OPINIÓN

AMLO, el amigo que ha hecho un montón de cosas por Tabasco
18/12/2019

Creen que de tanto repetirlo se va a convertir en un paradigma asumido por todos los tabasqueños. Hay unos cuantos, y unas cuantas, que aseguran que el Presidente, Tabasqueño, Andrés Manuel López Obrador, no está haciendo nada por su tierra y que fuera de un lejano beneficio de la refinería de Dos Bocas, poco o nada ha hecho por su tierra. Y eso no es que falte a la verdad, es que es literalmente mentira. El propio Gobernador, Adán Augusto López, siempre que puede, pone los datos sobre la mesa para demostrar cual es la realidad y las ventajas de que el Presidente sea choco. AMLO no ha dejado de estar pendiente de su tierra. Por lo pronto la obra pública de este año que hoy termina ascendió a más de 900 millones de lo previsto en el presupuesto y el empleo ya ha dado un estirón al registrar más de 9 mil nuevos puestos de trabajo en el presente año, cuando el año 2018, por estas fechas, el saldo era absolutamente negativo. Lo mejor está por venir en el año que está a punto de entrar y que será cuando comiencen a consolidarse las inversiones que, fruto de la recuperación de las estructuras administrativas del gobierno de AALH, que permitieron una austeridad muy deseada desde hace décadas, serán el motor de arranque de un futuro prometedor para el estado. El Presidente AMLO no ha dejado de visitar a Tabasco, prácticamente todos los meses, y en cada visita va dejando su huella con programas de todo tipo, especialmente el de Sembrando Vida, del que se benefician decenas de tabasqueños de las comunidades que hasta ahora solo podían “tristear” en sus municipios, sin esperanza alguna de progreso ni bienestar. Claro que ha hecho muchísimas cosas el Presidente López Obrador por Tabasco. Y lo mejor es todas las que quedan por hacer. Cuando una persona visita con asiduidad a una familia, y siempre es bienvenido, es porque es un amigo de la familia. Aristóteles muestra que en política hay algo más esencial que el poder, algo que se presta mejor a ser compartido, y que de hecho solo se da en la medida en que se comparte: la amistad política. La amistad política es un bien común, algo comunicable y efectivamente comunicado, y hace posible la comunidad humana, la polis, que es el bien humano más esencial. ¿Qué puede haber común a los seres humanos, no solo que neutralice el egoísmo narcisista, sino que pueda servir de nexo entre ellos? ¿Cómo se puede compartir el bien? Nos es familiar la idea de que la tarea de un político, aunque pueda tener algo que ver con las palabras, es “algo más que palabras”. A la hora de evaluar la gestión de un gobernante solemos fijarnos en otras cosas: “hechos, no palabras”. Los amigos no lo son solo porque están a gusto juntos; quizá también por eso, pero sobre todo porque tienen intereses comunes acerca de los cuales buscan hablar, compartirlos en la conversación. Como mejor lo pasan es discutiendo sobre lo que les interesa. En su célebre novela El principito, Antoine de Saint-Exupéry sugiere esta interesante observación: dos personas no son amigas porque se miran mutuamente, sino porque miran ambas en la misma dirección. Al interesarme por algo, y comprobar que en ese interés mío estoy acompañado por otra persona, eso me une mucho a ella.




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