La presidenta Claudia Sheinbaum Pardo celebró con entusiasmo la aprobación unánime en el Senado de la República de la reforma constitucional que reduce gradualmente la jornada laboral semanal de 48 a 40 horas.
Este hito legislativo, impulsado por su administración, representa el cumplimiento de una demanda histórica de los trabajadores mexicanos, que data de décadas de lucha sindical por condiciones más justas y humanas.
Durante su conferencia matutina "La Mañanera del Pueblo", Sheinbaum destacó que esta medida no solo alivia la carga laboral acumulada desde la Constitución de 1917, sino que se implementa mediante un acuerdo equilibrado entre sindicatos y empleadores, preservando los ingresos de millones de asalariados.
Sheinbaum enfatizó la gradualidad del proceso para evitar disrupciones económicas: el cambio iniciará en 2027 con una reducción de dos horas anuales, hasta alcanzar las 40 horas semanales en 2030.
Explicó la mandataria. Esta transición paulatina —dos horas menos en 2027, otras dos en 2028, dos más en 2029, y el pleno efecto en 2030— permite a las empresas adaptarse, contratar personal adicional si es necesario y ajustar operaciones sin costos abruptos.
Al mismo tiempo, se garantiza que los salarios permanezcan intactos, es decir, los trabajadores recibirán el mismo sueldo por menos tiempo de esfuerzo, lo que equivale a un aumento efectivo en el valor por hora laborada.
ACUERDO TRIPARTITO Y GARANTÍAS SALARIALESEl pacto alcanzado entre representantes obreros, empresarios y el gobierno federal subraya el consenso alcanzado en comisiones del Senado, donde se obtuvieron 121 votos a favor sin modificaciones a la iniciativa presidencial.
Sheinbaum resaltó que esta reforma va de la mano con el incremento al salario mínimo anunciado para este año, impulsando el poder adquisitivo de la clase trabajadora.
Afirmó. Esta combinación fortalece la economía interna al fomentar el consumo, reducir el estrés laboral y mejorar la productividad, alineándose con estándares internacionales como los de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), que promueve las 40 horas como norma global.
La mandataria también mencionó implícitamente el esquema de descanso: por cada seis días de trabajo, los empleados disfrutarán al menos de un día completo con goce de salario íntegro, aunque organizaciones civiles y oposición han criticado la ausencia explícita de dos días obligatorios de fin de semana.
No obstante, la reforma amplía las horas extras permitidas de 9 a 12 semanales —distribuidas en hasta cuatro horas diarias durante cuatro días, pagadas al doble—, ofreciendo flexibilidad a sectores intensivos como manufactura y servicios.
- Esto mitiga preocupaciones empresariales sobre sobrecostos, especialmente para micro, pequeñas y medianas empresas (mipymes), que representan el grueso del empleo en México.
Esta victoria legislativa beneficia directamente a unos 13.5 millones de trabajadores formales, posicionando a México como el tercer país latinoamericano en adoptar las 40 horas, tras Ecuador y Chile.
Sheinbaum lo presentó como un avance en la justicia social de la Cuarta Transformación, corrigiendo un rezago centenario que mantenía al país entre los de mayor carga horaria mundial, sin correlación con mayor productividad.
Al mantener salarios y sumar aumentos mínimos —que han superado el 20% anual en administraciones previas—, se proyecta un círculo virtuoso: más tiempo libre para familia, educación y salud, menor rotación laboral y mayor inversión.
- La aprobación en lo general y particular, con mayoría calificada para reformar el Artículo 123 constitucional, envía el proyecto a la Cámara de Diputados para su ratificación final.
Críticas de PAN, PRI y Movimiento Ciudadano señalan "justicia a medias" por no acelerar el proceso ni asegurar dos días de descanso, pero el consenso unánime refleja madurez política.
Sheinbaum cerró subrayando:
Este logro no solo dignifica el trabajo, sino que moderniza la legislación laboral mexicana para el siglo XXI, impulsando bienestar colectivo sin sacrificar competitividad.