perversos, autoritarios, intolerantes y violentos, que sus viejos modelos a seguir: los dictadores vestidos de uniforme color verde olivo. ¿O qué diferencias de fondo existen entre Milei, Bukele, Novoa y Kast, por ejemplo, respecto a Videla y Pinochet?
Lo que sí es cierto es que si la transición del militarismo fascista a los golpes de Estado de corte militar fascista, significó, como lo asentó Felipe Victoriano Serrano, "el último acto contra el Estado latinoamericano", la transición de los golpes de Estado de corte fascistas al acceso al poder políticos por parte de civiles fascistas mediante procesos electorales, mostró que existe otro "acto contra el Estado latinoamericano": el "Escudo de las Américas", encabezado por el fascista Donald Trump y conformado con los presidentes fascistas que hay en América Latina.
POSTDATA.- Por fortuna, el antifascismo está activo. En marzo de este 2026, en Porto Alegre, Brasil, se llevó a cabo la Primera "Conferencia Internacional Antifascista" por la Soberanía de los Pueblos; y en México se conformó la "Liga Cultural Antifascista". Ambas acciones a las que hay que apoyar y sumarse.