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MÉXICO
Padres en México enfrentan desafíos por desapariciones
PADRES BUSCADORES EN MÉXICO
- El reto de enfrentar las desapariciones bajo el estigma de "hacerse el fuerte" y sostener cuidados
En México hay más de 133 mil personas oficialmente desaparecidas, de acuerdo con el Registro Nacional de Personas Desaparecidas y No Localizadas. Este fenómeno golpea a miles de familias e imprime heridas profundas en la vida personal y social de quienes buscan a sus seres queridos.
Históricamente, el protagonismo en la búsqueda ha recaído en las mujeres, principalmente en las madres. Sin embargo, también hay padres, hermanos, hijos y abuelos que enfrentan la desaparición de un ser amado y se involucran en la ardua tarea de buscarlos.
Para los hombres, este camino está marcado por el mandato de aparentar entereza, hacerse "el fuerte" y enfrentar en silencio el dolor y los estragos de la ausencia.
¿POR QUÉ LOS HOMBRES SON MINORÍA EN LAS TAREAS DE BÚSQUEDA?
De acuerdo con el informe Impactos psicosociales y labores de cuidados en hombres buscadores, creado por la organización Fundar, distintos factores explican la poca presencia masculina en las búsquedas.
Por un lado, el núcleo familiar en México ha reproducido durante décadas roles de género tradicionales: los hombres como proveedores y las mujeres como responsables del hogar y los cuidados. Según la misma información, en muchos casos esto se traslada a la búsqueda, tarea considerada como una extensión del cuidado.
La desaparición de familiares en México también atraviesa a los hombres que buscan y cuidan. A esto se suma que las estadísticas indican que la mayoría de las víctimas de desaparición son varones.
- Por ende, las mujeres quedan frecuentemente a cargo, no sólo de la manutención y el cuidado de hijos, hijas, personas mayores o enfermas, sino también de la búsqueda misma.
Existen casos en los que los hombres evitan involucrarse directamente, pues consideran que no están preparados para enfrentar la posibilidad de encontrar sin vida a sus hijos o hijas. A menudo, la decisión de quién busca responde a estereotipos:
"Las mujeres son más fuertes porque llevan más calidad humana, porque son más sensibles"
Relató un padre buscador en el conversatorio que realizó Fundar.
Estos estigmas se traducen en una tendencia a atribuir, a las mujeres, una mayor capacidad para el dolor, la resistencia y la gestión emocional; a los hombres, en cambio, se les espera fuertes, proveedores y con pocas herramientas para expresar o pedir ayuda.
EL ESTIGMA DE LA FORTALEZA Y EL SILENCIO
Durante el taller de impactos psicosociales realizado por Fundar en abril de 2025, se observó una persistente resistencia de los hombres buscadores a hablar sobre sus emociones o malestares.
Abordar el impacto psicosocial se percibía como poco relevante, mostrando el peso del mandato masculino de silenciar el dolor, evitar mostrarse frágiles y centrarse en la acción y el "hacer".
"Nadie habla de cómo nos estamos consumiendo por dentro, del desgaste"; "estoy cansado de ser el fuerte; quiero llorar, quiero gritar"; "nos volvemos invisibles, nuestro sufrimiento como hombres poca gente lo sabe"
Revelaron algunos testimonios.
En contextos marcados por la violencia y el peligro, demostrar vulnerabilidad es visto como un riesgo adicional, pues "el llanto y la vulnerabilidad son signos de debilidad o fragilidad, más aún en escenarios bélicos donde los poderes criminales imponen su ley a través de la producción de masculinidades hiperviolentas".
LAS EMOCIONES COMO MOTOR Y DESAFÍO
Aunque muchos de los hombres buscadores intentan separar emoción y acción, en la práctica sus emociones son un motor poderoso que los impulsa a continuar la búsqueda. "Si estoy aquí y hago esto es por amor, es la fuerza más grande y lo que me mantiene", expresó uno de ellos.
Esta lucha interna se complejiza con sentimientos intensos de culpa. Los hombres buscadores, sobre todo padres, suelen atribuirse la "responsabilidad" de proteger a sus hijos e hijas.
"Me siento responsable por la desaparición de mi niña (...). Hemos encontrado personas con vida, otros sin vida... ¿y la mía cuándo?"
Cuenta un padre buscador.
"No estamos preparados para sepultar a nuestros hijos... yo siempre pensaba qué va a ser de mis hijos sin mí, y me tocó sepultarlos a ellos"
Añadió otro padre buscador.
