OPINIÓN

Altar Mayor
30/03/2026

El "chingaquedito

"Chingaquedito" es un calificativo que suele endilgársele a quienes, algunas veces, están como el "cuchillito de palo" mofándose de alguien o sacando a relucir algún tema que pudiese generar inconformidad, incomodidad o como usted quiera descifrarlo.

Tal parece que en esa tesitura podría considerársele a los dichos provocativos del Presidente Donald Trump cuando insiste en referirse al Golfo de México como "Golfo de América" en su vano intento de modificar el nombre de esa gran porción de agua que la geografía natural nos heredó territorialmente frente a nuestras costas mexicanas.

El pasado fin de semana, el mandatario gringo –de manera socarrona-- sacó a relucir nuevamente el nombre de "Golfo de América"  pero no se imaginaba que obtendría una respuesta inmediata de la presidenta Claudia Sheinbaum.

Desde un evento público, en Zacatecas, al que asistió la mandataria mexicana ésta puso a prueba la actitud de los mexicanos ante los comentarios burlones del Presidente Trump: La respuesta fue  inmediata, cargada de patriotismo y simbolismo nacional, cuando ante la concurrencia Sheinbaum lanzó la pregunta, "¿Cómo se llama el Golfo?"  y la exclamación fue inmediata, ¡de Méxicooooo!".

Todo se derivó de las declaraciones de Trump –en un foro en Miami--, donde defendió el cambio de nombre, y recordó una supuesta conversación telefónica con la mandataria mexicana.

"Diría que México no estuvo encantado (con el cambio de nombre), expresó el mandatario yanqui; "pero lo anuncié y dije que de ahora en adelante, el Golfo de México pasaría a llamarse Golfo de América. Tomó alrededor de una hora, y quedó listo", afirmó.

En ese mismo relato, el presidente estadounidense añadió detalles sobre la supuesta llamada: 

"La presidenta (Sheinbaum) me llamó. Es una persona realmente agradable, me cae muy bien. Me llamó por teléfono. Es una mujer muy elegante. Tiene una voz hermosa, hermosa. Me dijo: ´presidente, presidente, dígame, esto no es cierto, ¿verdad?´. Y yo le dije: ´No, no. Sí es cierto´".

Estas declaraciones, que mezclan narrativa política con un tono burlón, generaron reacciones tanto en México como en el ámbito internacional.

Y el fin de semana, desde Zacatecas, la presidenta Sheinbaum optó por una respuesta que combinó claridad y diplomacia. En su mensaje, dejó en claro que la relación bilateral no está en disputa, pero sí la defensa de la identidad territorial.

"Y no es conflicto ni mucho menos, ni queremos nosotros ningún problema con el gobierno de Estados Unidos. Somos socios. Queremos a nuestros hermanos que viven allá, los defendemos, pero ayer otra vez dijeron que el Golfo se llamaba Golfo de América".

La estrategia fue clara: reafirmar la postura de México sin romper el tono institucional. Al mismo tiempo, el recurso de involucrar al público reforzó el mensaje como una expresión colectiva, no solo gubernamental.

Que quede claro, pareció decirle Sheinbaum, a Trump, el nombre oficial del Golfo, es de México.

Y conste que más allá del debate político, el nombre Golfo de México tiene respaldo internacional. Organismos como la Organización Hidrográfica Internacional son los encargados de establecer la nomenclatura oficial de mares y océanos. Y hasta ahora, no existe ningún reconocimiento formal al cambio propuesto por Trump. Esto significa que, en términos legales y geográficos, la denominación se mantiene intacta.

Adicional a ello hay que observar que el Golfo es una región compartida por varios países, lo que limita la capacidad de una sola nación para modificar su nombre de manera unilateral.

Y hay quienes ven que estos episodios, van más allá de una simple discusión sobre geografía. Refleja dos estilos de comunicación política: uno que recurre a la provocación mediática e insolente y otro que responde desde la institucionalidad y el respeto. ([email protected])





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