El tabasqueño que entrevistó a Hitler

Describió los rasgos físicos y emocionales del Führer y llamó la atención de autoridades inglesas y norteamericanas

Verano de 1939. Europa se encuentra al borde de la Segunda Guerra Mundial. Adolf Hitler ha sepultado el Tratado de Versalles en cuestión de tres años. Sus victorias diplomáticas en el Sarre y el Anschluss, primero, y la cesión de los Sudetes y el corredor de Danzig, después, preceden a su Blitzkrieg que se ciñe ya sobre el cielo de Polonia, no sin antes amarrarle las manos a Stalin con el pacto Molotov-Ribentropp de finales de agosto de ese año. Sus elucubraciones fanáticas contenidas en Mein Kampf se hacían realidad. Su sueño de establecer un Reich de mil años descansaba en la eficacia y el factor sorpresa de la Wehrmacht y de la Luftwaffe. Toda Europa crujía bajo el poderío de la svástica.

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EL JOVEN PERIODISTA

Esos acontecimientos llamaron la atención del periodista José Pagés Llergo, el joven director de la Revista Hoy, uno de los semanarios más influyentes y leídos de mediados del siglo XX. Pagés traía el periodismo en la sangre. Desde 1924, cuando gana un concurso de cuentos infantiles convocado por el diario El Demócrata, en donde llegaría a ser auxiliar de oficina, hasta su muerte en 1989, siendo Director Fundador de la Revista Siempre, el Jefe Pagés mantuvo una línea de periodismo crítico, analítico, de respeto y ampliamente propositivo, donde convergieron las plumas más brillantes de su tiempo. Dentro de los círculos políticos del viejo régimen, era un hombre temido y respetado.  Contrario a Carlos Denegri, Pagés mantenía una autoridad moral inalterable y a prueba de cañonazos millonarios. 

El Güero Pagés, nacido en Villahermosa en 1910, en la misma calle donde 50 años después se le impondría su nombre, decide cruzar el Atlántico, en 1939, para realizar una serie de entrevistas a las personalidades que en Europa estaban haciendo historia. Eran los tiempos donde el Viejo Continente se bamboleaba ante los aires infernales del fascismo, con su tremenda maquinaria paramilitar y su férrea organización de masas. Iba a llegar, sin pensarlo, ni imaginarlo, al epicentro de una corriente de odio hacia los judíos. 

Benito Mussolini y el Papa Pio XII, en Roma y Emil Hácha, el tambaleante Presidente de Checoslovaquia constituyeron sus primeros acercamientos para conocer una realidad que se tornaba hostil con el correr de las semanas. Pero no era suficiente. 

Nada es suficiente para quien tiene como divisa romper las fronteras de lo aparentemente imposible. Hacía falta algo. Hacía falta la entrevista o por lo menos, el acercamiento con el personaje que estaba a punto de desatar lo que el Presidente Roosevelt llamó la "guerra innecesaria". 

CARA A CARA CON EL FÜHRER

Llegar al Führer, no fue nada fácil. Antes de su acreditación, Pagés lo persiguió en Múnich y en Viena. Fue a Berchtesgaden y a Danzig, sin obtener respuesta. 

Esa capacidad de persistencia (otros la llaman necedad), ese ímpetu que no conoce fronteras, no le llevó de inmediato al personaje que buscaba, pero sí a Harald Zuhlsdorff, el brazo derecho de Joseph Goebbels, el Ministro de Propaganda. Después de una serie de encuentros en las oficinas del Ministerio, el Dr. Harald acuerda con Pagés otorgarle un asiento en la segunda fila de los palcos del Reichstag, para ser testigo de la Declaración de Guerra a Polonia, el 1 de septiembre de 1939.  Con fecha 4 de octubre de 1939, le fue expedida su acreditación y al día siguiente, ya estaba en Varsovia, esperando al Führer.

"¿Pagés? ¿Pagés Llergo? He oído ese nombre antes", fueron las primeras palabras de Hitler quien quedó impresionado que un periodista mexicano quisiera entrevistarlo. Mira al mexicano de pies a cabeza y clava su mirada sobre él; una mirada profunda, escrutadora del alma humana.  

El Güero Pagés recogió las expresiones de Hitler en torno al desastre de Polonia, donde "culpó a los estadistas provocadores de guerras" y el resultado de "convertir ciudades en campos militares". Pagés le explica la actitud de la América española; la política de Estados Unidos en el cónclave de Panamá; la decisión de Franco de permanecer neutral. 

Hitler asiente, pero no le responde. Se encuentra extasiado. Quiere más "Lebensraum" y no se detendrá ante ello. El Führer se despide de Pagés con el saludo nazi y regresa a Berlín. 

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REACCIONES EN MÉXICO

El Chelo Pagés fue el único corresponsal de guerra extranjero presente en el Reichstag y el hispanoamericano al que se le permitió permanecer en Polonia. La entrevista a Hitler, literalmente, cayó como bomba en México. Fue publicada en la Revista Hoy, en el marco de una serie de reportajes titulado "Cinco meses bajo la esvástica". 

Pagés fue señalado de ser pronazi por su generosidad al describir los rasgos físicos y emocionales del Führer y llamó la atención de autoridades inglesas y norteamericanas, informadas por sus espías en México. Lo cierto es que esa y otras entrevistas, como la del Emperador Hirohito; la de Toyama Mitsuru, el Jefe de la Sociedad Secreta del Dragón Negro, la de Sadao Araki, el Conquistador de Manchuria, o la de Erich Koch, el Protector de Prusia Oriental, dan cuenta del gran profesionalismo y seriedad con el Jefe Pagés se tomaba su labor periodística; sin duda, un ejemplo de verticalidad, sin cortapisas, defensor de la verdad...y sin fronteras.

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