OPINIÓN

Avanzamos Hacia el Desastre
23/04/2021

Por si no tuviéramos suficientes escándalos y hechos de los cuales avergonzarnos, David Monreal, candidato de Morena a la gubernatura de Zacatecas, ha dado mucho de qué hablar en estos días, gracias a que la viralidad de un video ha exhibido la forma en la que toca el trasero de una compañera de partido, Rocío Moreno, candidata para la presidencia municipal de Juchipila, en plena campaña por ese lugar.  El hecho, por supuesto, no ha dejado de ser aprovechado por sus contrincantes por lo que han revivido los señalamientos contra Salgado Macedonio y han exigido la renuncia como candidato del hermano del presidente del partido en el poder.  David negó categóricamente el hecho en entrevista en el programa de Ciro Gómez Leyva y, recurriendo a la ya muy conocida táctica de tratar de conducir la conversación hacia otros temas lejanos e irrelevantes, se victimizó.  Acusó a sus enemigos políticos de manipular el video para desprestigiarlo.  Dos asuntos merecen especial atención respecto de este lamentable hecho.

Primero, la cínica negación de Monreal.  Lo menos que podría esperarse de alguien a quien un video muestra cometiendo un acto de suma bajeza es una disculpa pública.  Monreal no sólo no se disculpó sino que negó fehacientemente el hecho, a pesar de que hay evidencias de que el video no ha sido alterado.  La primera, la mujer agredida reacciona, sorprendida, llevándose las manos a la parte tocada.  La segunda, ella misma, a pesar de la “disciplina partidaria”, no niega el abuso; repite el discurso de victimización política empleado por su agresor.  No por común, debemos restarle importancia a este hecho.  Hoy en día, el grado de desfachatez de nuestros políticos es alarmante.  Niegan con descaro hechos y actos a sabiendas de que sus conductas carecerán de consecuencias negativas para ellos.  Recordemos la penosa admisión de corrupción de Alfredo Adame que se escuchó por todos lados y la más lamentable explicación con la que pretendió restarle importancia.  Esto es grave.  La política de nuestro país ha alcanzado niveles innombrables, pero la degradación ha sido tan constante y paulatina que no la registramos. Pero no nos engañemos: avanzamos, sin detenernos hacia el desastre, sin la menor intención y sin el menor deseo siquiera, de tratar de hacerlo. 

El segundo, más grave, la persistencia y reproducción del abuso.  Si algún tema ha ganado presencia en la agenda pública en los últimos años, es el del acoso que sufren permanentemente, en todo lugar, a toda hora, las mujeres mexicanas.  Y si en algún tema hemos avanzado de manera inversamente proporcional a la atención que ha recibido, es éste precisamente.  Datos sobre el hecho no son abundantes ni fáciles de hallar.  El INEGI incluyó por primera vez preguntas sobre el acoso en espacios públicos en su Encuesta Nacional de Seguridad Pública Urbana, en diciembre de 2019 y encontró que 27.4% de las mujeres encuestadas admitieron haber sido víctimas de algún tipo de abuso en lugares públicos.  Datos producidos por otras investigaciones nos muestran que el 70% de las mujeres que emplearon el transporte público en la Ciudad de México en 2018 afirmaron haber sido víctimas de violencia de género.  No sorprende, pues en la red es fácil hallar videos en los que se observa que mujeres que viajan solas son acosadas de manera descarada sin recibir ayuda a pesar de solicitarla explícitamente.  Los viajeros hombres proceden como si nada ocurriera.  En ocasiones, otras mujeres, mayores, culpan a la víctima por su vestimenta.  “El acoso empieza en nuestras cabezas” declaró en una ocasión una de las cuatro mujeres que en 2016 produjeron un video que subieron a YouTube con el título “Las Morras Enfrentan a sus Acosadores”. Se refería a que cuando están eligiendo sus prendas para salir de casa, inconscientemente empiezan a pensar en las cosas que la elección de atuendo las conducirá a escuchar.  El proyecto consistió en que dos de ellas caminaron por las calles de la Ciudad de México y las otras dos grabaron su trayectoria.  En el video quedaron registrados múltiples y variadas expresiones con diferentes grados de agresividad, expresadas pretendidamente como “piropos”.    Pero la carga más ofensiva contra ellas ocurrió después de que el video fue subido a redes.  Recibieron insultos e incluso, amenazas de muerte.  

De esa manera, resulta perfectamente entendible la declaración que alguna vez hiciera la activista feminista colombiana Catalina Ruiz Navarro.  “La manera en que nosotras habitamos el espacio es de permanente autodefensa”, dijo.  Catalina organizó en 2016 una campaña tuitera con el hashtag #MiPrimerAcoso que trascendió las fronteras de su país y se extendió por toda América Latina. En México, a las pocas horas de iniciada la campaña, cerca de 700 mil mujeres ya habían denunciado sus primeros acosos.  Hubo denuncias de acosos a edades tan tempranas como los 7, 8 u once años. Fueron acosadas en la calle, en el transporte público e incluso en sus propias casas, por desconocidos y hasta por parientes cercanos.  La motivación de esa campaña fue romper el silencio porque Catalina Ruiz afirma que “ni siquiera nosotras tenemos la dimensión de las vidas tan violentas que llevamos; para sobrevivir, muchas veces bloqueamos estas experiencias, decimos que no fue nada, que no pasó nada, porque contarlo es problemático”.

No hay esperanzas de que esto vaya a cambiar pronto.  Los políticos, los que deberían promover políticas públicas orientadas a detener esta brutalidad son abusadores, cínicos por lo demás. En países más desarrollados, videos como el de Monreal y audios como el de Adame habrían significado el fin de las carreras políticas de los infractores.  En México, no. Monreal será gobernador; Adame, diputado.  Avanzamos, pues, hacia el desastre.  




DEJA UN COMENTARIO