Los días francos

Una película muy cercana al metacine

Los días francos

En términos milicianos, sobre el todo, la expresión del título hace alusión a los días libres, de asueto. Aquellos en los que el trabajo, la obligación o el deber no nos están esperando.

  • De manera que esta película, muy cercana por otro lado al metacine -el cine hablando del cine- trata de alguna manera de algún tópico al respecto, y valga la generalización en virtud de la dificultad de ubicarlo en alguno de los segmentos que podrían esclarecer su naturaleza, como filme de arte, filme de género, comedia, crítica, etcétera, por lo que de manera tentativa se ubicará como una profunda reflexión acerca del cine y de algunos de los que lo hacen, o intentan hacer en este país, y que básicamente se circunscribe a una siempre naciente industria -o que nunca termina de nacer- ubicada en la Ciudad de México.
  • Si el cine nos atrapa, nos embelesa y nos maravilla al tiempo que nos divierte -las más de las veces- o nos abstrae y nos lleva de viaje, no por ello es más visible que desde siempre ha existido una capa de seres humanos para quienes no termina el viaje cuando aparecen los créditos finales y se encienden las luces de la sala de cine.

Con independencia de la situación geográfica de la exhibición, de pronto se da el caso de las personas que quisieran estar ahí, dentro de la pantalla, dentro de la historia o detrás de cámaras, interpretando a otra persona en una situación ajena.

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Y existen quienes dan el paso de cualquier manera; inscribiéndose a una escuela, acercándose a un sistema de producción o aún, a alguna persona o conocido que forme parte del ambiente y acaso pudiera introducirle de alguna manera. 

  • Tal parece ser el caso de Amanda, una mujer que está rebasando la madurez y que alguna vez participó en alguna película un tanto marginal pero que en días presentes y justo al inicio del filme, es despedida de un trabajito alimenticio de hacer infomerciales, lo que propicia que entre en caída libre hacia una debacle que nos irá mostrando los entretelones de buena parte de las personas que intentan esta profesión.

UNA CAPA MENOS SUPERFICIAL

Es destacable que aquello que pudo tener material suficiente para un drama o melodrama, nos permita adentrarnos en una capa menos superficial del subtexto gracias en buena medida a la factura un poco entre el cine francés post cahiers y el cinema verité británico.

Exponer los hechos sin carga dramática más densa y sin acentuar y dejar que ciertos recursos encuentren su camino como recurso vital para un descubrimiento mayor al que supone llenar de carga moral un asunto que parece obvio. 

  • En la actitud de Amanda no parece haber más maldad que la que supone dedicarse a una actividad que por una parte, no parece tener los atributos suficientes mientras por otra tiene todas las luces rojas encendidas: están por demoler el edificio donde vive, no tiene como alimentar a su hijo, y en términos citadinos es distraída y tal parece que vino a este mundo a vacacionar, a tener los días francos, con nula atención a lo que comúnmente se conoce como responsabilidad además de sus niñas capacidades para la maternidad.
  • El mayor logro para la historia, en este sentido, es el infante; de no ser por su actitud serena, tranquila, sin acentos, sin reproches y mucho menos sin histerias, uno difícilmente podría dejar de sucumbir a la tentación de señalar con índice de fuego a esta mujer. De cierto hay algo de tristeza tal vez en él, cierto retraimiento, pero siempre toma las cosas de una manera muy neutra, muy zen, tal vez como el resto de los amigos de la actriz; el que le vive prestando dinero esperando que alguna vez acepte la idea de trabajar y el que finalmente decide hacerse cargo del infante después de meses fiándole el consumo de comestibles tal vez con el ánimo de llevarla pal monte pero nunca de una manera abierta, incisiva o grosera.

Es como si el director, el guionista el fotógrafo y tanto como el montador y el músico, nunca perdieran de vista que el mundo del cine, a pesar de todo y de todos, es un mundo maravilloso donde hay gente que encuentra el modo correcto de transitar por la vida. Easy going, pues.

  • Las loas son para Stephanie Salas, una figura que no obstante proviene de los grandes reflectores, encuentra la forma de interpretar con justicia a esta mujer. Distraída pero delicada, ya madura pero aún hermosa, liviana pero no casquivana, si bien dispuesta a hacer lo único que se le da en un momento de atrevimiento, angustia y arrojo.

El cine mexicano, más allá de las grandes luces de sus autores, parece que finalmente se arriesga y se atreve a ir más allá de las prácticas formulaicas, de las actuaciones acartonadas, de las presencias monolíticas y de las tendencias hegemónicas del capital. 

Ya no es imprudente ni una pérdida de tiempo tener confianza en él.




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