OPINIÓN

Al borde de la sepultura
20/01/2019

La reciente elección del uno de julio de 2018 en la que se votó al Presidente de México y legisladores federales con la concurrencia de 30 procesos locales, los que también renovaron autoridades de gobierno, evidenció a un sistema de partidos políticos caducos con un degradante repudio social por el recurrente fraude cuando menos en los sexenios neoliberales, al no verse representada en sus intereses de  concretar el bien común tutelado en el artículo cuatro de la constitución política mexicana.

El resultado confirmó el hartazgo absoluto por los partidos y sus actores quienes una vez elegidos durante los recientes regímenes le estafaron, por anteponer intereses facciosos al de las colectividades sociales, éstas que le cobró factura ante esa hiriente discriminación.

En respuesta 30 millones 113 mil 483 electores, el 53.19 por ciento de 56 millones 611 mil 027  -estadística del INE-, quienes ejercieron su derecho político por voluntad popular, optaron por un movimiento que, liderado por quien hoy ejerce la primera magistratura del país: el presidente Andrés Manuel López Obrador, se impuso además en la generalidad de los congresos legislativos del país, incluido el de la Unión. 

Un movimiento el del de Morena, que no un partido político -reconocido por quien lo fundó-, heredero de los ideales de aquel del ancestral Movimiento Liberación Nacional emergido en agosto de 1961 para aglutinar a todas las corrientes de izquierda, impulsado por Heriberto Jara, al cual inclusive se adhirió el ex presidente Lázaro Cárdenas del Río; en una pugna por reivindicar la soberanía nacional, la emancipación económica, la solidaridad, la democracia y la paz, vigentes igual transgredidas en el pasado reciente.

Las recientes votaciones implicaron el término de un modelo de sistema plural de partidos políticos condensado en agosto de 1977 por Jesús Reyes Heroles en su calidad de presidente de la Comisión Federal Electoral, emanado de las audiencias públicas en las cuales también participaron organizaciones y ciudadanos para la definición de una reforma política que sentó las bases en el propósito común de las expresiones ideológicas de aspiración por acceder a la gobernanza.

El resultado de esa concatenación de propuestas le dio cuerpo a la que se conoció como Ley Federal de Organizaciones Políticas y Procesos Electorales (LOPPE) que pretendió "...alentar la incorporación de todas las potencialidades políticas del país, para que las diversas fuerzas, por minoritarias que sean, participen en la realización de nuestra unidad democrática".

En la coyuntura de un régimen de gobierno que abrevió todas las crisis posibles cuando menos de los recientes 36 años discurridos, de Miguel de la Madrid Hurtado a Enrique Peña Nieto, sentenció el acta de defunción de ese modelo democratizador en donde los partidos fueron derrotados de una manera aplastante y ridícula por ese movimiento que capitalizó el "mal humor" social.

En su imaginario el tridente ideológico que predominó la ruta del país entre el PRI, Acción Nacional y PRD, y sus correspondientes partidos coaligados no pudieron tener la capacidad de reinventarse en el tránsito de un esquema retórico de comunicación a otro que en los hechos fuese convincente para el electorado al pretender venderle la narrativa a un cambio en la formula administrativa de gobernar.

Negados a ver el alud del desprecio de la voluntad popular que les sepultó, la partidocracia ni siquiera tuvo el respaldo de ese segmento al que se denomina como el voto duro, el de su militancia y simpatizantes quienes hicieron a un lado la lealtad.

Un dar la espalda a las fuerzas hasta ese momento dominantes en la repartición del pastel, al grado de verse disminuida en su arrogancia a la presencia injerencista en la geopolítica de la gobernanza ejecutiva y legislativa, reducidas a una minoría sin precedente que en lo individual aun unida no pasan de ser representar un simbolismo, excepto Acción Nacional que logró sostener la mitad de sus posiciones anteriores como para mantener en una lejana segunda fuerza.

Intensiones perniciosas

Ahora que se abrió el proceso entre la notificación y conformación para constituir nuevos partidos políticos, este enero inmediato al de la celebración de la elección de Presidente y gubernaturas en los estados, habría que hacerse un análisis de conciencia si tiene sentido alguno el interés de las organizaciones civiles cuando el repudio social es generalizado.

Esto explica las razones por las cuales los veracruzanos, tabasqueños, chiapanecos, en el sur sureste del país, además de Ciudad de México y Morelos, optaron por la alternancia al otorgarle la confianza al movimiento encapuchado en la figura de un partido político como Morena. Así se autoproclaman sus liderazgos y afines.

La ciudadanía está agraviada en un alto grado que le pagó con la misma moneda del desaire a los partido que aún subsisten, en razón de que éstos se olvidaron del esencial propósito plasmado en el artículo 41 de la constitución federal.

"Los partidos políticos tienen como fin promover la participación del pueblo en la vida democrática, contribuir a la integración de los órganos de representación política y como organizaciones de ciudadanos, hacer posible el acceso de éstos al ejercicio del poder público, de acuerdo con los programas, principios e ideas que postulan".

En los hechos, sin embargo, sin feudos que obedecen al interés de un personaje y/o una facción identificados, quienes contrario al precepto constitucional pretende tener provecho suyos, El gobierno es un trampolín.

Bitácora

En la proximidad de las elecciones este dos de junio, Acción Nacional tendrá el desafío de refrendar entre otras posiciones la gubernatura de Baja California, el primer estado que ganó con Ernesto Ruffo Appel desde 1989 a la actualidad con Francisco "Kiko" Vega quien en su mala gestión podría cederle la estafeta a Morena, que en la presidencial punteó por mucho... Antes deberá ganarse la voluntad popular para revalidar Puebla.  

eduhdez@yahoo.com





DEJA UN COMENTARIO