La culpa y el reproche también aparecen cuando el proyecto de vida de sus hijos ha sido impulsado por los sacrificios familiares:
"A veces hasta me siento culpable porque la vida que llevábamos era de esfuerzo, y por darle una educación a mis hijos los metí en una escuela... a veces por esa parte me atormento día con día, no puedo estar en paz".
CUIDAR MIENTRAS SE BUSCA
A pesar del estigma y los estereotipos, algunos hombres han asumido un papel activo tanto en la búsqueda como en el cuidado de quienes les rodean. La desaparición desencadena en ellos no solo la urgencia de buscar, sino la necesidad de sostener emocional y materialmente a sus familias.
Los impactos psicoemocionales se entrelazan con afectaciones a la salud, al cuerpo y a la economía.
"Cuando uno busca se transforma física, mental y económicamente"
Relatan. Las enfermedades derivadas del estrés, el abandono de la propia salud ("así me voy a trabajar, porque siempre hay otras cosas más importantes que yo mismo"), y el enfrentamiento simultáneo a enfermedades graves de otros familiares, forman parte del día a día de estos padres y hermanos buscadores.
En muchos casos, cuidar no se limita al núcleo familiar.
"Nos hemos convertido en el pilar de mi mamá (...), aunque no lo noten o no lo sientan, al final son el sostén de algo o de alguien".
Los cuidados también se expresan en actos simbólicos: tatuajes, promesas de regresar a casa a los desaparecidos, o el acompañamiento hasta el último aliento de quienes mueren sin haber encontrado a sus seres queridos.
EL COSTO ECONÓMICO Y LA PRECARIEDAD
La búsqueda de familiares desaparecidos tiene un fuerte impacto económico en los hogares. Casi todos los entrevistados para el informe de Fundar señalan la presión de tener que costear traslados, alimentos, herramientas, gastos médicos y funerarios.
En ocasiones, han perdido el empleo por faltar para asistir a diligencias o marchas. Otros han tenido que vender propiedades, recurrir a préstamos o migrar al empleo informal.
"Muchos hemos perdido el empleo por estar buscando a nuestros hijos, hemos perdido salud, la vida. No estamos viviendo, estamos sobreviviendo"
Reconoce uno de los testimonios.
Por otro lado, la sobrecarga de las tareas de búsqueda y cuidados sigue recayendo mayoritariamente en las mujeres, aunque existen casos en que los hombres, por ausencia o enfermedad de otras figuras familiares, asumen también labores domésticas y de cuidado en sus hogares.
RIESGOS Y RESISTENCIAS COLECTIVAS
El trabajo de búsqueda coloca a los hombres en contacto permanente con el peligro: intimidaciones, amenazas, desplazamiento forzado y, en el peor de los casos, asesinato.
Los hombres buscadores aparecen como una minoría dentro de los colectivos de búsqueda. Tristemente, decenas de buscadores hombres han sido desaparecidos o asesinados en su labor, tal como lo documenta Fundar en su anexo dedicado a la memoria de quienes han partido de este mundo sin encontrar a sus tesoros.
Pese a todo, los colectivos de buscadores encuentran en la acción colectiva, la horizontalidad y el apoyo mutuo claves para sobrellevar el dolor y resistir el abandono estatal.
"Sanamos dolores mutuamente, cuidados compartidos, somos elementos"
Dicen. Reconocen la importancia de compartir saberes, aprendizajes y estrategias para que otros no lleguen "tan lastimados".
La solidaridad, las redes entre compañeros de lucha y la memoria de quienes les precedieron son punta de lanza en su proceso de sanación.
HACIA UN MODELO DE CUIDADOS PARA QUIENES BUSCAN
El informe de Fundar concluye que la experiencia de los hombres buscadores sigue siendo poco visibilizada y requiere atención urgente. El mandato del "deber ser fuerte" tiende a minimizar su dolor, invisibilizar sus necesidades y los conduce a enfrentar en soledad los efectos biopsicosociales de la violencia extrema que padecen.
Para lograr una búsqueda y un proceso de cuidado más justo, equitativo y sostenible, es necesario construir políticas públicas de atención diferenciada y sistemas de cuidado que no recaigan exclusivamente en las familias, y menos aún en un solo género.
"Cuidar a quienes cuidan es un deber que involucra a todas las personas. Ninguna persona buscadora debería estar expuesta al descuido y la vulnerabilidad en condiciones socioeconómicas adversas, haciendo frente a violencias, daños y riesgos ante la injusticia"
Señala la investigación.
En esta lucha colectiva, ser reconocidos como sujetos políticos, emocionales y como cuidadores es indispensable para defender la vida y la dignidad, transformando tanto las relaciones personales como los marcos institucionales que acompañan —o abandonan— a quienes buscan en México.


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