OPINIÓN

Agenda Ciudadana
15/05/2026

La suspensión del ciclo escolar

El anuncio del acortamiento del ciclo escolar, las protestas, así como las decisiones gubernamentales que le sucedieron mostraron dos dimensiones del proceder del equipo gobernante. En primer lugar, la actuación política de los actores involucrados. En segundo, la estrategia comunicativa empleada para dar por concluido el episodio. Asimismo, exhiben el escaso compromiso profesional del secretario, que se derivan de su desconocimiento del campo que administra y de su orientación más ideológica que profesional. 

Contrariamente a como se supuso inicialmente, el anuncio sobre la suspensión temprana del ciclo escolar no fue producto de una ocurrencia de Mario Delgado, sino de un acuerdo alcanzado en una sesión del Consejo Nacional de Autoridades Educativas (CONAEDU), realizado 7 de mayo a la que asistieron, según diversas fuentes, los 32 secretarios de Educación del país. Aunque el orden del día no está disponible, los comunicados posteriores indican que la revisión del calendario escolar, el impacto de la ola de calor sobre los estudiantes y consideraciones logísticas relacionadas con el Mundial fueron temas centrales del encuentro. 

En virtud de que el organismo funciona como espacio de coordinación entre la Federación y los estados y para la  discusión de políticas educativas y opera, además, para alcanzar acuerdos operativos, debe suponerse que la agenda es conocida en la oficina de la presidencia. Días antes había circulado información según la cual, maestros afiliados a la Coordinadora realizarían marchas durante la celebración de la Copa del Mundo para exigir mejoras laborales y protestar por la creciente gentrificación de la Ciudad de México.

De esa manera, adquieren sentido las interpretaciones que otorgaron intenciones políticas a la decisión; adelantadas las vacaciones, los profesores quejosos habrían quedado desmovilizados. La inmediata respuesta de padres de familia y su acompañamiento crítico por parte de medios de comunicación y redes sociales condujeron a la presidenta a apaciguar los ánimos declarando que sólo se trataba de una propuesta.  

Sin embargo, la reacción del secretario creó confusión. Si el tema había sido tratado con la presidenta, era claro que su declaración matutina estaba orientada a detener, así fuera momentáneamente, la decisión. Fue entonces cuando surgieron versiones de que Clara Brugada y Mario Delgado habían trabajado el proyecto. Finalmente, la decisión fue contundente y se dio a conocer por boca del mismo secretario. ¿Falta de comunicación dentro del equipo de la presidenta? O, en el peor de los casos, ¿fricciones internas? Las voces más críticas apuestan por esto último.

Mario Delgado hubo de llamar a sesión extraordinaria del mismo Consejo para dar marcha atrás a la decisión, para luego, con la presencia de todos los secretarios estatales del ramo y en televisión abierta, leer un texto cuyo contenido —que bien podría haber sido escrito en la oficina presidencial— contradecía abiertamente el discurso con el que había defendido, de manera por demás honesta, la decisión del cierre. Hay quienes sostienen que hicieron pagar así un juego sucio, acordado con actores no cercanos a la presidenta. Hay otras voces que indican que Mario fue tal vez víctima de un plan para hacerlo ver mal y precipitar su salida de la secretaría. No es novedad que su nombre ha aparecido vinculado al huachicol fiscal no solamente en México, sino principalmente en Estados Unidos. Nombres han circulado, ya, de posibles sustitutos. Como sea, la lectura del anuncio según el cual el calendario se mantiene apegado a su versión original significó una humillación para el todavía secretario.

Pero si bien el daño que sufrió Mario Delgado —tanto en la operación del proyecto como en la comunicación de su cancelación— no es atribuible solamente a él, sino a la dinámica de poder en la que decidió participar, las declaraciones que hizo durante el video en el que justificó la terminación temprana del ciclo escolar sí lo hacen merecedor de un reproche por su ética profesional. 

¿Cómo es posible que un secretario de Educación confiese que a partir de la entrega de calificaciones finales las aulas escolares devienen en espacio de pasatiempo para los alumnos, claustros de tortura administrativa para los profesores y guarderías para los padres? ¿Qué no le corresponde a él ocuparse de poner en la mesa de debates de ese Consejo la necesidad de revisar los calendarios para convertirlos en verdaderas temporadas de aprendizaje serio y profundo? ¿Cómo es posible que el secretario de Educación sepa que durante años los alumnos han perdido el tiempo durante el último mes de clases y lo consienta? Sobre todo, cuando en los últimos años los reportes de las calificadoras internacionales en la materia han consignado el desplome del aprovechamiento de nuestros niños en las áreas de español, matemáticas y ciencia, áreas primordiales en materia del conocimiento.

Como en la mayoría de las instituciones gubernamentales, la conducción del Consejo ocurre en la opacidad. No hay acceso abierto a convocatorias, órdenes del día de las sesiones ni sus minutas. Sin embargo, los pocos documentos que han circulado dan cuenta de que el foco de interés en esas reuniones ha sido la llamada Nueva Escuela Mexicana, sus avances, así como la entrega de las múltiples becas escolares.

No hay evidencia alguna de que los reportes negativos de la OCDE de los últimos años hayan merecido alguna mención, siquiera. 

No hay duda, la falta de cohesión en el equipo gobernante, así como la conducción de los asuntos públicos con apego a directrices ideológicas, no profesionales y carentes de ética, complican el acontecer nacional y incrementan la inestabilidad en el grupo gobernante.  

Las opiniones aquí expresadas son responsabilidad exclusiva de sus autores, y por ello no corresponden necesariamente con las de esta casa editorial ni de su sitio web.





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